Polvo y Cenizas

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Afán, afán, afán humano, deseo encarnado, donde comeremos, donde viviremos,
gloria a mi nombre, poder a mi mandato….

Desesperación en la angustia, voluptousidad en el gusto,
poseer, poseer, poseer para olvidar, poseer para consumirse,
poseer, para no olvidar, para vivir de lo que poseemos, vivir para servir a los objetos.

Luchar, y luchar, pero no para amar… combatir por sombras, por sueños ¿serán nuestros sueños?
Contra el tiempo, contra la vejez… temerosos del silencio y la reflexión, ruido, ruido, ansió ruido.

Ambición, ambición, de inmortalidad, de eternidad, no de mi ser, de mi nombre, de mi obra,
de Roma, de pirámides, de la luz y la palabra escrita… ambición, ambición.. polvo y ceniza ¿que mas queda? ¿que queda? olvido y perfidia.

Poder, poder, oh! maldito poder que esclavizas para poseerte, ¿o tu a mi me posees? ¿tendré el poder para levantarme tu esclavitud, o tu contienes todo poder?

Lujuria, infidelidad, deseo animal, insatisfecho, consumiendo, olvidando.

Guerra, guerra, tortura, miedo, por tierra, ¿justicia? por ignorancia a lo efímero del hombre, que se gasta en una batalla, que no es su batalla.

Pobreza, pobreza, triste pobreza, la del que no tiene pan y la de quien lo quita, la de quien muere estúpido de adicción y quien vive de la adicción del adicto… irredentos y soledad, vació, vacuidad.

Somos solo sombras y polvo.. polvo y cenizas… polvo y cenizas.
CJBS

Llego un dia

Llego un día, cuando decidí que Dios no me debía nada,
un día cuando dejo de importarme su omnipotencia,
esa que uso de pretexto para no enfrentar mi vida.

El día que alejado de Dios, haciendo mi voluntad y no la suya,
comprendí que mucho de lo que soy, era y quiero ser,
no puede ser sin la gente que amo, y Dios es uno de ellos,
al que le debo todo lo que tengo.

Ese día en que me di cuenta que extraño a Dios,
no por lo que me da, ni por las seguridades en las que
la Iglesia me quiere cobijar, si no por que extraño su compañía,
sus palabras.

Ese día, dejo de interesarme la moral y comencé a querer escuchar mas a Cristo,
ese día, deje de pedirle a Dios que me arreglara la vida, y solo quiero que camine conmigo, ese día, dejo de importarme sus cualidades ontológicas, y comencé a querer saber Quien es El y quien soy yo… como charlando en un bar a las 3.00am de cosas sin importancia y con importancia,

Como con el Amigo con quien lloras el amor y ríes el amor,
con el que lloras el sufrimiento y ríes en el sufrimiento,
como con quien es Dios… eterno misterio, pero como con quien esta allí, mas cerca de mi que yo mismo, como quien la vida seria un montón mas monótona y sin sentido, si no esta El, allí, junto conmigo, caminando, cavilando, platicando, intercambiando, contando historias uno del otro, charlando la vida juntos


CJBS

La Debilidad y grandeza humanas

La vida no se da en automático, Dios creo libertades, nos ama en libertad, Dios no vino a controlar la historia, se encarno en ella, se hizo parte de ella.. nos acompaña, nos dirige, pero no vino a vivir por nosotros. Dios no tiene un plan trazado para nuestra vida, su infinita creatividad y su inconmensurable amor por nosotros se lo impide… su plan, somos nosotros, ante la vida, y ante Cristo, ante lo que hagamos mientras estamos en la escucha de Jesucristo, ante el amor que pongamos en lo que hacemos. No venimos a llenar unos zapatos pre-hechos, ni a llenar un traje a nuestra medida, ni Dios viene a usar el látigo para hacernos llegar a lo que El quiere que hagamos.. Dios no usa la lógica del dictador humano, usa la lógica del amor, nos seduce, nos acompaña, nos enamora, nos busca, esta en constante dialogo con nosotros, aun que nosotros nos hagamos los sordos, y un fallo en el camino, un desvío del mismo no es una tragedia humana, por que nuestra vida no conoce puerto alguno, nuestro puerto es el mismo camino junto a Dios… lo que podamos hacer.. Dios no nos pide heroísmos, no nos pide salvar al mundo, nos pide que hagamos lo que podamos hacer. En la parábola de los talentos Dios no alaba la cantidad de talentos devueltos por sus súbditos, si no su “hacer algo” y reprende al otro por tener miedo “y no hacer nada”.

Dios no nos creo para ser sus súbditos, para ser sus soldados, no nos creo para tener juguetes que manipular, nos creo en la libertad del amor… y nos llama a esa libertad. La vida no es automatismo ni determinismo, es ante todo un trabajo de nosotros, Dios ha vencido al mundo no por que El sea Dios, la historia no le pertenece por ser El Señor, le pertenece por que vivió y aposto su vida al amor (que es El mismo), por que escogió, (no podía ser de otra manera) la única manera de vencer, (la única de vivir) y nos dejo allí su “historia”, su relato romántico que se pierde en la memoria boca a boca hace mas de 2000 años… y nos acompaña.., nos dirige, pero no nos quita la responsabilidad de vivir, ni nos pide que seamos otra cosa que no sea ser humanisimamente lo que somos.. y no nos pide otra cosa que dentro de nuestra historia personal, haya espacio para El, haya espacio para que se siente a nuestra mesa, y me dirija una palabra especialmente para mi, y nos percatemos que hay una manera de vivir, una manera de “ver” y de caminar que nos hacen mas humanos, que nos hacen plenos, nos pide que entendamos el amor… y que nos gastemos la vida en ello.. que hagamos algo en nuestra historia y que El esta con nosotros hasta el final de los tiempos..

Carlos José Bartolomé Santos

Frase del dia

La Justicia verdadera no busca el equilibrio, ni la satisfacción del derecho debido
por que ¿que puede tener de acreedor aquel a quien le fue regalada la vida?

La verdadera justicia es salvadora… busca siempre no la verdad de las cosas,
si no la verdad profunda del hombre que en soledad y anonimato se pierde por
caminos oscuros de los cuales desconoce la salida…
iluminar no para acusar, si no para despertar el entendimiento,
alzar la mano no para apuntar, si no para recoger lo caído, abrazar lo humillado,
usar la voz no para hundir, si no para enseñar el camino, dialogar el camino,
ensanchar los horizontes de las almas a quienes les debemos la verdadera justicia.
cjbs

e.e

¿Qué es la vida? ¿Sirve de algo?

Todo lo que el hombre realiza tiene como objetivo final el perfeccionamiento del propio hombre. Toda actividad, el trabajo, deporte, desde la simpleza de levantar la basura, hasta realizar nuestra labor con toda el alma, aquel que juega futbol, o se dedica a actuar y divertirnos, aquel que trabaja 4 horas o 12 horas al dia. Sigue leyendo

Reflexión del Dia

Es cierto que muchos jóvenes hoy se alejan del cristianismo. Sin embargo, ese alejamiento no hay que interpretarlo como si fuera igual al que tenía un típico ateo de finales de los años sesenta. Si un joven hoy se siente ajeno a la fe principalmente se debe a que nadie se la anuncia de una manera creíble. No es que en la estructura del corazón humano se haya dado una radical mutación antropológica.

El corazón humano posee una tensión constitutiva, un anhelo de plenitud que no se puede saciar con ideas, con conceptos y ni siquiera con valores – por sanos que estos sean -. Lo único que responde a la condición profunda de un joven es el encuentro con un gran amor, con un gran afecto que defina radicalmente la vida y que la reconduzca hacia un horizonte de libertad y no hacia una prisión.

Esto no lo puede hacer una abstracción. Esto no lo puede realizar una proyección de nuestra subjetividad alterada. Sólo lo puede hacer una Persona, un acontecimiento, un rostro concreto que me interpele y que me acoja de manera irrestricta, incondicional, absoluta.

La Crisis Economica ¿Apocaliptica?

La crisis económica mundial trajo de nuevo (como en la del 29/30) la voz de exaltados predicadores de distintas denominaciones gritando en la tele, en Youtube, y donde los quieran oír: “Apocalipsis, Apocalipsis!”.

La cuestión religiosa y apocalíptica probablemente esté vinculada a la crisis económica -yo creo que lo está- pero de una manera distinta, incluso opuesta, a la que dice este pastor.

Si por apocalíptico entendemos el sentido popular, es decir, el caos que marca el fin de este eón y la próxima venida del Reino, no hay duda que el protagonismo que tiene el dinero en este tiempo es un signo apocalíptico. Pero lo es incluso cuando va todo bien. Es más: es mucho más apocalíptico cuando va todo bien. La agonía apocalíptica no es lenta, sino fulminante: «se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, y dirán: “¡Ay, ay, la Gran Ciudad! ¡Babilonia, ciudad poderosa, que en una hora ha llegado tu juicio!”»

No se puede servir a Dios y al dinero. Si este mundo opta por servir al dinero, eso ya es apocalíptico, cuando baja la bolsa, y cuando sube. Y como dije antes: más cuando sube que cuando baja. Porque cuando baja, muchos se dan cuenta del gran engaño en el que estamos metidos, se arrepienten, y retrasan el Juicio, porque Dios mira de nuevo con compasión al mundo. Pero cuando estamos en plena fiesta de la subida de la bolsa, eso es ya el apocalipsis y el juicio.

¿Interviene Dios en la dinámica económica de este mundo? Sí, pero no sacudiendo las bolsas de Tokio y NY. Más bien la Escritura muestra una forma más sutil de actuar de Dios:

«Engorda el corazón de ese pueblo, hazle duro de oídos y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure.»

«¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo?»

«Endureció Yahveh el corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.»

La actuación de Dios en la historia es un gran misterio. Y digo “misterio” en sentido propio, es un enigma sacro, algo que no podemos resolver, sólo podemos contemplar y, los que deseamos confiar en que todo es para bien de los que le aman, celebrar.

La actuación de Dios en la historia no son los cataclismos naturales, no son las caídas espectaculares de la bolsa, no son ni siquiera el hambre, la peste y la guerra.

Porque Dios no actúa de manera directa en su creación, porque no puede desdecirse a sí mismo. Dios actúa a través del corazón de los hombres, que endurecen su oído, y atraen el juicio, o abren su oído, y traen de parte de Dios la salvación.

Una civilización enteramente abocada a auto-asegurar su futuro, a planificar hasta el último riesgo, y a calcular el coeficiente de riesgo de la seguridad que arriesga, es una civilización que ha endurecido su corazón, que es dura de oídos, y lenta de vista, es ya una civilización en juicio, cuando la bolsa cae, y cuando sube.

Abel Della Costa

La Bendición de Jacob

Durante aquella noche, un hombre entro en la tienda de Jacob, y lucho con el hasta el amanecer.

Viendo que no podía vencerlo, le dijo: <<Dejame ir.>>

Respondió Jacob: <<No te dejare ir si no me bendices.>>

Entonces el hombre le dijo: <<Como príncipe, luchaste contra Dios, ¿como te llamas?>>

Jacob dijo su nombre, y el hombre respondió: <<De ahora en adelante, te llamaras Israel.>>

 

……. Mucho tiempo atrás, el patriarca Jacob había acampado durante la noche. Alguien entro en su tienda y lucho con el hasta el nacimiento del sol. Jacob acepto el combate aun sabiendo que su adversario era el Señor. Al amanecer, aun no habia sido vencido; y solo detuvo el combate cuando Dios acepto bendecirlo

Esa historia había sido transmitida de generación en generación para que nadie jamas olvidara que a veces era necesario luchar contra Dios. Todo ser humano, en algún momento, veía una tragedia cruzar por su vida; podía ser la destrucción de una ciudad, la muerte de un hijo, una acusación sin pruebas, una enfermedad que los dejaba inválidos para siempre, etc. En ese momento, Dios lo desafiaba a enfrentarlo y a responder su pregunta: <<¿Porque te aferras tanto a una existencia tan corta y tan llena de sufrimiento? Cual es el sentido de tu lucha?>>

Entonces, el hombre que no sabia responder a esta pregunta se conformaba. Mientras que el otro, que buscaba un sentido para la existencia, consideraba que Dios había sido injusto, y decidía desafiar su propio destino. Era en ese momento que otro fuego de los cielos descendía: no aquel que mata, sino el que destruye las antiguas murallas y da a cada ser humano sus verdaderas posibilidades. Los cobardes nunca dejan que su corazón sea incendiado por ese fuego; todo lo que desean es que la nueva situación vuelva rápidamente a ser lo que era antes, para poder continuar viviendo y pensando de la misma manera a la que estaban habituados. Los valientes, en cambio prenden fuego a lo que era viejo y, aunque a costa de un gran sufrimiento interior, abandonan todo y siguen adelante.

<<Los valientes siempre son obstinados.>>

Desde el cielo, el Señor sonríe de contento, porque era eso lo que El quería, que cada uno tuviese en sus manos la responsabilidad de su propia vida. Al fin y al cabo, había dado a sus hijos el mayor de todos los dones: la capacidad de escoger y decidir sus actos.

Solo los hombres y mujeres con la sagrada llama en el corazón tenían el valor de enfrentarlo, pues entendían finalmente que la tragedia NO era un castigo, sino un desafió.

El Señor es generoso y nos ha conducido hasta el abismo de lo inevitable, para mostrarnos que el hombre precisa escoger y NO aceptar su destino.

Dios es infinito en su misericordia, e implacable en su rigor con aquellos que no tienen el valor de atreverse.

A veces Dios nos tienta, y es necesario luchar contra el para así poder descubrir nuestro propio camino…. por que lo deseamos, y no por que nos haya sido impuesto. Y no ser unos cobardes que no saben escoger un camino diferente. Y así continuaremos esta batalla contra El…. Hasta que nos bendiga.

Confió en ti

Hace mucho me paso algo curioso, en la visera de mi carro tengo una estampita de la Divina Misericordia, quienes la conocen saben que debajo tiene inscrito el mensaje “Jesús, yo confió en ti”, lo curioso es que la estampa tiene la mitad de la misma metida en la visera y una vez sucedió que en la misma se veía Jesús, pero la frase se leía “yo confió en ti”.

Obviamente eso me dejo reflexionando… por que pareciera que Jesús me decía a los ojos… ‘yo confió en ti’ que fuerte!!!. Decir que uno confía en alguien es hermoso, pero que alguien te diga que confía en ti es monumental, y cuando te lo dice Dios, cuando te lo dice Jesucristo… es algo que puede cambiar la vida.

Chesteron nos decía algo así como que la revelación y encarnación de Jesucristo demostraba cuanto Jesús confiaba y confía en nosotros.

Pero ¿por que? por que el nos ama, el nos creo, el sabe quienes somos y le dio un sentido a nuestras vidas, el amor es dialogal, el amor es de dos, es una revelación y una respuesta y para dialogar, para responder, para amar hay que confiar. No se trata solo de que nosotros confiemos en Dios, se trata si, de algo también muy fuerte… DIOS confía en nosotros.

Confía en nosotros por que nos ama, confía que amaremos, que ante las disyuntivas de nuestra vida escogeremos el amor, confía en que cuidaremos a quien nos encarga, con ternura y firmeza, confía en que ayudaremos a quienes nos necesitan, confía en que seremos maestros de quienes necesitan guía, confía en que seremos misericordiosos, confía en que seremos fieles a nuestras promesas, a nuestras relaciones, a nuestro amor…. confía en que buscaremos el bien, confía ante todo que reconoceremos y responderemos a su amor, por que solo amando, demostramos que entendemos la salvación de Dios, su plan, la verdad.

El ser humano esta creado de tal manera, que cuando se le confía algo grande, si ama, puede responder de manera enorme, sacando fortaleza donde antes había debilidad, valor donde antes había cobardía.. cuando oramos con Dios, cuando comulgamos, cuando nos confesamos, cuando nos arrepentimos, cuando estamos con Dios, establecemos una relación con el, de confianza con El, pero eso no es todo… no es solo de Dios hacia mi, si no que Dios espera de nosotros, espera en nosotros, la salvación no solo es un TE AMO.. es un confió en ti… siempre lo haré… siempre esperare…

Dios nos espera, no en la eternidad solamente, si no todos los días nos espera en el amor que profesamos a todos, en las decisiones, cuando decimos NO! a aquello que nos aleja, y SI a aquello que nos acerca a El y a los demás.. Dios nos espera, y confia…. la alianza seria una caricatura si solo esperamos nosotros de la otra parte… también Dios espera, … Dios confia en nosotros, Jesús confía en ti.dm.JPG

CJBS

El Misterio de Dios

Dios es el completamente Otro decimos, y sin embargo no esta lejos de nuestras manipulaciones humanas, de deformar su imagen al gusto para tener algo que idolatrar, encubierto sobre la idea de que como se trata del “verdadero dios” esa imagen es bendita y no idolatra.

Pero olvidamos muy fácilmente que Dios (de aspecto terrible) de quien nadie puede verle a los ojos sin morir, de quien Moisés solo ve la espalda, de quien podemos llamar, pero no decir su nombre que es maravilloso, olvidamos el profundo misterio que siempre es Dios.

Nosotros los Cristianos sabemos que Jesús nos ha acercado a Dios, nos ha “mostrado” al Padre en su rostro, sin embargo, ese mismo Jesús, colgado de una cruz, abandonado de si mismo, de su Padre, ese Jesús que es Dios y es hombre, nos hacen entrever que Dios esta tan cerca de nosotros, es tan Padre como el mejor de los Padres… pero sin embargo es y sera siempre Dios, es y sera siempre un misterio, su actuación sera locura y escándalo, su camino no sera como el de los hombres… es nuestro Padre, pero es Nuestro Dios…. es Jesucristo hombre, pero no actúa solo como hombre, si no como Él mismo, que es hombre y divinidad.

C.S Lewis dice que Jesús en su figura humana, solo podía ser un loco y desquiciado o ser realmente lo que decía ser.. Dios. Yo no estoy de acuerdo… Jesús era sin lugar a dudas un loco, Y era Dios.

Siglos y siglos se han vertido de tinta, por parte de teólogos, poetas, ateos, filósofos para comprender, para dar razón del misterio de la encarnación y de la cruz, y aun siguen sin decir algo razonable, algo coherente, por que quieren “explicar” a Dios, y el único que lo explica es Jesús y nos lo explica con la cruz…. el circulo del misterio del lenguaje de Dios.

Siglos y siglos los moralistas nos han venido a “mostrar” los caminos éticos de Dios, nos han venido a hablar del pecado y la lejanía del Padre con respecto a nosotros los pecadores, y siglos y siglos de actuación divina nos ha mostrado la cercanía tan intima que tiene Dios con los pecadores, los caminos poco ortodoxos, “amorales” que Dios puede tener para encontrarse con alguien.

Dios no hace ya milagros nos dicen y Dios los hace, Dios hace milagro aquí dicen, y no era Dios.

Los rectos, correctos y poseedores de la verdad nos han dicho donde actúa Dios, y donde no, a quien llama Dios y a quien no, quien se salva y quien se condena, “no entran ellos al reino y no dejan entrar”… y Dios mientras esta ocupado mostrándose allí donde dicen que no actúa, encontrándose con quien dice que no se encuentra, salvando a los que no debían salvarse.

¿Pero por que Dios?
Y Dios responde – Confía en mi –
Un confiar que no es un apoyarse en algo razonable ni racional (por mucho que los apologetas nos digan lo contrario)
Un confiar que no es algo que le debamos a Dios por que nos lo pida,
sino un confiar que es ante todo, el respeto sagrado que le debemos al infinito misterio de Dios,
el respeto sagrado que no pronuncia su nombre, que no lo ve a los ojos, que comprende
que no comprende a Dios y que solo le queda confiar en el vació de razones,
en el vació de la ceguera de quien no ve con los ojos, ni con la mente, si no con las entrañas
de quien se ha encontrado frente a frente, con la locura (para los hombres) del actuar del corazón de Dios.

CJBS

Reflexión del Día

Hoy en día se entiende por bondad de Dios casi exclusivamente su cariño, y puede ser que estemos en lo cierto. Y, dentro de este contexto, la mayoría de nosotros entiende el amor como benevolencia, como el deseo de ver a otros felices; no felices de esta u otra manera, sino simplemente felices. Lo que nos dejaría realmente satisfechos, sería un Dios que dijera de todo aquello que nos gusta hacer: “¿qué importa, con tal que estén contentos?”. De hecho, deseamos no tanto un padre en los cielos, sino más bien un abuelito; una benevolencia senil a la que, como se dice, le “guste ver a los jóvenes entretenerse” y cuyo plan para el universo consistiera simplemente en que, al final de cada día, pudiera decirse, “todos lo pasaron bien”. Admito que no muchas personas formularían una teología precisamente en esos términos, pero en el fondo de muchas mentes existe una idea no muy diferente a ésta.

No pretendo ser una excepción; me gustaría mucho vivir en un universo que estuviera gobernado en esos términos. Pero, dado que es suficientemente claro que no es así y como, sin embargo, tengo motivos suficientes para creer que Dios es amor, llego a la conclusión que mi idea de amor debe ser corregida.

Ciertamente podría haber aprendido, incluso de los poetas, que el amor es algo más severo y más espléndido que la mera benevolencia; que incluso el amor entre los dos sexos es, como se ve en Dante, “un señor de aspecto terrible”. En el amor hay bondad, pero amor y benevolencia no son términos equivalentes; y, el separar la benevolencia de los demás elementos del amor, implica una cierta indiferencia fundamental hacia el objeto, incluso algo así como el desprecio. La benevolencia está pronta a aceptar la remoción de su objeto; todos hemos conocido personas cuya benevolencia constantemente los lleva a matar animales para que no sufran. A la benevolencia en sí, no le preocupa el que su objeto se vuelva bueno o malo con tal que éste no sufra. Como señala la Sagrada Escritura, es a los bastardos a quienes no se corrige; los hijos legítimos, aquellos que han de continuar la tradición familiar, reciben castigo. Sólo para aquellas personas que no nos importan mayormente, es que exigimos felicidad a cualquier precio; con nuestros amigos, nuestros enamorados, nuestros niños, somos exigentes, y preferiríamos verlos sufrir mucho, que verlos felices de un modo despreciable y enajenado. Si Dios es amor, El es, por definición, más que simple benevolencia. Y, según nos consta, a pesar de habernos reprendido y condenado con frecuencia, jamás nos ha mirado con desprecio. Dios nos ha hecho el intolerable cumplido de amarnos en el sentido más profundo, más trágico y más inexorable.

C.S. Lewis; El problema del dolor

Reflexión del dia

Quizá, el problema mas grande del hombre, es que esta demasiado distraído…
la verdad se le escapa, a quien no presta atención, a quien no sabe escuchar y ver.
La vida se vuelve un pesar, para quien no sabe regresar a las cosas simples del vivir,
la vida se vuelve una confusión, cuando no tenemos tiempo para sentarnos a contemplar,
y del pesar nace el sin-sentido
y de la confusión la ira.

No es entonces extraño, que las personas que mas tienen, mas infelices son,
por que hay mas cosas que las distraen, que las pre-sobre-ocupan, que las hacen perder
la capacidad humana de disfrutar las pequeñeces de la vida.

Creo que la existencia del hombre esta creada para que en todo momento podamos contemplar
la verdad, contemplar la belleza que nos rodea, humanizarla, y humanizarnos nosotros mismos
que no es si no regresar a comprender quienes somos, y que buscamos, comprender, que alli donde esta nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón.

http://lanubeylaestrella.wordpress.com/

El Amor Cristiano

Si definimos el amor como “el deseo del bien del otro”, es evidente que toda persona humana, por el hecho de ser persona, tiene la capacidad natural de amar, es decir, de desear el bien de tal o cual cosa. Sin esta capacidad no podríamos relacionarnos con Dios, y comprender el ser de Dios.

Pero dicho esto, también es evidente que “deseo”, “bien” y “el otro” son tres términos que permiten el progreso y la novedad, a ver si me explico.

¿tiene el deseo límite?, pues no, luego el amor puede crecer en el hombre de un modo infinito. Es más, el ser humano puede tener deseos malos, equivocados, pequeños, grandes… de todos ellos tiene que ser salvado, corregido y llamado a crecer. El amor como deseo puede evolucionar y crecer, es más, este es el único progreso que se puede llamar así.

¿el bien?… creo que se puede amar una cosa, una planta, un animal, a otra persona como amigo, a otra como padre, a otra como esposo… todos son amores, y todos requieren su propio bien. Amar significa dar a cada uno el bien que requiere. Sería ridículo tratar a una planta como a un ser humano (eso no significa que no sea bueno hablarlas y besarlas… las plantas crecen mucho mejor con amor… pero de ahí a poner en ellas nuestra esperanza, o confianza. o nuestra obediencia…) El bien que Dios se merece está por encima de cualquier otro bien, es el amor más importante para el ser humano.

Ahora bien “el otro” es donde yo veo más cláramente la novedad de Cristo. El ser humano ha podido antes de Cristo, amar a Dios y recibir el amor de Dios, pero hay “ahora” una nueva presencia del amor divino, una novedad que consiste en la encarnación. Ahora podemos amar a Dios hecho hombre y recibir este amor (que siendo el de siempre, por ser el amor divino, es novedoso por ser de la segunda persona encarnada).

Amar a Cristo es la novedad cristiana. Amar a Cristo como camino para alcanzar a Dios es la verdadera novedad. Amar impulsados por el Espíritu Santo que habita en nosotros por el misterio redentor de Cristo es la novedad. Desde Cristo hay un “otro” entre nosotros, el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, y Cristo encarnado… y, ese otro, nos habla de un “bien” que es novedoso y de un deseo elevado por el mismo Dios.

Cuenta la escritura que cuando Moises bajo del monte Sinai tras hablar con Dios, su rostro cambio y estaba como iluminado… el contacto con este nuevo amor, cambia al hombre y le hace capaz de un amor que en algo es nuevo, un amor tambien a las criaturas, a los hombres, “a los enemigos”.

El amor a los enemigos es un amor muy cristiano…

Te_Scucho

Meditaciones de la Cruz

 

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En la cruz llega a su término lo que las religiones buscan desde el inicio de la humanidad: un Dios soberano, poderoso, trascendente, que me diga “tú eres hombre, eres distinto de mí”, un Dios también –y por eso mismo– con todo el derecho de aplastarme, de aniquilarme a fuerza de ser tan grande, tan todo.Sólo un Dios así tiene la posibilidad de permitir la muerte de su Ungido.

Sólo un Dios que no tenga que rendir ninguna cuenta a nadie puede, en un soberano acto de poder y fuerza, abandonar la Inocencia al poder de la muerte y de la nada.

Porque eso es la cruz: la muerte y la nada. No nos gusta a nosotros, los cristianos del mundo moderno, caer en la cuenta de que Dios tiene todo el poder, y yo ninguno, tiene todo el derecho, y yo ninguno, tiene toda la soberanía, y yo ninguna.

Pero eso es lo que los hombres hemos buscado siempre en la religión: un Dios que nos diga: “yo soy auténticamente Dios, y tú un hombre”. El Dios que es un “misterio tremendo” y que nos hace temblar de pavor.

Pero en la cruz llega también a su término lo que las religiones buscan desde el inicio de la humanidad: un Dios cercano y dialogante, que me diga “tú eres hombre, y no una nada. YO te quise hombre, y no una nada.” Pero no hay nada que pueda ser real fuera de la realidad de Dios, si hubiera algo real y que no lo contuviera Dios, él no sería por completo real ni por completo Dios.

Si somos hombres porque Dios nos dice “YO te quise hombre”, es que Dios mismo contiene en sí lo humano, lo saca de sí mismo para donárnoslo. Eso que comprendemos oscuramente de nosotros mismos: esa lucha por ser, por salir de la nada, por dejar nuestra obra hecha, eso que los seres humanos hemos buscado en la historia tratando de que se hable bien de nosotros en lugar de mal, tratando de hacer las cosas bien, en vez de mal, esa lucha cotidiana por no desaparecer… es a la vez algo que Dios mismo tiene, y nos lo ha donado y eso nos atrae y fascina: ese “aspecto” (ese “rostro” dice la Escritura) de Dios que se nos parece, eso en que nos parecemos a él, su “misterio fascinante”, seductor de tan cercano a lo que nosotros mismos somos.

Sólo un Dios así tiene la posibilidad de volverse él mismo el Ungido que muere por nosotros.

Terrible y cercano, distinto a mí, pero igual, fortísimamente débil. Ninguna palabra del lenguaje de la religión alcanza para nombrar quién es Dios, porque se necesita de todas las palabras juntas. Y aún si tuviéramos todas las palabras juntas, no bastaría. Por eso hacía falta unir palabra y no-palabra: palabra y gesto.

La cruz es ese gesto donde Cristo da su última palabra….

Era necesaria la Cruz para dar contenido real, por fin, a todo lo que los hombres hemos buscado siempre en la religión: al Dios terrible, y cercano, poderoso, pero débil. Pero a la vez, en tanto Dios habló en la Cruz, crucificó también todo lo que los hombres hemos buscado a tientas por tantos siglos y siglos.

La Cruz dice: “esto, ¡hombre!, es lo que oscuramente has buscado toda tu vida, pero mis caminos no son tus caminos”. La Cruz hace real a Dios, y da vuelta todo lo que podemos pensar y decir de Dios. En tanto miro al Traspasado, tengo que ver en mí mismo que todo lo que siento, deseo, pienso, acerca de Dios ha quedado superado por lo REAL de Dios: por su fuerza débil y su palabra silenciosa.

No es algo real que pueda ponerlo en mi mente para razonarlo mañana o pasado, sino una emoción vital enteramente nueva, que no cabe en mí, que está a contrapelo de mis deseos, pensamientos y palabras. La Cruz es la portadora única de esa emoción nueva. Por eso, es SÓLO mirando a ella, mirando al Traspasado, que podemos renovarla una y otra vez. Y quien sabe que esa emoción enteramente nueva es lo único nuevo que puede haber bajo el sol, perederá todo interés en razonar y comprender a Dios, incluso en buscar a Dios. La Cruz dice: no me busques, pero quédate allí, mirando, hasta que vuelva. Pero a la vez, en tanto Dios habló en la Cruz, crucificó también todo lo que los hombres hemos buscado a tientas por tantos siglos y siglos.

En la primera parte, intentábamos contemplar, con palabras siempre inadecuadas, la novedad de Dios que aparece en la Cruz. Pero esa novedad no ocurre sólo fuera nuestro, en el mundo, en la historia. Desde que la Cruz nos reveló que la única tarea a la que estamos llamados es mirar al Traspasado, toda nuestra acción, todo nuestro movernos cotidianamente, se puede volver enteramente distinto.

No se trata de que porque miramos al Traspasado ya somos buenos y no podemos hacer nada mal. Por el contrario, es en tanto que nuestra vida ya no tiene su centro en sí misma, es decir, cuando dejamos de medir nuestras acciones por nosotros mismos.

 

A eso la Escritura lo llama “vivir en el Espíritu”. Y es tal la tentación de medir todo por nosotros mismos, de ponernos como criterio y legitimidad de nuestra vida, que San Pablo advertirá a los Gálatas algo que sigue siendo dicho para cada creyente en la historia: “¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz!… ¡Empezasteis por el espíritu para terminar en la carne!”
¿Pero cuándo nos hacemos merecedores de ese reproche?
¿cuándo abandonamos el Espíritu para recaer en la carne?

¿cuándo ocurre que dejamos de mirar la Cruz y nos miramos a nosotros
mismos?

¡Eso sería antes, en época de los Gálatas!

Si voy a misa, rezo el rosario, hago un retiro mensual en ETF, llevo una cruz en el cuello y me confieso al menos una vez al año, en Pascua de Resurrección, no estoy en la carne. O bien, engaño más sutil si cabe, si comparto lo que tengo con los pobres, ayudo a los que me rodean, y soy solidario, no estoy en la carne. Y si además de unas cosas, hago las otras, no estoy en la carne sino en el Espíritu. Y sin embargo…

 

Es quizás en ese mismo momento en que juzgamos de nosotros mismos que “estamos en el Espíritu”, cuando tal vez hemos perdido el norte y estamos más en la carne que nunca. No nos engañemos: los cristianos estamos sometidos a una tentación mucho más sutil que las de los no creyentes. Si un no-cristiano busca a Dios a través de la matanza de animales, o de la brujería, o de los amuletos, o de los astros… cualquiera sabe que no está Dios allí, cualquiera descubre el error. Pero si un cristiano “busca” a Dios a través de la solidaridad y el desprendimiento, de la limosna y el culto razonable, ¿Quién diría que no está Dios allí?

Y sin embargo, aunque no lo podemos saber de antemano, puede no estar Dios allí.

Y eso lo dice la Cruz: mientras en lo que busques te pongas a ti mismo como regla de medida, mientras te quedes tranquilo acerca de lo bueno y lo malo, mientras erijas tus acciones en “código de conducta”… estás en la carne, porque estás en la Ley, que no salva.
¿Y entonces qué debo hacer?

¿acaso todo mal, así se nota que no me estoy poniendo a mí mismo como medida de mi espíritu?
¿acaso debo simplemente hacer lo que me apetezca a cada paso -bueno o malo, no importa-, para no estar juzgándome a mí mismo?
¡Terrible paradoja nos pone delante la Cruz!

«Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.»
O más sencillamente: «El justo vive de la fe.»

No hay recetas para que yo sepa de antemano lo que debo hacer a cada momento. Lo bueno y lo malo elemental de cualquier vida humana, los sencillos enunciados de los diez mandamientos, no cambian.

Nosotros no somos malas personas sino buenas, todos obramos más o menos bien. Es el corazón que pongo en mi vida el que tiene que cambiar, no las acciones exteriores. Es el modo como me luzco ante mí mismo y me convierto en criterio y norma de juicio, generalmente de maneras sutiles. Esos sutiles engaños del “obrar bien” sólo los descubrimos mirando la Cruz. Sólo delante de ella, y porque la estamos mirando, podemos tal vez decir con sinceridad: somos siervos inútiles. Que no se distinga nuestro obrar cristiano por más o menos misas, por más o menos limosnas, por más o menos solidaridad: el culto a Dios, el desprendimiento y la solidaridad son de todos, no sólo nuestros.

Pero que nuestro obrar cristiano se distinga porque quien nos mire, nos vea mirando la Cruz. No a nosotros mismos sino al Traspasado. Porque es eso solo lo que dice la Cruz: no me busques, pero quédate allí, mirando, hasta que vuelva. Quisiera que meditemos en eso, en la posición del corazón que hace cristiano nuestro obrar, que lo hace conforme a la gloria de la cruz.

Editado por Iris de un escrito de Abel DellaCosta
La Meditacion fue traida de AQUI (requieres PDF Acrobat Reader)

Los ojos del alma

Solemos escuchar que los ojos son el espejo del alma y que no mienten. Translucen los estados de ánimo, lo que sentimos y hasta nuestros propósitos: una mirada profunda puede adivinar lo que está ocurriendo debajo de la superficie que mostramos. O puede al menos divisar que algo está pasando, algo que purga por salir pero que las palabras no se animan a decir. Y en el momento en que eso sucede, el sentimiento oculto es descubierto.
 
Pero ese pequeño milagro solo se producirá cuando haya un espacio libre, en el que el encuentro con el otro tenga lugar. La verdadera comunión requiere de una búsqueda, del tiempo y el esmero que merece el otro y su mundo, al que es preciso entrar de puntillas y con cuidado. La mirada es una herramienta sutil que puede servirnos para vislumbrar lo que está detrás de los muros que los hombres construimos en este mundo a veces individualista.
 
Si ponemos el empeño necesario, nuestros dos ojos nos llevarán de a poco a ver con los ojos del alma, y descubrir la en las necesidades ajenas nuestras propias necesidades. Sabiéndonos un poco mas comunicados, solo nos quedara mirar con amor. Si nos sacamos nuestros propios anteojos, empañados por la actividad de mirarnos a nosotros mismos, veremos a los demás a través de cristales nuevos, más nítidos. Y las historias de quienes nos rodean tendrán otros colores.
 
Aprenderemos a mirar con lo que nuestro interior tiene de divino: «Jesús lo miró y lo amó». Los ojos del Señor están siempre fijos sobre sus criaturas, llenos de compasión para con nuestras pequeñas vidas. Imitar su mirada, aún con las imperfecciones humanas, significa dejar de lado las enfermedades de nuestros ojos de alma: cambiar la envidia por una mirada de admiración, el rencor por una mirada misericordiosa, la mirada indiferente por una compasiva, la iracunda por una paciente. Vale la pena tomarnos el tiempo necesario para una segunda mirada, más amorosa que la primera que nos brota, a veces, de sentimientos repentinos que nos enceguecen. No dejar lugar a las miradas indiferentes: lo que nos pasa por enfrente de nuestros ojos nunca es casual, hay un mensaje a descifrar por detrás de lo que parece insignificante.
 
También es preciso enfocar la vista sobre nuestra propia historia, viéndonos débiles y a la vez grandiosos, llenos de aciertos y fracasos. Cuando nos miramos con ánimo de reconciliarnos con nosotros mismos, de dejar nuestro pasado en manos de la misericordia divina y contemplar nuestro presente, se hace un poco más nítido el objetivo de nuestras vidas: el que nos empuja hacia delante, nunca hacia atrás.
 
En los momentos en que la realidad es difícil de tolerar, nuestros ojos tienden a cerrarse; para evitar el dolor en el corazón, preferimos enceguecernos y huir de la circunstancia que nos afecta. Pero el conflicto sigue estando ahí, reclama de nuestra atención y que lo veamos en su justa dimensión, de manera realista. Podremos afrontarlo solamente cuando lo veamos como una oportunidad para crecer.
 
Porque allí donde nuestros ojos no llegan, hay Alguien que nos ama, y que nos insta a salir de nuestros pensamientos y enfocarnos en lo que esa Voluntad quiere de nosotros. Lo que tenemos entre manos tiene su justo lugar dentro de un Plan mayor, y tiene sentido a pesar de que muchas veces no lo encontramos, concentrados tanto en lo pequeño.
 
Ver atentamente, ser curiosos e ir en busca de la belleza detrás de cada cosa y de cada hombre. Fijar la atención en lo que nos dicen los ojos de quienes nos rodean, callar nuestro interior para escuchar las voces quienes hablan en voz más suave. No permitir que los desencantos cansen nuestra mirada, sino que la renueven y la hagan más fuerte, para que se pueda ver en ella transparencia. Después de todo, dicen que las miradas no mienten.
 

Magdalena Abásolo

 

http://www.conoze.com/doc.php?doc=8140

Meditacion del Dia

Cuando Merton trata de la vida del hombre, hace una importante advertencia: «La experiencia interna: lo primero que tienes que hacer; antes de empezar siquiera a pensar en algo como la contemplación es tratar de recuperar tu unidad natural básica, reintegrar tu ser, que se halla dividido en compartimentos, en un todo sencillo y coordinado, y aprender a vivir como una persona humana unificada. Eso signifca que tienes que recoger de nuevo los fragmentos de tu distraida existencia para que, cuando digas “yo”, realmente haya alguien presente que sostenga el pronombre que has pronunciado.»

 

Para Merton, las mayores confusiones a las que puede estar esclavizado el “yo” son el autoengaño y el apego apasionado a las cosas. De esto tuvo gran experiencia en su vida, ¡y nunca se veria libre de tal peligro!. En varios de sus escritos toco este tema: “Para experimentarse a si mismo como de verdad, uno tiene que suprimir la conciencia de su contingencia, su irrealidad, su situacion de menesterosidad radical. Eso se hace creando una conciencia de uno mismo como si no tuviera necesidades que no pudiera satisfacer inmediatamente”.

 

«En la base, esto es una ilusion de omnipotencia: una ilusion que la colectividad se arroga y accede a compartir con sus miembros individuales en funcion de como se sometan a sus fabricaciones mas rigidas y centrales. Seguimos llevando esta carga de ilusion por que no nos atrevemos a soltarla. Sufrimos todas las necesidades que la sociedad nos pide que suframos, porque, si no tenemos esas necesidades, perdemos nuestra “utilidad” en la sociedad, la utilidad de absorber. Tememos estar solos, y ser nosotros mismos, y asi recordar a otros la verdad que hay en ellos.»
 
Thomas Merton

La risa de Lazaro

De todos los personajes que yo haya conocido el que más me impresiona es Lázaro. Sí, Lázaro, el que Jesús resucitó en el Evangelio. Me he preguntado muchas veces cómo seria su vida después de la resurrección, qué pensaría de los que le rodeaban, cómo entendería esa segunda vida que le dieron de regalo. Me gustaría saber qué sentirla al ver de nuevo el sol, al oler las rosas, al acercarse -tal vez temblando- la cuchara a la boca, preguntándose quizá si esta segunda vida no sería un sueño o si, más bien, no habría sido un sueño toda la anterior. ¿Seria ahora -al paladear- lo– más sabroso en su boca el jugo de las naranjas? Y el tiempo, ¿sería ahora para él. más rápido y voraz o, por el contrario, lo vería pasar a su lado majestuosamente lento?
 
No lo sé. Pero de algo estoy seguro: ahora su vida sería distinta, todo tendría sentido, visto, como lo veía, a la luz de la muerte dejada atrás. ¿O quizá seguiría temiendo la segunda muerte, la definitiva? ¿Y la vería con terror? ¿Como un descanso definitivo? ¿Como un deseo de paz?
 
Eugene O´Neill, que, como tantos escritores, ha querido excavar en la vida de este muerto-resucitado, ponla en labios de Lázaro una risa terrible y compasiva cuando él, ya inmortal o, cuando menos, semi-inmortal, se volvía a sus pobres conciudadanos que jamás habian «visto» y les gritaba: «Esa es vuestra tragedia. ¡Olvidáis! ¡Olvidáis al Dios que hay en vosotros! ¡Queréis olvidar! El recuerdo implicaría el alto deber de vivir como un hijo de Dios… generosamente, con orgullo, con risa. ¡Esa seria una victoria harto gloriosa para vosotros, una soledad harto terrible! ¡Es más fácil olvidar, convertirse solamente en un hombre, en el hijo de una mujer; ocultarse en la vida contra su pecho, lloriquearle vuestro miedo a su resignado corazón y ser consolado por su resignación! ¡Vivir negando la vida!»
 
He releído centenares de veces estas palabras, saboreándolas, desmenuzándolas. Porque pocas leí más verdaderas. Es cierto: tal vez Dios misericordioso nos concedió la morfina de¡ olvido para que no tuviéramos que pasarnos la vida descubriendo al lado de qué abismos vivimos, qué riesgo es el nuestro, si perdemos el Dios que llevamos dentro maniatado. El hombre, cada hombre, vive nueve de cada diez horas dormido. Se acurruca en su mediocridad. Vive como si le sobrara el tiempo y como si sus despilfarros de horas pudieran recuperarse mañana.
 
Vivir como el hombre que somos, como el hijo de Dios que somos, sería como tener doce caballos tirándonos del alma, sin dejarnos practicar el deporte que más nos gusta: sestear, dejarnos vivir, recostarnos en la almohada del tiempo que se nos escapa. Sí, cada hora muerta es como si nos arropásemos con nuestra propia losa. Ea, si, bailemos, encendamos el televisor, «matemos» esta tarde. Vivirla seria mucho más cuesta arriba. Y así, vamos matando y matando trozos de vida, convirtiéndonos no en hombres, sino en muñones de hombres incompletos. «Murió prematuramente», decimos de quienes fallecen jóvenes. ¿Y quién no muere habiendo vivido -cuando más- un cuarto de sí mismo?

Martín Descalzo — Razones para el amor

Idolatría — Cuaresma..

jesuspuerta¿Que es la idolatría?. Es sencillamente el adulterio que cometemos contra Dios. Todos debemos de ser fieles al amor de nuestras relaciones, al amor filial con nuestros padres, con nuestros hermanos, la fidelidad en la alianza con nuestros amigos, con nuestra esposa(o)… asi le debemos una fidelidad a Dios, que se traduce en amor y alabanza.

Cuando ponemos a otra mujer en el lugar que le pertenece a la esposa, adulteramos, cuando fallamos al amor y la ternura que le debemos a nuestros padres deshonramos nuestra relación con ellos, cuando ponemos otras cosas y otros asuntos en vez de aquello que por justicia y amor se le debe un lugar mas alto, así somos infieles con nuestros amores, con nuestras promesas inscritas intrínsecamente en nuestras relaciones. Sigue leyendo

Pasaran…

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Las palabras de Dios no pasan, la Palabra no pasa, el mundo sigue dando vueltas, revolviéndose en las mismas situaciones millones de veces similares, pasando por lo mismo, pero la cruz permanece. “El cielo y la tierra” nos dice Jesús, que es lo mismo que decir “todo esto que ustedes conocen, todo eso que el mundo le da tanta importancia pero es barro, tierra y sombras… todo eso pasara, sera olvidado, volverá al polvo donde pertenece… el mundo y sus glorias se desvanecerán, pero mis palabras permanecerán, por que son el pilar de lo que es el hombre”
jesus-cross-407x.jpgLas glorias del mundo se desvanecen, los imperios caen, los triunfadores terminan fracasando, lo exhilarante termina consumiendo, todo lo que el poder y dinero pueden comprar genera desesperación y todo afán humano por las sombras termina en vació. Por mucho que el demonio intento “tentar” al Hijo con la “gloria” de los imperios de la tierra…, con la gloria de un mesianismo triunfante, descendiendo de la mano de Dios del templo de Jerusalen a la vista de todos, por mas que los Jefes del Pueblo con quien Dios mismo había hecho una alianza le pedían que “bajara de la cruz” que “mostrara su gloria”.. El Hijo no lo hizo.. por que las glorias del mundo pasaran, pero ese instante donde el Padre parecía no hablar, donde Dios parecía callar, donde la máxima ignominia en la muerte de la cruz hacia la escena del viernes santo, en ese mismo instante la Gloria de Dios relucía en toda su desbordante sobremedida. Si la transfiguración fue simplemente un destello visible de Dios, en la cruz, mientras el imperio mas poderoso del mundo disponía de la vida y se glotoneaba de sangre, vino y banquete, mientras la élite religiosa celebraba su prepotente “santidad”, había un hombre, El Dios hecho hombre, El Hijo mismo siendo traspasado en su bendito corazón por amor y fidelidad…. cambiando la historia, muriendo por lo único que podemos morir y seguir siendo hombres….

 

El demonio le pedía lanzarse al vació, Jesucristo con picaresca mirada debió haber dicho intimamente que es precisamente lo que hizo, Dios se aventó al vació, pero no para glorificarse ante nosotros, si no para salvarnos… he allí su GLORIA, su desmesurada Gloria…

Las glorias del mundo pasaran…

CJBS

Sobre el Templo de Jerusalén

108.jpgEn la segunda tentación de Jesús, según Mateo, Cristo se niega a dar un salto temerario, esperando la salvación o el rescate por parte de Dios, por medio de sus Ángeles. Lo que Satanás quiere hacer ver como confianza en el Padre, es por el contrario una puesta a prueba de Dios, un “tentarle”.

Lo que hace Jesús es dar otro salto, el salto al abismo de la cruz, de la muerte, este es el verdadero acto de confianza en el Padre, no aquel salto que lo glorificara ante el mundo, si no aquel que demostrara su amor y confianza en la voluntad de su Padre.

Carlos Jose

Jesús en el desierto

Jesús en el desierto
Domingo I de Cuaresma Ciclo A: Mateo 4,1-11

por Abel Della Costa

Una mirada tipológica en torno a los cuarenta días del desierto

Los cuarenta días de la Cuaresma evocan, simbólicamentemente, los cuarenta días en los que Jesús permanece ayunando en el desierto, tentado por Satanás. Nosotros permanecemos cuarenta días, no repitiendo el ayuno de Jesús, sino rememorándolo, y realizando gestos penitenciales que nos permitan penetrar mejor en la gran preparación de Jesús a su Paso.

 

Pero a su vez Jesús, como bien sabemos, permanece en ayuno cuarenta días y cuarenta noches no porque sí, sino porque esa cantidad se inscribe en una figura muy repetida en la tradición del Antiguo Testamento. De todo lo que es posible señalar en este evangelio de San Mateo, me gustaría centrarme en esta figura de los 40 días y en la serie veterotestamentaria a la que alude.

 

Hagamos un rápido catálogo:

Por días:
-40 días y noches duran las lluvias del Diluvio (Gn 7)
-40 días y noches permanece Moisés, ayunando, para recibir la Ley, las dos veces (Ex 24 y Ex 34, y mencionados también en Deuteronomio)
-40 días exploran los 12 israelitas, uno por cada tribu, el país de Canaán (Nm 13)
-40 días hostiga Goliat a Samuel y su tropa, antes del célebre combate con David (1Sam 17)
-40 días dura la acción simbólica de Ezequiel acerca de la culpa de Jerusalén (Ez 4)
-40 días se le da de plazo a Nínive para convertirse

Por años:
-40 años comen los israelitas el maná (Ex 16)
-40 años dura en conjunto el éxodo, como castigo por las rebeldías de Israel (Nm 14 y 32). En Deuteronomio (2, 8, etc.) se hace alusión a lo mismo, pero poniendo más el acento en la prueba que en el castigo)
-40 años duran los reinados de David y luego de Salomón (1Re 2 y 11).
-40 años reinó Joás de Judá, que “hizo lo recto a los ojos de Yahveh todos los días” (2Re 12)
-40 años es el castigo predicho para Faraón (Ez 29)

 

Hay, por supuesto, muchos más ejemplos, no sólo en días y años, sino también en la utilización simbólica del número 40 y sus números relacionados. Sin embargo, podríamos ya señalar los conjuntos de direcciones en las que podemos ver estos 40 días y noches de Jesús. Antes de eso, me gustaría insistir en que no se trata del “significado de los 40 días”, ni muchísimo menos de algo tan amplio como sería el “significado bíblico del número 40”; se trata de un símbolo, y como tal carece de un significado preciso y único; más bien la mención de los 40 días y noches nos pone en dirección a una mirada panorámica, capaz de reunir en un solo lugar acontecimientos tan diversos como un diluvio, un castigo, un premio, etc.

 

Ahora sí, de estos pocos acontecimientos reseñados podríamos separar algunos haces:

 

-El 40 evoca un tiempo perfecto del reinado de Dios en el mundo: David, Salomón, Joás.

 

Desde esta dirección de la mirada podríamos pensar la estancia de Jesús en el desierto no como un extrañamiento o un acontecimiento peligroso, sino como una peculiar manera de realizarse el reinado de Dios, con un Jesús cuya soberanía, aunque escondida, es ya total, porque tiene a Dios como garante.

 

La misión de Jesús se nos presenta en las tentaciones como la realización de un reinado de Dios que está ya contenido en la creación, y que se cumple incluso en medio del influjo del Tentador, de la caída, de la lejanía aparente de Dios: “Dios reina, vestido y ceñido de poder…”, como dice el salmo, ayundándonos a que seamos capaces de afirmar lo que de ninguna manera vemos.

 

-el 40 evoca también un tiempo perfecto de preparación para una misión sagrada: los 40 días de Moisés antes de recibir la Ley, los 40 años del pueblo antes de recibir la tierra (en la interpretación del Deuteronomio ya mencionada). Desde esta dirección de la mirada, Jesús no se muestra como soberano sino como discípulo perfecto de Dios, al modo como se interpreta en Carta a los Hebreos: aprendió en el sufrimiento lo que implica el permanecer a la escucha (Heb 5,8)

 

La misión de Jesús se nos presenta así, no como la realización de un plan prefijado e inamovible, sino como un aprendizaje, como el ensayo de una escucha perfecta de Dios, que se llevará a cabo finalmente en el silencio de la cruz.

 

-el 40 evoca también el tiempo humanamente largo pero limitado, de la tentación, la prueba, no en el sentido anterior de la preparación sino del hostigamiento: Goliat, la duración del Éxodo en la interpretación de Números, etc… si en los dos anteriores el acento está puesto en Dios, en éste lo visible es el tentador, la figura casi naturalista del demonio en los relatos evangélicos. Es verdad que es Jesús quien se somete voluntariamente a la tentación, y es Dios quien en definitiva comanda la situación en favor de los hombres; pero en esta mirada el primer plano lo ocupa la figura de doble cara, aterradora y grotesca, del tentador. No deberíamos minimizar este aspecto de las tentaciones de Jesús, como si se trataran de un mero simulacro de tentación: que Jesús finalmente triunfe no es un resultado meramente automático; Jesús debe ingeniárselas para triunfar, debe encontrar la palabra justa con la que vencer al demonio; como en la escena de Goliat, el hecho de que sepamos de antemano que el pequeño David será el vencedor no quita a la pelea nada de su equilibrio provisorio: David podría haber sido vencido; que no lo fuera no es un automatismo del destino sino una disposición de toda el alma y de todas las fuerzas a luchar en favor y del lado de Dios.

 

Las batallas de Dios se vencen, no por magia, no por automatismo, no por destino, sino por una libre entrega de la totalidad de nuestra fuerza -poca o mucha- a los procedimientos, a menudo incomprensibles, de Dios. No vence Jesús por tratarse del todopoderoso Dios: eso haría del relato de las tentaciones una fantochada, sino porque en la debilidad de su estancia de ayuno y oración en el desierto, no guarda nada para sí mismo, deja que sea Dios quien “ponga las palabras en su boca”. Por eso más adelante, ya en plena misión, Jesús nos podrá enseñar con mucha convicción que no debemos preocuparnos en lo que habremos de decir en los tribunales, porque será el Espíritu quien hable por nosotros: él ha experimentado eso; no lo sabe ni por el catecismo ni por la ciencia divina, sino porque en esa completa disposición ha consistido su vida de Hijo eterno de cara a su Padre celestial.

 

-Y finalmente el 40 abre también la evocación de un tiempo silencioso de espera, de espera que no sabe exactamente que vendrá atrás, a semejanza de los 40 días de la paciencia a Nínive o los 40 días de exploración de la tierra prometida.

 

Imagino que el Demonio creería ser muy ingenioso diciéndole a Jesús: tírate a la piscina sin agua y que los ángeles te salgan al cruce… Jesús probablemente haya sonreído para sus adentros: para qué tentar a Dios, si ya se había tirado a la piscina sin agua, ya lo estaban sosteniendo los ángeles… la misión de Jesús es toda ella, desde cierta perspectiva, una “caída libre en el vacío”, en espera de una mano de Dios que lo sostenga, y que no se muestra ni siquiera en el instante final: “Dios mío, por qué me has abandonado”, dirá en la cruz. Pero a la vez, sigue hacia adelante el camino de esa silenciosa y paciente espera de la revelación del autentico desgnio de Dios, del inusitado y creador designio que nadie puede prever, aunque podemos con entera confinza esperar y celebrar , sin que sepamos exactamente en qué consiste.

 

Carta a los Hebreos interpretara muy acertadamente: “después de haberse dirigido en los días de la carne, con llantos y súplicas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado por su humilde reverencia”… ¿fue escuchado? -pensamos con sorpresa- ¡pero si murió, no fue librado de la muerte!

 

Eso dicen nuestros ojos, que aún están “en los días de la carne”. Visiblemente no fue escuchado, sino que, por el contrario, fue abandonado por Dios, herido y humillado, el castigo de los que merecían en realidad el castigo, cayó sobre él…. por eso las tentaciones de este demonio son risueñas al lado de lo que será la gran tentación de la misión entera de Jesús, de largarlo todo, patear el tablero y dejar a Dios solo, que se arregle con este mundo loco y enceguecido.

 

Y sin embargo Jesús sí que fue escuchado, fue escuchado y librado de la muerte; no de la muerte en la carne, sino de la Muerte, de su poder, de su aniquilación; fue escuchado y convertido no sólo en salvado sino en causa de salvación. ¿Y todo eso por algo en especial? No: todo eso por una mirada, por una disposición a escuchar, por un gesto de humilde reverencia: por haber respetado y no violado el silencio necesario para una espera de Dios. Ese silencio que ensaya y con el que templa su espíritu en estos cuarenta días del desierto.

 

De todas estas direcciones yo creo que esta cuarta es la que reúne y da sentido a las demás, la que muestra que la soberanía de Dios no es prepotencia, la preparación no es titubeo, la tentación no es sobremedida, sino todo ello sagrado porque en el tiempo de la espera está también el tomar contacto con lo más íntimo del silencio divino, esa intimidad de donde el propio Dios saca su Palabra, esa que no puede dejar de pronunciar.

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