La oración

“Si quieres sufrir con paciencia las adversidades y miserias de esta vida, sé hombre de oración.

Si quieres alcanzar virtud y fortaleza para vencer las tentaciones del enemigo, sé hombre de oración.

Si quieres mortificar tu propia voluntad con todas sus aficiones y deseos, sé hombre de oración.

Si quieres vivir alegremente, y caminar con suavidad por el camino de la penitencia y del trabajo, sé hombre de oración.

Si quieres alejar de tu ánima las moscas importunas de los vanos pensamientos y cuidados, sé hombre de oración…

Finalmente, si quieres desarraigar del ánima todos los vicios y plantar en su lugar las plantas de las virtudes, sé hombre de oración. Porque en ella se recibe unción y gracias del Espíritu Santo, la cual enseña al hombre todas las cosas”.

San Buenaventura

Madurez Interior

Todo hombre es un ser social, abierto a los demás. Para cualquier persona, los otros son una parte importante de su vida. Su realización plena como persona está indefectiblemente ligada a otros, pues todos sabemos que la felicidad depende en mucho de la calidad de nuestra relación con quienes componen nuestro ámbito familiar, laboral, social, etc.

Sin embargo, no puede olvidarse que el hombre no sólo se relaciona con los demás, sino también consigo mismo: mantiene una frecuente conversación en su propia interioridad, un diálogo que se produce de forma espontánea con ocasión de las diversas vivencias o reflexiones personales que todo hombre se hace de continuo.

Y ese diálogo interior puede ser estéril o fecundo, destructivo o constructivo, obsesivo o sereno. Dependerá de cómo se plantee, de la clase de persona que se sea. Si uno tiene un mundo interior sano y bien cultivado, ese diálogo será alumbrador, porque proporcionará luz para interpretar la realidad y será ocasión de consideraciones muy valiosas. Si una persona, por el contrario, posee un mundo interior oscuro y empobrecido, el diálogo que establecerá consigo mismo se convertirá, con frecuencia, en una obsesiva repetición de problemas, referidos a pequeñas incidencias perturbadoras de la vida cotidiana: en esos casos, como ha escrito Miguel Angel Martí, el mundo interior deja de ser un laboratorio donde se integran los datos que llegan a él, y se convierte en un disco rayado que repite obsesivamente lo que con más intensidad ha arañado últimamente nuestra afectividad.

La relación con uno mismo mejora al ritmo del grado de madurez alcanzado por cada persona. Las valoraciones que hace una persona madura -tanto sobre su propia realidad como sobre la ajena- suelen ser valoraciones realistas, porque ha aprendido a no caer fácilmente en esas idealizaciones ingenuas que luego, al no cumplirse, producen desencanto. El hombre maduro sabe no dramatizar ante los obstáculos que encuentra al llevar a cabo cualquiera de los proyectos que se propone. Su diálogo interior suele ser sereno y objetivo, de modo que ni él mismo ni los demás suelen depararles sorpresas capaces de desconcertarle. Mantiene una relación consigo mismo que es a un tiempo cordial y exigente. Raramente se crea conflictos interiores, porque sabe zanjar sus preocupaciones buscando la solución adecuada. Tiene confianza en sí mismo, y si alguna vez se equivoca no se hunde ni pierde su equilibrio interior.

En las personas inmaduras, en cambio, ese diálogo interior de que hablamos suele convertirse en una fuente de problemas: al no valorar las cosas en su justa medida —a él mismo, a los demás, a toda la realidad que le rodea—, con frecuencia sus pensamientos le crean falsas expectativas que, al no cumplirse, provocan conflictos interiores y dificultades de relación con los demás.

Una persona madura y equilibrada tiende a mirar siempre con afecto la propia vida y la de los otros. Contempla toda la realidad que le rodea con deseo de enriquecimiento interior, porque quien ve con cariño descubre siempre algo bueno en el objeto de su visión. El hombre que dilata y enriquece su interior de esa manera, dilata y enriquece su amor y su conocimiento, se hace más optimista, más alegre, más humano, más cercano a la realidad, tanto a la de los hombres como a la de las cosas.

Fuente

Alfonso Aguiló Pastrana

Necesitas Reflexionar

Cuando una persona se encuentra agobiada por el peso de una preocupación, solemos decirle que necesita distraerse. Y le recomendamos que salga un poco de todo ese entramado de tensiones que le oprimen, y busque fuera de él un horizonte más luminoso y recomponedor. Y efectivamente, lo normal es que ese periodo de descanso en un ambiente gratificante produzca el cambio deseado.

Pero también se puede dar el caso de que lo que una persona necesite no sea distraerse sino reflexionar: volverse sobre sí misma para hacer de su vida objeto de sereno estudio, y encontrar así conclusiones válidas para eliminar errores y vivir con más acierto.

Reflexionar con sosiego puede tener resultados muy beneficiosos para quien esté convencido de su necesidad. Lo malo es que muchas veces es precisamente esto lo más difícil, convencernos de que necesitamos reflexionar. Porque no suele costarnos comprender que necesitamos distraernos, pero cuando la necesidad es de reflexión, nos cuesta más caer en la cuenta, no se sabe bien por qué.

Quizá se deba, en bastantes ocasiones, a que la reflexión va intrínsecamente unida a la conducta diaria, y quizá advertimos que hemos de cambiar algo en nuestra vida, y nos cuesta hacerlo, y rehuimos pensar en ello. Si esto nos sucede -continúo glosando ideas de Miguel Angel Martí-, debemos alertarnos. Cuando la vida va más aprisa que nuestro pensamiento y nos encontramos actuando sin habernos dado tiempo a hacer una elección razonada, precisamente entonces resulta urgente decirnos, o que alguien nos diga: «necesitas reflexionar». Porque de no hacerlo, nuestras reflexiones (cuando las haya) serán siempre a posteriori, a hechos consumados. Y la reflexión -que es el ejercicio de la razón aplicada a nuestra propia vida- debe estar al inicio de nuestro actuar, para así elegir lo mejor.

La huida hacia adelante -que suele justificarse luego con complicadas razones que intentan disculpar los comportamientos erróneos- es una grave equivocación, de la que siempre sale perjudicado quien la toma como norma de conducta. Esta fuga hacia adelante deja de lado a la razón, que queda obligada a aparecer sólo al final, como una pobre esclava que es reclamada en última instancia para intentar justificar una elección que comprendemos que fue errónea.

El hombre no puede prescindir de la razón. Y si en lugar de darle una misión de alumbrar la verdad y el bien, la convierte en una simple justificadora de conductas, cuya máxima norma suele ser «está bien porque lo he hecho yo (y todo lo que yo hago, para mí está bien)», entonces se produce una perversión del uso de la razón, y la que debía ser antorcha de la verdad, pasa a ser una simple venda que tapa las heridas de una conducta irreflexiva.

La reflexión no es una actividad exclusiva de los filósofos. A lo largo de su vida, el hombre sensato se pregunta con frecuencia por su propia identidad, se hace cuestión de sí mismo, se interesa por él, no sólo por su actividad, se vuelve a su mundo interior en busca de respuestas. Y caemos entonces en la cuenta de que nos equivocamos, y descubrimos la importancia de la verdad, experimentamos como angustiosa la duda y deseamos salir de ella, surge en nosotros la incertidumbre, a veces también el desconcierto. Y se nos hace necesario pensar, poner orden, relacionar datos, examinar experiencias pasadas, ver posibles consecuencias en caso de optar por una solución determinada.

Y luego podemos preguntar, y pedir consejo, pero al final nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo contrastadas que se quieran, pero la última palabra la debemos dar nosotros. Y esa última palabra debe ser pensada con la seriedad que se merece.

Fuente

Alfonso Aguiló Pastrana

Diccionario – Enciclopedia

INMANENTISMO
SaMun

Se llama i. a toda doctrina o actitud que de alguna manera se cierra a la -> transcendencia, es decir, a la relación con lo «otro», porque cree que el sujeto encuentra lo «otro» en sí mismo de una forma equivalente. De este modo, en aras de una «interioridad» mal entendida o de un compromiso intramundano, el i. destruye la auténtica actitud religiosa, que es la aceptación de un Dios adorado como el totalmente otro y un dejarse sorprender con gratitud por la siempre insospechable novedad de la acción de su gracia en la historia.

El Año Liturgico

El Año litúrgico o Calendario litúrgico es el ciclo de las celebraciones litúrgicas durante el año de las iglesias cristianas que determina cuando se celebran las fiestas, memoriales y solemnidades y qué porciones de las escrituras deben ser leídas. La iglesia occidental (Católica y evangélica) y la oriental (Ortodoxa) tienen distintas fechas para las distintas fiestas pero la secuencia es esencialmente la misma.

El Año Litúrgico esta dividido en varios ciclos, llamados tiempos litúrgicos:

* Tiempo de Adviento
* Tiempo de Navidad

* Primera parte del Tiempo Ordinario

* Tiempo de Cuaresma
* Triduo Pascual

* Tiempo de Pascua

* Segunda parte del Tiempo Ordinario

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Por que el amor es un mandamiento


El mandamiento del amor es como una especie de “recordatorio” de lo que conviene a nuestro ser para realizarse en plenitud.

Egoísta sería si ese recordatorio nos dijera lo que conviene al ser de Dios, pero él, no necesita de nuestro amor, con necesidad metafísica, con necesidad que define lo que él es; nosotros necesitamos nuestro ser, obtenido en el amor; Dios en cambio en el amor ofrece su ser, y más bien lo pierde (¡lo matan, lo matamos!) que lo gana.

Por otra parte de alguna manera lo necesita, necesita nuestro amor, y nosotros el de él. “De alguna manera”, es decir, de la manera en que vino a revelarnos Jesús que es la intimidad íntima de Dios. En esa intimidad desaparecen las necesidad metafísicas y aparecen las necesidades del… amor, precisamente, necesidades que son siempre recíprocas. Dios nos seduce para que lo amemos, y, sí, qué se han creído?, también queda seducido por nosotros, no por una masa de misantes sino por cada uno que le habla y le dice y le pide y lo llama y lo ama.

Y que entre todos en conjunto venimos a ser una especie de comunidad de amor, pero no de amor como si fuera algo estático, algo que está allí y vengo y saco un puñado, sino de amor que se da y se pide, se ofrece y se rechaza, se desdeña y mañana se vuelve a anhelar, porque por un rato ya no está.

Y en el medio el par de mandamientos que a veces suenan a recordatorio y a veces a cierta humorada de Jesús de poner en el corazón mismo de la Ley algo que haga explotar y desaparecer a la Ley como medida: «¿quieres Ley? ¿sólo harás caso a una Ley? ¿sólo te obliga la Ley? ¿me apuras con la Ley? ¡toma Ley! ésta es toda la Ley, y también los profetas (para cuando me pidas profetas…)»

El amor es el contenido de un mandamiento, o mejor, de dos mandamientos, que son un solo mandamiento, y que no son ningún mandamiento: mandan que de allí en más no sea posible mandar con carácter último y definitivo; mandan no mandar, e instauran con el poder y el cetro de la potencia divina, la debilidad más grande que sea posible en este mundo y en el otro: alguien que deja rendido su ser, y pendiente, en otro.

-¿Qué has hecho, Abel, de esto que te di, qué has hecho?

-Esto, y aquello, sé que es poco, pero por lo demás no supe, o no pude, o no quise, no lo sé…

-Pero, ¿me amas? que no quiere decir algo que tienes ni que eres sino algo que deseas? ¿me amas? que es algo que tiene que ver con la expectativa tuya, y con mi cumplimiento? ¿me amas? que es que estamos frente a frente preguntándote yo y tú hurgándote en los bolsillos por ver si tienes algo para darme y yo no necesito nada? ¿me amas? Era eso, tan simple: estás allí y se te disuelve todo de sólo pesarte sin mí, y se me disuelve todo si no estuvieras allí… ¿me amas? ¿te ocurre eso? ¿te disuelves? ¿me amas?

(……)

Si bien es cierto que en el estado de alienación actual, post-caída, todo lo que es proporcionado a nuestro auténtico ser nos ha quedado lejos, separado, no lo vemos como algo que nos corresponde; y por lo tanto el amor, y especialmente el amor a Dios, es normal que se convierta en un mandamiento.

Sin embargo…. ¿qué feo no?

Las leyes civiles, por ejemplo, mandan y custodian que los padres hagan efectivo el cuidado de la prole, con severos castigos si no cumplen, pero sería chocante que mandaran amarlos.

La ley de Dios no manda amar a los padres, sino a honrarlos, es decir, a hacer efectivos los gestos del amor filial, se supone que se los ama, pero si no (cosa que puede ocurrir), no deben faltar los gestos del amor, que son los que hacen bien inmediato al otro.

De hecho, creo que tampoco el primer mandamiento, en la redacción del Deuteronomio (que es la que citaban los rabinos [y Jesús], manda amar a Dios, más bien dice:

“Escucha, Israel, nuestro Yahveh es el único Yahve”… y “[entonces] amarás a Yahveh con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza. Las palabras que hoy te digo se grabarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en casa y de viaje, acostado y levantado…”

La redacción da a entender que el amor es el resultado de la escucha: es un resultado, no una acción, no es un esfuerzo mío, el esfuerzo es escuchar y del escuchar, de la “obediencia de la fe” como la llama San Pablo, surge el doble movimiento del amor en el corazón, y la confesión en a boca: si confiesas con tu boca que Jesús es Señor (¡que Jesús es Yahveh! eso entendía un judío, Madonna santa!), y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.

Escucho la verdad acerca de Dios: nuestro Yahveh es el único Yahveh (quizas haya otros dioses en un olimpo tan enorme, pero sólo uno es Yahveh).

Si permanecí verdaderamente atento, ya no querré hablar de otra cosa, estando en casa y de camino, acostado y levantado, como dice el pastorcico de San Juan de la Cruz:

Ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio
que tan sólo en amar es mi ejercicio.

Abel

Estar con Dios

Vacilación frente al triunfo del mal

¡Qué bueno es Dios para Israel,
para los limpios de corazón!

2 Pero casi se desvían mis pasos,
faltó poco para que diera un traspié,
3 porque tuve envidia de los presuntuosos,
al ver la prosperidad de los malvados.

4 Para ellos no hay sufrimientos,
su cuerpo está sano y robusto;
5 no comparten las penas de los hombres
ni son golpeados como los demás.

6 Por eso, el orgullo es su collar
y la violencia, el manto que los cubre;
7 la malicia se les sale por los poros,
su corazón rebosa de malos propósitos.

8 Se burlan y hablan con maldad;
desde lo alto, amenazan con prepotencia;
9 su boca se insolenta contra el cielo
y su lengua se pasea por la tierra.

10 Por eso, el pueblo de Dios se vuelve hacia ellos,
y beben el agua a raudales.
11 Ellos dicen: “¿Acaso Dios lo va a saber?
¿Se va a enterar el Altísimo?”.

12 Así son esos malvados
y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.

13 Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón
y lavé mis manos en señal de inocencia?

14 Porque yo era golpeado todo el día
y cada mañana soportaba mi castigo.

15 Si hubiera dicho: “Voy a hablar como ellos”,
habría traicionado al linaje de tus hijos.

16 Yo reflexionaba, tratando de entenderlo,
pero me resultaba demasiado difícil.

17 ¡Hasta que entré en el Santuario de Dios
y comprendí el fin que les espera!

18 Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo
y los precipitas en la ruina.

19 ¡Qué pronto quedan devastados
y acaban consumidos por el horror!

20 Son como un sueño al despertar, Señor:
al levantarte, disipas hasta su imagen.

21 Cuando se agriaba mi corazón
y me torturaba en mi interior,
22 yo era un necio y no comprendía,
era como un animal ante ti.

23 Pero yo estoy siempre contigo,
tú me has tomado de la mano derecha;
24 me guiarás con tu consejo
y después, me recibirás con gloria.

25 ¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo?
Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra.

26 Aunque mi corazón y mi carne se consuman,
Dios es mi herencia para siempre
y la Roca de mi corazón.

27 Los que se apartan de ti terminan mal,
tú destruyes a los que te son infieles.

28 Mi dicha es estar cerca de Dios:
yo he puesto mi refugio en ti, Señor,
para proclamar todas tus acciones.

Sal 73

***

3 porque tuve envidia de los presuntuosos,
al ver la prosperidad de los malvados.

Cuantas veces no damos este mal paso, este mal pensamiento y planteamiento. Tuve envidia de los arrogantes, de los presuntuosos, de los exitosos, de los que se enriquecen a base de mentiras, los que pecan y parecen divertirse. Como el hermano mayor en la parabola del hijo prodigo que envidiaba la suerte de su hermano que después de desperdiciarlo todo en prostitutas y diversión es acogido con amor y misericordia – ¿No te he servido siempre padre, y que me has dado?, el pensamiento que de fondo nos deja ver, es que este hijo servia al padre por miedo, el tal vez también queria irse a despilfarrar su herencia.. por eso envidia la suerte del que se permitio tal vida.

4 Para ellos no hay sufrimientos,
su cuerpo está sano y robusto;

Aquellos que todo desprecian, y por despreciarlo no pueden amarlo y al no amar no conocen de dolores y sufrimientos , los tendran en lo profundo pero el salmo no llega aun alli, por lo pronto nos deja ver que el prepotente y arrogante no parece sufrir ni dolerse, si no al contrario se ve fuerte y sano.

8 Se burlan y hablan con maldad;
desde lo alto, amenazan con prepotencia;
9 su boca se insolenta contra el cielo
y su lengua se pasea por la tierra.

No solo actuan de tal manera si no que se burlan del “bueno” de quien busca la belleza, la verdad y el bien, no temen ni a Dios ni a los hombres, ¿Dios? ¿quien es Dios?, blasfeman al cielo y se jactan en la miel de su palabreria ante los hombres, su poder, su capacidad, su dinero, su arrogancia son su alimento y su presunción.

11 Ellos dicen: “¿Acaso Dios lo va a saber?
¿Se va a enterar el Altísimo?”.

12 Así son esos malvados
y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.

Y detras de todo este circo de mundano, se sienten tranquilos.. “en paz” paz anhelada por el corazón humano… y con todo esto ven si riqueza aumentar, su poder despuntar, su placer se expande en extravaganza y voluptuosidad.

13 Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón
y lavé mis manos en señal de inocencia?

14 Porque yo era golpeado todo el día
y cada mañana soportaba mi castigo.

Y entonces viene el pensamiento… ¿de que sirve todo esto? ¿de que sirve cuidar mis pasos si soy golpeado, de que sirve hacer el bien si soy “castigado”? ¿ de que sirve mantenerme puro si paso pena, enfermedad y dolor…? ¿De que sirven unas manos limpias si vivo en pobreza, si los poderosos se burlan de mi, si se pasean con sus amplios placeres escupiendo al cielo frente a mi, mientras yo recogo las migajas de su orgullo?

15 Si hubiera dicho: “Voy a hablar como ellos”,
habría traicionado al linaje de tus hijos.

16 Yo reflexionaba, tratando de entenderlo,
pero me resultaba demasiado difícil.

Entonces el Salmista da un paso atras “Si hubiera….”, si hubiera hablado como ellos, habria traicionado. El Salmista esta recorriendo su propio pensamiento hasta lo profundo de su corazón, experiencia y sabiduria… Si hubiera terminado en la desesperación y siguiendo los pasos de los arrogantes “Voy a hablar como ellos” hubiera traicionado al linaje de tus hijos.

Traicionar el linaje de tus hijos, que significa traicionar lo que creo, por lo que amo y por lo que vivo… traicionarme a mi mismo.

Pero este pensamiento del corazón no le basta…. “Yo reflexionaba, tratando de entenderlo, pero me resultaba demasiado dificil”  Es decir, ni si quierala fidelidad a lo que cree basta para comprender o sobreponerse a la pregunta ¿De que sirve realmente todo esto? ¿donde esta Dios, tu rostro y tu justicia? Le resultaba dificil comprenderlo. El Salmista no esconde las dificultades por las que pasa un hombre que se planta de frente a la realidad y se pregunta, pregunta, busca.

17 ¡Hasta que entré en el Santuario de Dios
y comprendí el fin que les espera!

Cuando todo parecia terminar en resignación.. en la incapacidad de comprender y de simplemente seguir fiel a eso que se ama sin comprender… resulta la esperanza, el rostro de la esperanza: “Hasta que entre en el Santuario de Dios!”  Entrar en el Santuario de Dios, era adentrarse a la presencia del Señor, a estar en su ignota e incomprensible, pero siempre presente compañia.. era lo mas cercano a contemplarlo. La fidelidad a las tradiciones no bastaron.. hasta que no entro en el Santuario, en la prescencia de Dios COMPRENDIO.

18 Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo
y los precipitas en la ruina.

19 ¡Qué pronto quedan devastados
y acaban consumidos por el horror!

Ante la prescencia de Dios, renace la esperanza de la justicia.. “tu los precipitas a la ruina, pronto quedan devastados y consumidos por el horror”, es el canto de victoria de la justicia sobre la injusticia, del verdadero poder sobre el poder mundano, la esperanza de la gloria del bien sobre el mal, de Dios sobre lo que nos destruye.

20 Son como un sueño al despertar, Señor:
al levantarte, disipas hasta su imagen.

21 Cuando se agriaba mi corazón
y me torturaba en mi interior,
22 yo era un necio y no comprendía,
era como un animal ante ti.

Esta enigmatica parte del Salmo es dificil de decifrar… “Son como un sueño al despertar, Señor: al levantarte, disipas hasta su imagen” Dios esta dormido, como si no pudiera entrar en el mundo, esta pero no esta, omnipotente, pero impotente en la cruz… pero al levantarse, disipas hasta su imagen…. borras las tinieblas y las disipas con la gloria de tu amor y verdad.. con tu rostro.

El Salmista recorre su propio pensamiento, se autoanaliza, se pone frente a el mismo y comprende, que mientras se torturaba tratando de encontrar a Dios, de encontrar respuesta a la injusticia vista, ante un corazón roto, confundido entre la envidia de la suerte del malvado y la fidelidad a lo que el es…. se estaba haciendo necio, y no comprendia, se embotaba y era como un animal ante el Señor. ¿Como un aminal? Alguien que se deja llevar, que se arrastra, alguien sin sabiduria, sin comprender la profundidad del corazón de su Fe…..  ¿Y cual es esta Fe…..? el Salmo cierra de la siguiente manera:

23 Pero yo estoy siempre contigo,
tú me has tomado de la mano derecha;
24 me guiarás con tu consejo
y después, me recibirás con gloria.

Los poderosos, los arrogantes, los blasfemos, los embotados por el placer y el dinero, por su propia importancia, los que antes causaban envidia del Salmista han quedado olvidados…  han quedado consumidos por la frase “Yo estoy siempre contigo” Que bien podria decirse a la inversa…. como palabras que Dios nos dirige. Todo ha quedado dicho…. toda duda, toda fidelidad, queda en el corazón de ESTAR con Dios….. lo demás no es si no una descripción de ello.

“Tu me has tomado de la mano derecho, me guiaras con tu consejo”  Dios lo toma de la mano derecha, como un Padre toma la de su hijo pequeño, para guiarlo por la vida, por su juventud y su camino… “Y después me recibiras con gloria” Este caminar juntos termina con el maximo don y felicidad…. ser recibido una vez terminado el camino, con gloria en su propia casa, en el hogar que le pertenece… en estar con Dios por la eternidad.. ese es el paraiso.

25 ¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo?
Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra.
26 Aunque mi corazón y mi carne se consuman,
Dios es mi herencia para siempre
y la Roca de mi corazón.

“Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra”... este no es un falso espiritualismo, como ya vimos anteriormente, ese “estar con Dios” es ya desde el momento en que entra al Santuario, es ya desde aqui, desde la tierra, donde se vive con El…. “no deseo nada en la tierra” no significa un desprecio a la vida, si no un rechazo a la mundanidad que antes envidiaba del arrogante…. Dios es su único deseo.. su voluntad. “Aun que mi corazón y mi carne se consuman, Dios es mi herencia para siempre y la Roca de mi corazón” Ahora ya no importa el dolor, el sufrimiento, no importa que su carne se consuma, no le importa la ignominia ni las burlas….. Dios es su herencia, lo único que espera obtener de esta vida, es la ROCA de su corazón… es la profunda realidad de lo que llamaba a “no traicionar el linaje de sus hijos”… la verdad detras de la promesas que habia guardado en su corazón era una sola…. “estar con Dios”… esa es la roca, la base, el bastión donde se para su convicción….. ahora VE claramente el rostro de su esperanza y el por que de su Fe.

27 Los que se apartan de ti terminan mal,
tú destruyes a los que te son infieles.
28 Mi dicha es estar cerca de Dios:
yo he puesto mi refugio en ti, Señor,
para proclamar todas tus acciones.

El Salmo termina, ¿como terminan mal los que se apartan de Dios? ¿sera que pierden su poder, su riqueza y sus placeres? Recien el Salmista ha encontrado la verdad de su vida y su felicidad… la compañia de Dios… por lo que los que se apartan de Dios no terminan mal por perder todo lo que los consumio, si no por perder el único bien, la única felicidad, lo que buscamos en las profundidades de nuestro ser… a Dios.

La justicia permanece “tu destruyes a los que te son infieles”

Y se refuerza la esperanza.. “yo he puesto mi refugio en ti, Señor, para proclamar todas tus acciones”  El Salmista comprende que la verdad de su existencia esta en el amor a Dios… en refugiarse en su escucha… Cuando una pareja de personas que se aman la una a la otra, se les pregunta al final de sus vidas ¿Y que fue lo que ganaron después de todo lo que pasaron?…. estar el uno con el otro.. Al final de la vida.. lo único importante es estar o no estar solo…. pero no de cualquier compañia… si no de aquel amor que esta dispuesto a llenar completamente al hombre, aquella compañia que es la roca de toda demás compañia humana….. Al final de la vida, el Cristiano comprende que no se trata de salvarse, no se trata de pertenecer al estrecho numero de elegidos, mientras condenamos a los demás, no se trata de temer el castigo, “el infierno” , no se trata de comerciar con la compañia de Dios “tu me das yo te doy”,  no se trata ni si quiera al final de buscar ya lo mejor para uno, la paz que Dios da, su compañia por que me da felicidad…. se trata al final de la logica y escencia del amor…. que lo único que desea es estar alli, estar aun en la incomprención de quien se ama, aun en su silencio, aun en su aparente desamor…. al final de la vida se es Cristiano por que Dios ha conquistado nuestro corazón.. y entonces si…. como todo amor… “para proclamar todas tus acciones.”   no le queda mas que proclamar lo que ama… hablar de lo que ama…. no le queda mas que estar alli, escuchando y diciendo todo aquello por lo que vive, todo aquello que arrebato su corazón una vez que lo escucho, una vez que vivio ese amor.

CarlosJoséBartoloméSantos