Algunos apuntes acerca del amor…

Para poder amar verdaderamente, hay que aprender a hacerlo, hay que deshacerse de lo que ‘estorba’ al amor, de el egoísmo, pero para poderse deshacer de ello primero hay que reconocer el egoísmo que muchas veces se disfraza de amor… o de AMOR PROPIO, en el sentido vanidoso de la palabra, la llamada ‘auto estima’ o el verdadero amor propio -el cual es un mandamiento evangélico-, se refiere al respeto de uno mismo y su dignidad y a la búsqueda del verdadero bien, que es Dios, no mas, no menos, lo demás es amor propio de aquel que impide amar a los demás.

Estos son algunos apuntes del libro “Egoísmo y Amor” de Rafael Llano Cifuentes, ed. MiNos (mexico) junto con algunos comentarios míos:

Cuanto mas inmaduro o mas primitivo sea el ser humano, mas intensos serán los lazos de referencia personal que mantenga con el medio ambiente.

Pero:

Nosotros somos, lo que somos delante de Dios y nada más.

Es decir, estamos desnudos ante Dios, para amar debemos de profundizar esta realidad, ninguna vanidad, ninguna arrogancia o vanagloria valen algo, son superfluas y estorban al amor….

El hombre vanidoso gusta de las personas y de las cosas cuando reflejan su propia imagen, la opinión publica en que se refleja su personalidad, las tres lineas del periódico en que hablan de su persona, la mirada de los mas proximos en que lee admiración…

Si, tal vez los espejos que el hombre mas busca sean las pupilas de las personas que lo rodean. Parece que en vez de que ese hombre mire a los otros para descubrir sus necesidades -que es la mirada de quien sabe amar-, los mira apenas para descubrir lo que piensan de el. ¿Le gusto la figura que hice? ¿Le pareció interesante mi punto de vista, la agudeza de mi inteligencia, la firmeza de mis decisiones?

Hay personas que solo parecen ver su propio rostro, que solo saben hablar de si: sus pensamientos les parecen importantísimos y sus palabras son para ellas la música mas melódica. Su verdad tiene que coincidir necesariamente con la verdad. Los otros deberán concordar con sus opiniones porque la razón indudablemente tiene que estar con ellas. La voz de los demás deberá ser como una resonancia de la suya. De no ser así, surgirá la discusión o la desavenencia. Nadie soporta su presencia porque nadie se resigna a no tener voz, a ser simplemente eco.

Según Santo Tomás de Aquino la envidia es:

“Consiste en la tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio porque se juzga que el disminuye la propia excelencia, honra y felicidad”

El egocéntrico vive de una extraña logica: todo lo que entra en el campo de sus intereses, debe de entrar en el campo de los intereses de los demás. Lo que es de su agrado debe ser del agrado de todos.

Hay personas que tienen como atrofiada la grande y generosa dimensión del amor; parecen incapacitadas para pensar en los otros; el egocéntrico se pregunta a si mismo: ¿quienes son los otros? Los “otros” son aquellos a quienes convierto en interlocutores de mis monólogos, en comparsas de mis devaneos; los “otros”, con sus fallas y limitaciones, son los que me darán la oportunidad para que mis cualidades brillen; los “otros” han de ser siempre el instrumento útil de mi propia realización.

Sin percibirlo, en mayor o menor grado, el egocentrismo se sirve de los otros o explota a los otros.

San Francisco de Sales nos dice:

“Acostumbramos acusar al prójimo por las menores faltas cometidas por el, y a nosotros mismos nos excusamos de otras bien grandes. Queremos vender muy caro y comprar lo mas barato posible… Queremos que interpreten nuestras palabras benévolamente y, en cuanto a lo que dicen de nosotros, somos susceptibles en exceso… Defendemos con extrema exactitud nuestros derechos y queremos que los otros, en cuanto a los suyos, sean mucho mas condescendientes. Mantenemos nuestros lugares caprichosamente y queremos que los demás cedan los suyos humildemente. Nos quejamos fácilmente de todos y no queremos que nadie se queje de nosotros. Los beneficios que obramos en favor del prójimo siempre nos parecen muchos, mas estimamos en nada los que los otros nos hacen. En una palabra tenemos dos corazones… uno -dulce, caritativo y complaciente-, para todo lo que nos concierne; y otro -duro, severo y riguroso-, para con el prójimo, igualmente en nuestro provecho. Tenemos dos medidas: una para medir nuestra oportunidades en nuestro provecho, y otra para medir las del prójimo, igualmente en nuestro provecho. Ahora bien, como dicen las Escrituras, los que tienen labios engañosos hablan con doblez de corazón…

Y tener dos medidas -una grande, para recibir, y otra pequeña, para pagar lo que se debe- es una cosa abominable delante de Dios”

El Amor Falso

El amor que encontramos en la vida cotidiana con frecuencia esta mezclado con otras muchas motivaciones y segundas intenciones. Como escribe Von Gebsattel, “bajo la bandera del amor, navegan muchas fragatas de egoismo”

Si Observamos atentamente, veremos que, cuando se habla de amor, a menudo este amor es simple vanidad, o una forma de autoafirmación, o una manera de satisfacer una necesidad afectiva o sexual, o una especie de compensacion de otras carencias. El amor es en esos casos una forma transferida de agoismo. Amamos fundamentalmente porque el objeto amado nos completa, nos satisface, se integra en nuestra personalidad como un elemento mas de realizacion personal. El ser querido, mas que un destino peculiar que es preciso respetar y hacer crecer, es un simple complemento del “yo”. Y el amor, una buena coartada para que nuestro egoismo se agigante.

Aqui no se concede a las personas el valor que tienen en si, sino el valor que tienen para si; con el amor no se pretende la felicidad del otro, sino fundamentalmente la propia felicidad y el propio esplendor narcisista.

Paralelamente, aparecen los celos. Al menor indicio de que la persona de quien se espera un afecto desproporcionado venga a dispensar a otros la misma atencion, provoca un fuerte sentimiento de contrariedad. El celoso vive sometido a una tension que oscila entre la esperanza de ser amado y la sospecha de ser menos querido o de ser engañado. Esa tension puede representar un verdadero tormento.

En todas estas manifestaciones, no encontramos la verdadera expresion del amor maduro, sino apenas su forma incipiente o larvaria. El amor inmaduro dice asi: “Te amo porque me haces feliz”. El amor maduro, por el contrario se expresa de diferente manera: “Soy feliz porque te amo”. En el primer caso, el amor es apenas un medio que utiliza la persona que ama para llegar a ser personalmente feliz; en el segundo, una verdadera entrega para hacer feliz a la persona amada. El amor egosita es una hipertrofia del propio yo; el amor autentico, un vehiculo de donacion generosa.

Aquel que ama verdaderamente lo hace por puro amor, sin segundas intenciones, sin motivos secundarios: ama con un amor coherente, simple, entero, de una sola pieza. Con una entrega total, en el espacio -sin reservas- y en el tiempo, hasta la muerte. Ese amor irrevocable se llama fidelidad.

El egoismo es un movimiento tan fuerte y profundo que quisiera absorber, si fuera posible, hasta al propio Dios. No nos olvidemos de que la tentación de los primeros padres se concretaba en esta promesa: “El día que comais de este fruto, sereis como Dios.”

Hay en muchos una violenta tendencia a considerarse el centro del universo. Les gusta ser astros y que los otros giren alrededor de ellos, como satelites. Incluso Dios.

He pensado algunas veces que esas personas se asemejan a uno de esos ventrilocuos del teatro de marionetas. Construyen con cuatro trapos -con cuatro ideas andrajosas- un muñeco en forma de dios. Y dialogan con el. Y el les responde. Y quedan satisfechos. “Ahora si, te puedo adorar, mi dios, sin sentirme humillado. Ahora dices las palabras que quiero oir”. ¿Mas no sera que esas personas no advierten que el que les esta hablando no es Dios, sino -como el muñeco al ventrilocuo- su estomago, su sexo, su orgullo?… Esta egolatria disfrazada es la manifestacion mas profunda -por no decir mas diabolica- del orgullo y del egoismo.

Otro tipo de egolatría es la que el místico alemán Eckart resumía diciendo con su proverbial rudeza: “Hay Cristianos que tratan a Dios como si fuera su vaca lechera”

Una profunda toma de conciencia de este amor propio espiritual -que se infiltra sutilmente en el fondo del alma- deberia llevarnos a un deseo sincero de rectificar seriamente nuestras intenciones para evitar, de cualquier forma, acomodar a Dios dentro de los planes prefabricados por nuestro egoismo y luchar -en sentido contrario- por entrar con absoluta disponibilidad en los planes determinados por Dios desde toda la eternidad.

El panorama que presenta el egoísmo es en cierta forma aterrador, pero no nos olvidemos de que todo progreso interior reside prácticamente en la superación del amor propio. Por eso vale la pena tomar conciencia de toda su virulencia -sin falsas benignidades para con nuestra sensibilidad- para conseguir erradicar el mal por la raíz. Asi nos lo dice Benedikt Baur: “Toda perfeccion, toda santidad, todo progreso espiritual se fundan en la destrucción del amor propio. Solamente sobre sus ruinas se puede erigir de nuevo un edificio en el que Cristo viva y reine”. Y dice San Ambrosio: “Vencer al amor propio es vencerlo todo”

Por eso se torna importante el consejo dado por Fenelon, cuando invitaba a una señora que había buscando su orientación, a no cerrar los ojos a su propia realidad: “Cede delante de Dios y acostúmbrate a considerarte vana, ambiciosa de la amistad de los demás, tendiendo incesantemente a convertirte en el ídolo de alguien para ser ídolo de ti misma, celosa y desconfiada sin medida. Solo en el fondo del abismo encontraras donde afirmar los pies. Es preciso que te familiarices con todos esos monstruos. Solo de ese modo acabaras con la ilusión de la delicadeza de tu propio corazón. Lo que importa es ver salir de el toda esa infección, sentirle toda la podredumbre. De todo aquello que no se haga patente a tus ojos, nada saldrá; y todo lo que no salga sera veneno absorbido y mortal. ¿Quieres apresurar la operación? No la interrumpas. Deja actuar con libertad a la mano crucificante; no huyas de las incisiones saludables.”

EL AMOR

Dios es amor. Dios nos creo por amor y nos saco de la nada para que pudieramos amar. El amor es la ley suprema del cristianismo.

Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Cuando puedas decir como Yo dije en la cruz: todo esta consumado, todo lo que yo podria haber dado, lo dia hasta la ultima gota de Mi Sangre; entonces habras agotado el significado del verbo amar.

Mirar como Cristo nos enseño a mirar en la parábola del buen samaritano es comenzar a recorrer el itinerario de su amor: es saber observar a los otros en el fondo de sus almas; mirarlos, no únicamente como individuos aislados, números que integran cuantitativamente una masa, sino distinguirlos cualitativamente por sus características peculiares, por su destino único, irrepetible; ir a encontrarlos sumergidos en sus proyectos vitales, tal vez en su drama intimo, para rescatarlos del anonimato, de la soledad…

Saber mirar es, en ultima instancia, saber superar las murallas de una visión egocéntrica para ver al hombre como lo ve Dios, no de este, lado -del lado del subjetivismo unilateral-, sino del lado de allá -del lado de la apertura y del mas amplio realismo-, que se encuentra por encima del espacio y del tiempo, que se abre a la infinita sabiduría y a la eterna misericordia.

Esta forma de mirar profundamente se llama simplemente respeto; una palabra que deriva precisamente del verbo respicere, que significa mirar.

Respetar es reconocer la dignidad de un ser humano, que es hijo de dios, que fue redimido por la sangre de Cristo, que vale mas que todos los universos creados; es descubrir al otro en el misterio unico de su personalidad concreta.

Esa mirada a la que nos referimos lleva no solo a reconocer y respetar al ser humano, sino a comprenderlo. Quien comprende de alguna manera se interna en la personalidad del otro, vive sus penas y alegrías y se enorgullece con sus ideales y empresas. De esta forma, comprender viene a ser -mas que un mero conocimiento racional- una tarea de la mente hecha con el corazón: un conocimiento cordial.

La comprensión abarca tres planos ascendentes: querer bien a los otros como son; quererlos bien con sus defectos; quererlos bien precisamente porque tienen defectos.

COMO SON

Querer bien a los otros como son. Y podríamos preguntar: ¿como son? Son simplemente diferentes. Es preciso amar no solo lo que nos une, sino también lo que nos diferencia.

Hay personas monovalentes, a quienes les agrada exclusivamente un determinado tipo humano: los que son un eco a su propia voz. Parecen aquella “samba de una sola nota”. Se vuelven incapaces de tener ese corazon universal que es sinonimo de Católico.

Recuerdo lo que sucedio con un amigo del colegio. En un “test”, nos preguntaron que color nos gustaba mas. El, en una fomra un tanto precoz para sus nueve años, respondio: me gusta el azul del mar y el rojo de la sangre, pero no me gusta el ‘mar rojo’ ni la ‘sangre azul’. En realidad, estaba diciendo que le gustaban todos los colores, cuando ocupan su debido lugar. O, si lo aplicamos a nuestro caso, que cada persona tiene un “color”, una fomra de ser, una funcion que desempeñar, una mision que cumplir. Y asi como ella es, debemos quererla bien.

CON SUS DEFECTOS

Comprender significa también aceptar a los otros con sus defectos.

Alegamos no poder comprender a los otros porque no encajan en un determinado “ideal de perfección” que nosotros mismos creamos. Imaginamos modelos abstractos, fabricados de acuerdo a nuestros gustos: los padres, los hermanos, los amigos, los compañeros, los superiores tienen que corresponder a ese tipo ideal para que quepan dentro de nuestra reducida capacidad de comprensión. A veces se piensa: “Como me agradaria mi padre o mi esposa si no tuviera ese defecto… Asi como son, no es facil tratarlos con cariño”.

Pensar así no es únicamente un egoísmo revestido de aparente nobleza de sentimientos, sino una absoluta falta de perspectiva. Porque los seres ideales no existen; lo que en realidad existe son seres concretos, con sus limitaciones, defectos, imperfecciones y debilidades. Si tan solo pudiéramos amar a los que son perfectos, entonces no amaríamos a nadie. Los orientales tienen un proverbio divertido: “Solo existen dos hombres perfectos: uno no ha nacido, el otro ya murió”

Paralelamente, si desearamos para los demas lo que deseamos para nosotros, procederiamos de manera mas justa. En todos nosotros hay un deseo intimo de ser comprendidos y aceptados. En ocasiones, tememos ser mal interpretados o que nuestras fallas sean aumentadas y distorsionadas. Agradecemos cuando los otros saben encontrar delicadamente una disculpa, una salida honrosa para nuestros pequeños o grandes defectos… Sí, no hay quien no sienta el ansia profunda de ser comprendido exactamente como es, con sus luces y sus sombras, con sus cualidades y sus defectos, con sus virtudes y sus pecados…

Chevrot nos dice: ¿No es verdad que las actitud de admiración nos transmite paz y fuerza precisamente por ser una forma de oración? Es la admiracion que le debemos a Dios y a todos los hijos de Dios.

¡Que el otro esta lleno de defectos! Bien… Pero, ademas de que solo en el Cielo estan los perfectos, tu tambien arrastrar los tuyos y, sin embargo, te soportan y, mas aun, te estiman: porque te quieren con el amor que Jesucristo daba a los suyos, ¡que bien cargados andaban! de miserias ¡Aprende! (Surco, Josemaria Escriva)

POR QUE TIENE DEFECTOS

Comprender es, finalmente, amar a los otros precisamente porque tienen defectos. Los que verdaderamente aman -como los padres- tratan con especialisimo cariño al hijo que tiene mayores problemas; se consagran en cuerpo y alma al hijo excepcional; trabajan esforzadamente para sacar adelante en sus estudio a aquel que es “de cabeza dura”; oran y se sacrifican por aquel que se desvio, para que regrese al camino recto. Esto no tiene nada de extraño; es, por el contrario, una sublime delicadeza del amor. Zaqueo y el hijo prodigo son dos ejemplos.

Que los defectos mas acentuados no nos separen de las personas que los padecen; que nos acerquen mas a ellas. Asi ellas y nosotros mejoraremos porque, tanto ellas como nosotros, profundizaremos en las entrañas del corazon -en lo mas intimo del alma- donde se encuentran las raices del amor.

PERDONAR

Una personalidad fuerte -una personalidad autenticamente Cristiana- esta habitualmente inclinada a la benignidad porque en lo intimo se siente a salvo de cualquier ofensa: el concepto de su persona no depende de la opinión ajena, sino del dictamen de su propia conciencia (bien formada). Una personalidad debil, por el contrario, se siente vulnerada por la ofensa ajena porque no esta sentada sobre el fuerte simiento de la humildad, es decir, del conocimiento propio; no posee una verdadera escala de valores, es un apendice del comportamiento de los demás o de la imagen que hacen de el. Una injusticia, una afrenta, lo estremece.

En ultima instancia, nadie seria capaz de herir nuestra honra si comprendiéramos que quien únicamente nos puede valorar es Dios. Vale la pena repetir: nosotros somos lo que somos delante de Dios, y nada mas. Por eso, ninguna cosa podra afectar si nos mantenemos pendientes exclusivamente del concepto que Dios tiene de nosotros, reflejado en nuestra conciencia. Nuestra imagen no sera menguada, sin duda, ante la ofensa injustamente sufrida; mas aun, quedara dignificada delante de Dios, cuando benignamente perdonemos.

Por eso los santos perdonan facilmente. ¿Como les podran afectar las opiniones, las criticas y hasta los malos tratos de los demas? Sus valores estan fuera del alcance humano. Participan de una serenidad superior, gozan de aquella libertad interior que Cristo vivia en el mas alto grado. Jesus se presenta, en efecto, como el modelo ejemplar de un hombre de gran corazon que sabe perdonar.

Hugo de Azevedo nos cuenta un episodio de la vida de Mons. Escriva, que revela un aspecto de esta fineza humana -de ese espiritu de perdon- «Allá por el año de 1929, en un tranvía eléctrico, un obrero sucio de cal se acerco a aquel joven sacerdote de impecable sotana, y aprovechando una sacudida del vehículo mancho de blanco la vestidura eclesiástica, entra la sonrisa de algunos pasajeros y el silencio constreñido de otros. Cuando estaba llegando a su parada, Mons. Escriva se volvió con una sonrisa divertida y llena de afecto para decir al obrero: “Hijo mio, vamos a terminar este trabajo empezado…” y le dio un fuerte abrazo, ensuciándose por completo de cal»

Escriva nos dice: “Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos. No diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero ante el mal, no contestemos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la accion buena: ahogando el mal en abundancia de bien.”

San Bernardo nos dice: “Aunque veais algo de malo, no juzgeis inmediatamente a vuestro projimo, antes bien disculpadlo en vuestro interior. Disculpad la intencion si no pudieres disculpar la accion. Pensad que la habra realizado por ignorancia, por sorpresa o por debilidad. Si el error fuere tan claro que no lo podais disimular, aun entonces procurad decir para vosotros mismos: la tentacion debe haber sido muy fuerte”

CORREGIR

Perdonar, sin embargo, no quiere decir pactar con el error. El Señor es claro en sus correcciones “raza de víboras”, “sepulcros blanqueados”. No podemos simplemente querer bien a los demás; debemos también querer el bien para los demás. Una corrección cristiana debe ser hecha amablemente, a solas, sin humillar, pero clara y valerosamente.

Dice Surco: “Si tu amistad se rebaja hasta convertirte en complice de las miserias ajenas, se reduce a un triste compadrazgo que no merece el minimo aprecio”

Por ejemplo: La corrección de Yahveh por medio de Natán al Rey David.

PACIENCIA

El amor es paciente, todo lo espera.

Mejor que el fuerte, es el paciente; y el que sabe dominarse, es mas que el que conquista una ciudad Prov 16,32

Tenemos que mentalizar que los demás tienen una dignidad y un destino propios, peculiares; tenemos que convencernos de que nosotros también caemos en errores y limitaciones, y que Dios tiene que usar con nosotros una infinita y continua paciencia: debemos persuadirnos de que las contrariedades de la convivencia humana son, como dice Pascal, “maestros que Dios nos envía”

Guardar silencio, esperar y reflexionar. Un agricultor no siembra el trigo en momento de tempestad.

CARGAR

Mirar, comprender, perdonar, esperar… no es algo que deba de ser entendido en terminos pasivos; por el contrario, todas esas actitudes son un presupuesto y, al mismo tiempo una invitacion para la accion efectiva que nos ayude a llevar en la espalda las cargas ajenas.

El problema no consiste en tener mucho o en tener poco. El problema es un problema de amor. Repito una historia tal como la oi:

Una joven chica llevaba, de acuerdo con las costumbres de su pais, una criatura a la espalda: ojos rasgados, sonrisa enigmatica, actitud paciente… Alguien le pregunto:

– Muchacha, ¿pesa mucho?

Y ella respondio:
– No, es mi hermano.

Por amor, el hermano a la espalda no pesaba. Por amor a la esposa, un hombre prescinde con alegria de sus gustos personales; por amor, una madre pasa noches ininterrumpidas al lado de la cama del hijo enfermo.

San Agustín comenta que “todo lo que pueda haber de pesado, se torna leve por el amor. ¿Que no se hace por amor? Ved como trabajan los que aman: no sienten lo que padecen, redoblando sus esfuerzos al ritmo de las dificultades. Ubit amatur, aut non laboratur, aut et labor amatur. Donde hay amor, o no existe pena, o se ama la pena.”

¿Como podremos llevar las cargas unos de los otros?

En primer lugar, no siendo nosotros mismos una carga para nadie.

Siendo fáciles de amar, fáciles de abordar, fáciles y sencillos en nuestro trato.. facilitar el amor es ya una gran parte de amar.

SERVICIO

Cuanto mas se sirve, mas “señor” se vuelve. Todo Cristiano es señor y servidor al mismo tiempo. Es señor por que es hijo de Dios. Es servidor porque es propio de la cualidad señoril el saber servir, como Jesucristo sirvio magnanimamente a todos nosotros.

Ramon Llull: «Dime, loco, ¿que es el amor? y el loco respondio: amor es aquello que hace esclavos a los que son libres y libres a los esclavos. Y no se sabe en que consiste esencialmente el amor, si en esa esclavitud o en esa libertad.»


SONREÍR

Los orientales dicen: “Quien no sepa sonreír, que no abra una tienda”. Y nosotros agregamos, que no inicie una familia, ni trabaje, ni conviva.

DAR Y DARSE

SACRIFICARSE

Darse es Sacrificarse por los demás. Cuando no se llega a ese grado de amor, la caridad cristiana pierde sentido. Es como si de la vida de Cristo extrayeramos su pasión y muerte ignominiosa. Estaríamos quitando el sentido supremo de la existencia terrena, la redención a través de la cruz.. y el paradigma por excelencia del amor humano: “Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos”

Palabras, sentimientos, declaraciones de amor, entusiasmos, ternuras, sin la decision de sacrificarnos efectivamente por la persona amada, son… efervescencias de adolecentes, actitudes sentimentaloides, puros lirismos.

Me acuerdo ahora de aquella historia contada por Urteaga. Nos habla de dos pilluelos -dos chiquillos de “barriada”- harapientos, uno de ellos de cinco años y el otro de diez. Los vemos hambrientos, pidiendo comida de puerta en puerta. Por fin, despues de varias tentativas, consiguen algo de alimento. El mayor sale de una casa trayendo en las manos, con aire solemne, una vasija con leche.

Aqui comienza el dialogo.
– Siéntate. Primero bebo yo y después bebes tu.

Decía aquello con aire de emperador. El mas pequeño le miraba, con sus dientes blancos, la boca semiabierta, moviendo la punta de la lengua.

Yo, como un tonto, contemplaba la escena.

¡Si vieseis al mayor mirando de reojo al pequeñito!

Llevaba la vasija a la boca y haciendo gesto de beber, apriera fuertemente los labios para que por ellos no penetre una sola gota de leche. Despues, extendiendo el recipiente, dice al hermano:

– Ahora, es tu turno. Solo un poco.

Y el hermanito menor sorbe fuertemente

– Ahora yo.

Lleva la vasija ya medio vacia a la boca, y no bebe.

– Ahora tu.
– Ahora yo.
– Ahora tu.
– Ahora yo.

Y después de tres, cuatro, cinco, seis tragos, el pequeñito de cabello rizado, barrigoncito, con la camisa de fuera, se termina la leche. Esos “ahora tu”, “ahora yo” me llenan los ojos de lagrimas.

Sobre un fondo de risas de chiquillos, comencé a subir la cuesta llena de pilluelos. En la mitad de la pendiente, volví la cabeza. Tuve ganas de bajar y de guardar la vasija. Aquello era un tesoro. Pero ni siquiera pude intentarlo. Entre borricos cargados de cantaros, corrían diez niños detrás del recipiente de lata, dando puntapiés. La lata saltaba entre los pies negros, descalzos, sucios, de color gris polvo de calle. También el generoso jugaba entre ellos, con la naturalidad de quien no hizo nada extraordinario, o -mejor aun- con la naturalidad de quien esta habituado a hacer cosas extraordinarias. Es asi, como debemos amarnos. Urteaga; Dios y los Hijos

¡Como nos conmovemos cuando verificamos que alguien como este chiquillo de “barriada” realmente se sacrifica por nosotros! Experimentamos un estremecimiento de emocion cuando constatamos que alguien esta dispuesto a dar hasta su propia vida por nosotros -solo por nosotros-, sin interes propio, solo por amor, por puro amor.

Preguntemonos: ¿En que medida amo a mi semejante y a Dios? Respondamonos: en la medida en que estoy dispuesto a sacrificarme por ellos.

Debemos colorar nuestro corazón a la altura del corazón de Cristo. Y el corazón de Cristo esta traspasado por una lanza, desgarrado por un sacrificio redentor. Cuando nuestro corazón llegue a esa altura, realmente cada uno de nosotros podrá decir como Cristo agonizante, pero gozoso, Consummatum est, todo esta consumado. Estamos alcanzando la meta del ultimo significado del verbo amar

El AMOR REALIZA

Dar la vida por los demas puede parecer una perdida personal, un empobrecimiento. Y, en sentido opuesto, vivir solamente para si puede tambien parecer un enriquecimiento personal, una valorizacion de la propia personalidad. O, en otras palabras, parece que el egoista consigue ventajosamente su realizacion a costa de los demas, y aquel que sabe amar realiza a los otros -y los hace felices-, pero a costa de su propia realizacion.

Nada mas contrario a la verdad. El egoísta acaba, en realidad, volviéndose un frustrado. Ve sus días consumirse solo, abandonado, porque nadie quiere compartir el destino de un “lobo estepario”. Es verdad que las personas egositas son incapaces de amar a otros, pero tambien son incapaces de amarse a si mismas, es decir, de trabajar por el veradero bien a si mismas. En sentido inverso, quien se entrega a los demas consigue exactamente lo contrario de lo que buscaba: la aprobacion de los demas, la atraccion de todos, la plenitud del amor y con eso la felicidad propia.

Es una verdad que, en forma muy viva, expresaba Kierkergaard con una imagen que ya se volvió patrimonio del pensamiento contemporáneo: “La felicidad esta en una sala maravillosa donde todos quieren entrar. Tratan de abrir la puerta hacia dentro, para si, pero, cuanto mas la quieren abrir para si, la atrancan mas, por que la puerta se abre hacia afuera, hacia los demás”

Imagen que enmarca un principio establecido veinte siglos antes por Cristo cuando dijo: “Pues quien quiera salvar su vida, la perdera y quien pierda la vida por mi y el Evangelio, ese la salvara”

El perderse y el salvarse mantienen entre si una relación inversa y paradójica: la búsqueda de si mismo trae consigo la perdida; y la perdida de si mismo trae el encuentro con lo mas esencial de nosotros mismos: la salvación por el amor. Dice Surco: “Lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”

El que quiera salvar su vida, la perdera… El verdadero amor cuesta esfuerzos y sacrificios, mas paga bien, no decepciona. El amor es siempre fecundo.

Recuerdo un acontecimiento. Seguia la vuelta ciclista de Italia. Etapa de montaña. Un día extremadamente caluroso, sofocante. La hilera multicolor serpenteaba lentamente los contrafuertes de los Alpes. De repente, uno de los ciclistas se disparo. Parecía que acababan de darle un latigazo. Se fue pedaleando vigorosamente ante el asombro de los radiodifusores. Sus pies martillaban la bicicleta como el movimiento seco y metálico de los pistones de un motor. Era Bartalli. Gano el premio de la montaña con mucha ventaja. Fue un gran triunfo.

El entrevistador quería obtener el secreto de aquel arranque espectacular. “Bartalli, ¿que sucedió? Usted estaba, como todos, agotado. ¿De donde le vino la fuerza?”

“Es normal, son cosas del deporte”, respondio el ciclista queriendo desviar la conversacion.

“No. Todos nosotros vimos que algo sucedio… ¿Que fue lo que tomo? Alguien menciono que drogas.”

Bartalli tuvo que hablar. “Sucedió una cosa muy sencilla. Yo realmente estaba agotado. Levante la cabeza y observe en el borde de la cumbre una roca que parecio dibujar el rostro de mi madre. No se si vas a entenderme, pero en aquel momento vino de golpe el recuerdo de su preocupacion por mis hermanos menores… Ellos necesitaban que yo ganara aquella etapa. El premio de los Alpes era muy importante para pagar sus estudios. Entonces fue como si me hubieran dado una inyeccion de fuerza, de energia. Cada musculo, cada fibra parecia despertar de su modorra como si alguien les estuviera gritando: ¡Vamos, tenemos que ganar!. Cuando pase la meta, en medio de los aplausos, sabia que aquella etapa habia sido ganada por mi madre….”

En las fatigas de la vida, en las depresiones del espíritu, en el abatimiento de la derrota y también en esa gran monotonía de lo cotidiano, el vislumbre del Amor, del autentico amor, aquel que no se detiene en el egoísmo de la propia realización, es como un dispositivo que hace brotar la fuente de esa energía extra que todas las almas poseen: un nuevo entusiasmo, un nuevo esfuerzo, una nueva motivación surge de lo mas hondo de nosotros mismos. Y es esto lo que nos realiza.

El amor, aunque lleve al sacrificio, -especialmente cuando lleva al sacrificio- es la fuente secreta de la felicidad. Cuando un hombre olvidado de su propia felicidad se lanza a realizar un ideal de amor superior a si mismo, acaba por atraer sin querer su propia felicidad. Porque, como escribe Viktor Frankl, “la felicidad no puede ser buscada, tiene que venir a nuestro encuentro, y eso solo sucede como un efecto colateral, no intencionado, de la dedicación personal a una causa mas elevada que el propio yo, o como producto simultaneo a la entrega a otra persona.”

Estamos de acuerdo que es duro abrir los espacios mas íntimos del corazón para dar lugar a los grandes amores que exigen entrega y abnegación. Pero también tenemos que convenir en que es mucho mas duro tener que soportar una existencia sofocada por el egoísmo. Es la experiencia -mil veces repetida- que nos ofrece la actitud de aquel joven rico del evangelio. Al rehusarse al gran llamado del amor hecho por Jesús, para aferrarse a su autorealizacion egoista, bloqueo la inmensa alegria que ese amor generoso trae consigo. Et abiit tristis… Se fue triste… Rodeado de todas sus riquezas, quedo asfixiado por la tristeza.

Dos amores fundaron dos ciudades… el amor propio y el amor de Dios. Son dos polos de atracción, dos maneras de vivir. Cada uno de nosotros -en cada paso de su caminar, en cada instante de su existencia- tiene que resolver el pequeño o grandioso conflicto que esta opcion nos presenta continuamente. Y es en asumir esa responsabilidad y en solucionarla con la dignidad de un hijo de Dios -nada mas y nada menos- en lo que consiste la nobleza de nuestro vivir humano.

Rafael Llano Cifuentes -Egoísmo y Amor- Ed. MiNos

9 comentarios

  1. miralo

  2. miralo, esta bueno

  3. VUENO EXELENTE EL TEXTO —- MUY LINDO

  4. Estos textos son de una riqueza enorme!! Es muy cierto también hay que aprender a AMAR.

  5. Gracias por tu comentario Jorge… el libro me parece muy bueno, lo recomiendo ampliamente.

    un abrazo.

  6. Todo aquel que siembra Amor a pesar de las dificultades,siente la felicidad de vivir en armonia con
    la verdad

  7. me encantaria poder leer este libro,me emociona el leer estos textos.gracias por compartirlos.

  8. Muy buen texto. Deseo saber en colombia donde conseguirlos

  9. Excelente libro y tema. Donde conseguirlo en Colombia. Lucy P

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