Frase del dia..

No existe mayor error y estupidez humana que pensar que no existiran fracasos, fracasos rotundos y profundos, letales, inmortales, sedientos de tomar nuestra esperanza.

La escalada a la cima esta llena de rocas hirientes, de fríos congeladores, de huesos rotos.. de desviaciones de ruta, de desorientación… La bajada desde la cima hasta las faldas de la montaña, esta llena de obstáculos consume esperanza, de filos al filo de la muerte, de caídas, de recuerda miedos, como las gigantes olas de Australia y sus tiburones a la espera de un error… o como las impresionantes escaladas del alma a otra alma, sinuosos caminos, tormentosas exigencias del amor, amores que duelen, amor que da hasta que duela….

josSobreviviremos? poco importa… si el error lleva a la muerte solo Uno puede regresarnos a la vida… asi que ¿que es el fracaso? ¿si no el que nos evita volver a subir una vez mas? ¿el que nos evita comenzar de nuevo? ¿El que nos evita que la vida sea vida, engendre vida y lleve vida ?. CJBS

Anuncios

e.e

¿Qué es la vida? ¿Sirve de algo?

Todo lo que el hombre realiza tiene como objetivo final el perfeccionamiento del propio hombre. Toda actividad, el trabajo, deporte, desde la simpleza de levantar la basura, hasta realizar nuestra labor con toda el alma, aquel que juega futbol, o se dedica a actuar y divertirnos, aquel que trabaja 4 horas o 12 horas al dia. Sigue leyendo

El Juicio Final


No me podría tomar en serio a Dios, si no sintiera que él me toma en serio, muy en serio; incluso en lo cotidianamente juguetón que es en mi vida; incluso en la patente gratuidad con la que me recibe, lo hace con completa seriedad. No adustez, que no es lo mismo, no con cara de gruñón, sino con la actitud de “lo que es sí es sí y lo que es no, es no”.

Por eso de entre las cuestiones que culturalmente estamos dejando de lado del Credo, el olvido de la radicalidad y seriedad del Juicio (junto con el escatológico Reinado de Dios y la resurrección de los muertos) me parece un punto a meditar. Sigue leyendo

La Transfiguración

«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»


-«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición.»

Desde aquellas tierras de Ur, Dios llama a Abrán, le pide algo extraordinario y le promete algo desproporcionado. Le promete la paternidad de un pueblo, un pueblo que sera bendición para las naciones. Ya podemos describir lo que viene desde Abraham: profetas, destrucción, restauración, fidelidad, e infidelidad, alianzas, advertencias, todo digno de la mas vulgar y común telenovela, entre amantes, esposos y vecinos, entre Dios, su pueblo, los ídolos y los otros pueblos. Pero todo eso tiene un garante, la promesa de la bendición de Dios, bendición que llega con la encarnación, pasa por el bautismo,  (el otro momento donde el Padre dice: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.») pero se deja VER en dos momentos, uno claro y otro oculto. La transfiguración es el lugar donde la bendición toma forma, y son testigos de ello dos de los pilares del AT, Moisés y Elias… y tres de los pilares del NT, Pedro y los hermanos del trueno, Santiago y Juan. El pueblo de Dios, desde los profetas a la Iglesia contemplan la bendición, hecha a la humanidad en la persona de Abrán.

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

>Cuando Dios da su ley en el monte a Moisés, su presencia se describe como una Nube,

24,15: Y subió Moisés al monte. La nube cubrió el monte.

24,16: La gloria de Yahveh descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días.

Cuando Dios manifiesta su gloria en la Encarnación se dice que a Maria la cubrio su sombra,

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.”

Asi en el AT la bendición que comienza con una promesa a Abrán y la gloria de Dios manifestada a Moisés con la ley, llegan a su antitipo, a su plenitud y cumplimiento, en la ley encarnada, en la Palabra de Dios que se encarna cuando la gloria de Dios cubre a Maria, la Palabra, Jesucristo, que siguiendo la voluntad del Padre, se identifica, toma el lugar de nosotros los pecadores (bautismo) y muestra su gloria en la transfiguración, gloria manifiesta junto con el Padre y el Espíritu, el cual se complace en su Hijo amado, al que Dios pide escucharle.

La otra cara oculta de la gloria de Dios, y que es a lo que apunta esta lectura en la cuaresma, es la transfiguración de cara a la cruz.. la ultima y verdadera glorificación de Dios, su sobreabundancia e inmoderación en el amor que llega al extremo, la locura y el myserium, esa numinosidad que se imponía en el hombre religioso, llega a su culmen en la cruz, plenitud del amor de Dios que engendra vida.. la resurrección, la vocación ultima del hombre pagada y ganada por Dios con su muerte..

-«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Alli, donde la antigua alianza y los profetas, entre Moisés y Elias, se une a la naciente Iglesia (Pedro, Juan, Santiago) se muestra el contenido desmesurado de la bendición prometida a Abrán.. la Gloria de Dios, mostrada en el plan infinitamente sobreabundante del Padre, el Espiritu y el Hijo que unen, “encarnan” esa (su) Gloria, en el empeño de un amor nunca antes visto o imaginado, ese amor que salva, nos salva, ese amor que hace de mi, la causa de todo esto.. de este acto de Dios en su amor, manifestado alli, donde los hombres antes tenian su silencio y perdición, en la cruz.

Carlos José Bartolomé Santos