La Transfiguración

«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»


-«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición.»

Desde aquellas tierras de Ur, Dios llama a Abrán, le pide algo extraordinario y le promete algo desproporcionado. Le promete la paternidad de un pueblo, un pueblo que sera bendición para las naciones. Ya podemos describir lo que viene desde Abraham: profetas, destrucción, restauración, fidelidad, e infidelidad, alianzas, advertencias, todo digno de la mas vulgar y común telenovela, entre amantes, esposos y vecinos, entre Dios, su pueblo, los ídolos y los otros pueblos. Pero todo eso tiene un garante, la promesa de la bendición de Dios, bendición que llega con la encarnación, pasa por el bautismo,  (el otro momento donde el Padre dice: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.») pero se deja VER en dos momentos, uno claro y otro oculto. La transfiguración es el lugar donde la bendición toma forma, y son testigos de ello dos de los pilares del AT, Moisés y Elias… y tres de los pilares del NT, Pedro y los hermanos del trueno, Santiago y Juan. El pueblo de Dios, desde los profetas a la Iglesia contemplan la bendición, hecha a la humanidad en la persona de Abrán.

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

>Cuando Dios da su ley en el monte a Moisés, su presencia se describe como una Nube,

24,15: Y subió Moisés al monte. La nube cubrió el monte.

24,16: La gloria de Yahveh descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días.

Cuando Dios manifiesta su gloria en la Encarnación se dice que a Maria la cubrio su sombra,

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.”

Asi en el AT la bendición que comienza con una promesa a Abrán y la gloria de Dios manifestada a Moisés con la ley, llegan a su antitipo, a su plenitud y cumplimiento, en la ley encarnada, en la Palabra de Dios que se encarna cuando la gloria de Dios cubre a Maria, la Palabra, Jesucristo, que siguiendo la voluntad del Padre, se identifica, toma el lugar de nosotros los pecadores (bautismo) y muestra su gloria en la transfiguración, gloria manifiesta junto con el Padre y el Espíritu, el cual se complace en su Hijo amado, al que Dios pide escucharle.

La otra cara oculta de la gloria de Dios, y que es a lo que apunta esta lectura en la cuaresma, es la transfiguración de cara a la cruz.. la ultima y verdadera glorificación de Dios, su sobreabundancia e inmoderación en el amor que llega al extremo, la locura y el myserium, esa numinosidad que se imponía en el hombre religioso, llega a su culmen en la cruz, plenitud del amor de Dios que engendra vida.. la resurrección, la vocación ultima del hombre pagada y ganada por Dios con su muerte..

-«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Alli, donde la antigua alianza y los profetas, entre Moisés y Elias, se une a la naciente Iglesia (Pedro, Juan, Santiago) se muestra el contenido desmesurado de la bendición prometida a Abrán.. la Gloria de Dios, mostrada en el plan infinitamente sobreabundante del Padre, el Espiritu y el Hijo que unen, “encarnan” esa (su) Gloria, en el empeño de un amor nunca antes visto o imaginado, ese amor que salva, nos salva, ese amor que hace de mi, la causa de todo esto.. de este acto de Dios en su amor, manifestado alli, donde los hombres antes tenian su silencio y perdición, en la cruz.

Carlos José Bartolomé Santos

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La Pasión de Frost

Bueno, vamos con una historia muy triste. Así dice uno de los personajes, el que cuenta la historia: «¿Sabes qué les pasó a Frost y Alma? es una historia muy triste…» Bueno, sí, claro que es triste, yo la llamé “una historia muy muy triste”, pero también se podría llamar “La pasión de Frost”, o “la vía dolorosa de Frost”, según a qué aspecto de la historia atendemos más.

Son 10 minutos casi al comienzo de “Noche de circo”, película de 1953, y cuenta esta historia uno de los miembros del circo a otro (al dueño), mientras viajan hasta la ciudad donde van a representar, es decir, que la cuenta en plan puramente anecdótico, sin darle mayor importancia.

Frost y Alma son uno de los payasos del circo y su esposa, buena mujer pero bastante tonta, por cierto. La historia triste no la cuento porque la van a ver, y en otro mensaje, si quieren, la comentamos.

Estoy tratando de extraer de otros dos cineastas dos escenas de “via dolorosa”, como para ver cómo cada uno se apropió del relato del Evangelio a su manera, interiorizándolo, y en el caso de Bergman haciéndolo algo verdaderamente íntimo y del corazón de un pobre hombre y una pobre mujer, que es lo que en definitiva somos todos.

 

 

Bergman es muy enorme, pero no vale mucho querer “disfrutarlo” entero, a manotazos, mejor quizás aproximarse un poco por aquí, otro poco por allí, 10 minutos, 5 minutos… es que en el conjunto, salvo que uno vea diez mil veces las mismas pelis, se pueden perder estas miradas fragmentarias pero muy completas en sí mismas.

Yendo ya en concreto a esta “via dolorosa”: cuando la Biblia quiere presentar el drama humano, no pinta al “hombre en general” (al inexistente “hombre en general”), sino a hombres muy concretos: mujeres, varones, chicos, primogénitos que se vuelven segundones, segundones que quedan primeros sin saber bien cómo. etc… y todo eso particularizado en un pueblo en concreto, el judío.

Precisamente por eso la Biblia se resiste a la generalización, a tal punto que cuando San Pablo quiera mostrar el alcance universal de la salvación de Jesús, no va a decir que él sufrió todo el dolor de la humanidad porque estaba salvando a la humanidad, sino por el contrario, va a decir “nacido de una mujer, nacido bajo la ley”.

No se podía decir nada más particular de aquel que estaba puesto para rescate de todos, o de “los muchos”, como -nuevamente particularizando- habla la Biblia.

Por eso es tan difícil “representar” la Pasión, porque si la contamos en particular, resulta que podemos perder de vista ese drama que es de todos, ese instante en que por segunda vez en la historia estuvimos en juego todos y todo; y si la contamos “en general”, “en esencia”, podemos perder eso tan particular y finito que tiene el lenguaje de la Biblia.

Este relato, esta “historia muy triste” creo que logra contar algo muy particular: un payaso y su señora, nada más alejado de la experiencia de todo el resto; pero a la vez dejar al descubierto algo que todos por igual hemos experimentado, y que es lo que en el fondo nos hace respirar, nos da respiro de cuando en cuando frente a la opresión general de esta vida: ocurre, en la experiencia particular de cada uno, que alguien llega a experimentar un amor sin motivo ni fundamento, amor por nada; y en esa gratuidad a la vez sentir que se da y se recibe, como en una posibilidad de intercambio que sin embargo no se fundamenta en nada previo: como Alma sale en defensa de su esposo, que sin embargo su dolor no es otro sino defenderla a ella, defenderla de sí misma, defenderla de la suciedad de las miradas que no aman sino que se limitan a ver el espectáculo.

Por supuesto, hay algunos pocos elementos que hacen pensar de manera muy inmediata en la Pasión, pero sin embargo, son muy pocos: la procesión, las caídas de Frost… no mucho más. Sólo con esos pocos elementos se nos cuenta una historia que es a la vez la de la Pasión, y la de una pasión en particular, irrepetible e igual a la de todos.

Abel

http://eltestigofiel.org/dialogo/foros.php?idm=41918

Pasaran…

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Las palabras de Dios no pasan, la Palabra no pasa, el mundo sigue dando vueltas, revolviéndose en las mismas situaciones millones de veces similares, pasando por lo mismo, pero la cruz permanece. “El cielo y la tierra” nos dice Jesús, que es lo mismo que decir “todo esto que ustedes conocen, todo eso que el mundo le da tanta importancia pero es barro, tierra y sombras… todo eso pasara, sera olvidado, volverá al polvo donde pertenece… el mundo y sus glorias se desvanecerán, pero mis palabras permanecerán, por que son el pilar de lo que es el hombre”
jesus-cross-407x.jpgLas glorias del mundo se desvanecen, los imperios caen, los triunfadores terminan fracasando, lo exhilarante termina consumiendo, todo lo que el poder y dinero pueden comprar genera desesperación y todo afán humano por las sombras termina en vació. Por mucho que el demonio intento “tentar” al Hijo con la “gloria” de los imperios de la tierra…, con la gloria de un mesianismo triunfante, descendiendo de la mano de Dios del templo de Jerusalen a la vista de todos, por mas que los Jefes del Pueblo con quien Dios mismo había hecho una alianza le pedían que “bajara de la cruz” que “mostrara su gloria”.. El Hijo no lo hizo.. por que las glorias del mundo pasaran, pero ese instante donde el Padre parecía no hablar, donde Dios parecía callar, donde la máxima ignominia en la muerte de la cruz hacia la escena del viernes santo, en ese mismo instante la Gloria de Dios relucía en toda su desbordante sobremedida. Si la transfiguración fue simplemente un destello visible de Dios, en la cruz, mientras el imperio mas poderoso del mundo disponía de la vida y se glotoneaba de sangre, vino y banquete, mientras la élite religiosa celebraba su prepotente “santidad”, había un hombre, El Dios hecho hombre, El Hijo mismo siendo traspasado en su bendito corazón por amor y fidelidad…. cambiando la historia, muriendo por lo único que podemos morir y seguir siendo hombres….

 

El demonio le pedía lanzarse al vació, Jesucristo con picaresca mirada debió haber dicho intimamente que es precisamente lo que hizo, Dios se aventó al vació, pero no para glorificarse ante nosotros, si no para salvarnos… he allí su GLORIA, su desmesurada Gloria…

Las glorias del mundo pasaran…

CJBS