Preguntas Generales

PREGUNTAS GENERALES

 

1. ¿Que significa Iglesia Católica?

La “palabra” está formada de la preposición “katá” (según, en conformidad con) y “holos” (total, completo).

En los primeros siglos que siguieron al Nuevo Testamento el término “Católico” comenzó a aplicarse a la Iglesia en contraposición a las herejías y tendencias sectarias, así como a las 7 cartas del Nuevo Testamento que tienen por título no el de sus destinatarios, sino el de sus autores; o mejor, no tienen un destinatario concreto al modo paulino, sino genérico (con todo, las cartas 2 y 3 de Juan sí tienen destinatario concreto, pero se enlistan bajo del nombre de “Católicas”). De todos modos, el contenido de dichos escritos es ciertamente universal (como de hecho lo son los escritos del Nuevo Testamento). Según algunos autores, el término “católico” pudo haberse aplicado originalmente para identificar el carácter “encíclico” de un documento; y ulteriormente se dio el paso a la dimensión canónica o autoritativa.

Parece que el primero que empleó el término fue san Ignacio de Antioquía: Ad Smyrn No 8: en este pasaje san Ignacio contrapone la Iglesia universal a las particulares; pero se trata de un concepto más bien geográfico.

En el martirio de Policarpo, el adjetivo asume el significado de “ortodoxo” en contraposición a los grupos heréticos: se trata de la Iglesia que conserva la totalidad de la fe.

Dionisio de Corinto (año 170) había enviado a diversas comunidades unas cartas católicas, indicando con ese nombre que tenían un alcance universal, pero que nunca se consideraron parte de la Escritura (Hist Eccl 2.23.1-10).

En la Homilía sobre 2 Timoteo 1-10 de san Juan Crisóstomo el término asume un sentido de universal.

Con el significado de “universal” figura en Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica 3.3.2) [Eusebio vivió del 260 al 340 d.C.].

San Cirilo de Jerusalén (348) emplea el término para designar la totalidad doctrinal y adaptación a las necesidades de los hombres de todo tipo, la perfección moral y espiritual.

El Credo constantinopolitano I profesa la catolicidad como propiedad esencial de la Iglesia de Cristo, y lo recogen los concilios de Éfeso, de Calcedonia, de Trento y Vaticano II: “La única Iglesia de Cristo es aquella que confesamos en el símbolo como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro salvador, después de su resurrección encomendó a Pedro para que la apacentara (Jn 21,27), y que ordenó a Pedro y a los demás apóstoles que difundieran y rigieran (Mt 28,18 )”.

San Cipriano dice que la ubicuidad de la Iglesia designa su visibilidad (PL IV Col 502).

San Agustín en su controversia con los donatistas emplea el término con el significado de “todo lo que se ha enseñado universalmente” y que es la “comunión de todo el orbe”; asimismo enseña que es la “Iglesia universalmente perfecta que no claudica en nada” (Epístola 93,23).

Vicente de Lérins (434) en su commonitorium II, 3, entiende la catolicidad como todo aquello que la Iglesia ha enseñado y creído por todos, siempre y en todas partes. 

 

2. ¿Que es la Tradición? 

El problema que se plantea frente a la cuestión de “Biblia y Tradición” u “o Biblia o Tradición”, es más bien un falso problema, que proviene de no meditar a fondo en la cuestión de la tradición. Hay en realidad aspectos, sobre todo en los planteos de Lutero -que son muy sólidos bíblicamente- que no son ese “falso problema”, pero el conjunto del problema sí creo que lo es.

¿Por qué digo esto? Porque juntar Biblia y Tradición como si fueran realidades homogéneas, lleva necesariamente a tener que jerarquizarlas entre sí, y en la disyuntiva, lo más lógico es que se prefiera la Biblia por sobre la Tradición. Como de hecho ocurrió las veces que el conflicto se planteó a lo largo de la historia (con posterioridad al Medioevo), en particular en el problema que da origen al Protestantismo.

De lo que se trata es que Biblia y Tradición no son dos “depósitos de la Fe” en el mismo sentido. En la Biblia está “todo lo que Dios quiso decirnos para nuestra salvación” (cito, de memoria, así que a lo mejor dibujando un poco, un texto de Dei Verbum), mientras que la Tradición es el canal, la vía por el que ese “depósito” de nos transfiere. Es también un “depósito”, pero no como contenido sino como continente.

La Biblia nos llega por tradición, por transmisión mano en mano ininterrumpida. Hasta los aspectos más exteriores de la Biblia -en lo que tiene de Biblia- los conocemos única y exclusivamente por tradición.

Fíjate en esto: ¿por qué estos libros y no otros -más, o menos, o distintos-? Porque estos son los que la Iglesia -la comunidad de los creyentes- utilizó de manera ininterrumpida para expresar su Fe, precedida por Israel.

¿Pero no hay algo en los libros estos que inequívocamente indique que se trata de la Palabra de Dios, digamos, alguna cualidad o rasgo que hiciera que si nos encontráramos un libro de estos en el medio del desierto y sin nadie al lado lo leamos y nos demos cuenta que es la Palabra de Dios? Mira qué pregunta larga para una respuesta tan corta: no. No hay nada interior a los libros de la Biblia que sirva para identificarlos inequívocamente como Palabra de Dios.

Unos están muy bien escritos, pero otros no, y por otro lado hay mucho libros muy bien escritos en la literatura humana que no son Palabra de Dios.

Todos contienen grandes tesoros de religiosidad y espiritualidad… junto con otros “tesoros” que si no fuera porque son Palabra de Dios los esconderíamos en el ropero (el trapizondero Jacob, el “Galimatías Sacro” mejor conocido como Apocalipsis, las batallas de YHVH, los cinco millones de inexplicables preceptos del Levítico, etc, etc, etc); por lo demás, hay producciones literarias humanas -dentro y fuera del cristianismo- que también tienen grandes tesoros de piedad, religiosidad y espiritualidad.

La diferencia entre estos 73 “libritos” (eso quiere decir “Biblia” ) y cualquier otro libro humano, del más sublime al menos, del más bello al menos, es que en estos 73 está la Palabra de Dios, y en ningún otro. Hecho del que sólo me puedo enterar por tradición. Quitada la Tradición, que pone de manifiesto esa realidad de los libros que no es ninguna cualidad interior ni visible, no hay nada que impida que yo elija cuáles quiero considerar Palabra de Dios y cuáles no, o que agregue, o que quite o que suplante.

¿Y por qué la Tradición dice que son estos y no otros? Porque estos expresan y le dan forma a esa Fe desde que comenzó a fijarse por escrito, allá por el 1200 antes de Cristo, contando desde luego a Israel en nuestra historia. ¿Nada más que eso? Sí, nada más que eso. No hay ninguna otra razón por la que estos libros tengan que ser Biblia. No tuvimos la suerte de los mahometanos de que Dios destinara un angelote a dictarnos su Palabra, ni la de Shmidt el Mormón, que Dios le dio las planchas de oro con el Mensaje (en mi situación, te aseguro que primero las vendo y después pregunto… y debe ser lo que hizo, porque lo que es ver, nadie las vio).

Nuestro Dios se reveló de la manera humilde con la que hace todas las cosas: de boca a boca, de testigo a testigo: “y lo vieron más de 500 hermanos”, dice San Pablo cediendo por un minuto a la presión del marquetín…

Fíjate incluso, y este no es un dato menor, que el Nuevo Testamento es posterior a la Fe cristiana, del momento en que la Fe plena nace en Pascua (o en Pentecostés, según el acontecimiento que quieras poner como comienzo simbólico), es decir, no más allá del año 33, mientras que:

-San Pablo escribe entre el 42 (con suerte y viento a favor) y el 62.

-Los Evangelios Sinópticos, siendo muy optimistas son apenas anteriores al 70, y siendo realistas, son de ese año o después (ya sé que está el papiro 7Q5 “atribuible” a Marcos, ¡pero es un, eins, one versículo!, y por otra parte eso haría a Marcos, mejor dicho a UN versículo de Marcos, del 55, no sé qué ganamos… me perdone el Papa y todo lo que gastó financiando los viajes de su descubridor).

-San Juan se escribe rondando los 80, de nuevo, siendo optimistas, porque en general se lo ubica en los 90…

Etc. Para qué abundar. lo que me importa establecer, ya está establecido, y es que vivió una generación entera de cristianos, que eran cristianos, que vivieron y murieron (¡y cómo!) por Cristo, que se salvaron y están en el Cielo, y van a resucitar, y no conocieron la Biblia tal como la conocemos nosotros… y eso que cuento la generación como 50 años, tomo las fechas más extremas y acoto todo para poder decir “una generación”, porque si nos ponemos serios y sacamos la calculadora, son 2 si no me apuran, y 3 en realidad: generaciones de 30 años, que es lo verdadero y legítimo.

Por suerte eran católicos (y de los buenos), porque si llegaban a ser protestantes, no sé de qué dibujaban la “sola Scriptura”.

Bien, recopilemos:

-La Tradición transmite la Fe desde el principio, incluso de manera independiente de la Escritura completa (el AT estaba, obviamente), al menos durante una generación.

-La Tradición establece los aspectos cuantitativos y cualitativos de la Escritura, es decir, sencillamente, su extensión y su contenido.

La Tradición no es otra cosa que la Iglesia viviendo su Fe a lo largo del tiempo, por lo que de la Biblia se puede decir con la misma legitimidad que es la Palabra de Dios, y el Libro de la Iglesia, entendiendo el de siempre en sentido fuerte. Tal como de Cristo podemos decir que es Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

-La Tradición no es un contenido de la Fe sino un continente: el reservorio en donde la Iglesia encuentra su realidad idéntica a sí misma a lo largo del tiempo. En este sentido, la Tradición es revelatoria, y como hasta nueva orden, la Iglesia no se puede revelar a sí misma, sino que sólo Dios puede revelar (y la Iglesia ser revelada -“pasiva teológica” se llama eso-), la Tradición es otro de los hechos revelatorios de un Dios inmensamente creativo… y un poco jueguetón.

-Quitada la Tradición, no hay forma de asegurar ni los límites ni el contenido de la Biblia (ni de la Fe, obvio!), que se mantiene en 66 libros entre los Protestantes (NT) -después de que Lutero sin ninguna razón verdadera quitara siete- por pura buena voluntad, o descuido, de los creyentes de esas fes… pero pon a alguien de mala voluntad, como los mormones, testigos, y demás derivados del protestantismo, y vemos qué pasa con la unidad de la Biblia… no me refiero, obviamente, a mala voluntad personal, que suelen ser gente muy buena (y confundida).

-La Tradición reclama Magisterio, que, nuevamente, no es sino la propia Tradición adquiriendo expresión concreta en un punto del tiempo. Y en esto, o el Magisterio es Infalible o no es Magisterio en absoluto, porque para que se equivoque el Papa, prefiero mis errores, que son míos y me llevo bárbaro con ellos. Pero creo que de esto ya hablé en el mensaje anterior.

Queda, sin embargo, otro aspecto, que no te diría de tratarlo pero sí de plantearlo, de ponerlo como pregunta. Justo hoy en Misa leímos en Mc la cuestión de las “tradiciones humanas” que tergiversan y deforman la Palabra de Dios… y hay mucho de eso y, en ese sentido, hay fundamento bíblico en la protesta de Lutero. Con una mano en el corazón… 15 siglos le habían afeado bastante el rostro a nuestra Madre, y andaba escasa de vista -para colmo- y por momentos no distinguía bien lo que pedía Dios y lo que inventaban los hombres.

Eso no justifica una ruptura, pero nos permite al menos ver que Dios nos estaba tirando una señal, una bomba H casi, a ver si nos despertábamos.

Un abrazoAbel

 

 

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