¿Quienes se salvan?

Lc 13,22-30, un evangelio precioso por donde se lo mire. No puedo evitar que me cause gracia el sereno humor con el que Jesús está siempre dispuesto a disculpar y a darle un poco de profundidad a las chapucerías de sus discípulos:

«Señor, ¿son pocos los que se van a salvar?»

Todos sabemos que en realidad le estaban preguntando: «Señor, ¿seremos pocos…?»

“Usa Rolex, un reloj para pocos”, “no sigas al rebaño: bebe Bieckert”, Luis Vuitón se retiró del sponsoreo de la America´s Cup porque el evento dejó de ser para pocos (era para tres y ahora es para cinco), las sectas se consuelan en que el Señor dijo que muchos eran los llamados pero pocos los escogidos, así que si son pocos, pues, en el fondo, tanto mejor… todos queremos sentir que pertenecemos a los pocos, a los exclusivos, a los que están en la pomada y saben bien de qué va la cosa.

En la época de los discípulos no había Rolex, Bieckert, ni America´s Cup, pero tenían a flor de labio la cuestión del “resto santo” del que habían hablado los profetas… todos querían ser el “resto santo”, había tantos “restos santos” que juntándolos se podía hacer otro pueblo elegido: los esenios, los zelotes, los fariseos, los bautistas, etc etc etc…. cada uno quería ser el “resto santo”… ¡y cómo no! nosotros, los que seguimos a este Jesús por los polvorientos caminos de Galilea y Judea, ¿cómo no vamos a ser el resto santo, como no vamos a heredar un reino mucho más exclusivo que el resto?

El fragmento comienza precisamente así: «Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.»

Mientras él trata de llevar la gracia a todos, estos palurdos le quieren sacar un reino que sea para ellos solos. ¿O acaso no nos hemos preguntado a veces de qué vale ser católico si se van a salvar quizás todos (menos nosotros)?

Bueno, ¿qué le responde Jesús a esto?

La verdad la verdad… ¡no les responde nada! ni sí ni no ni blanco ni negro. Los deja con las ganas de saber si van a ser muchos o pocos.

En realidad un tiempo después sí que responde: «Esta es mi sangre, que se derrama por muchos», así que de pocos, olvidarse, la cosa va por muchos y para muchos, es más, va por “los muchos”, expresión que significa “la mayoría” o “todos”, según el contexto.

Pero bueno, eso será un tiempo más tarde, por ahora no les responde nada a la pregunta que ellos se hacen; en cambio, les propone algo que ellos no se esperaban: “luchen para entrar por la puerta estrecha”.

De esto algunos moralistas de esos que Dios manda uno por siglo para castigo nuestro dedujeron que sólo hay una puerta, y es estrecha, pero resulta que Jesús no dice exactamente eso, es más, más bien da a entender precisamente lo contrario. No dice que hay dos medidas, pero lo sugiere; poco más adelante dirá que mientras los que se agolpan ante la puerta estrecha son echados fuera, al llanto y rechinar de dientes, entran contingentes de invitados provenientes de los cuatro puntos cardinales… evidentemente deben entrar por otra puerta, porque la estrecha está llena de católicos tratando de que el Señor les compute los rosarios y misas que hicieron durante toda su vida.

Así que estamos ante una respuesta que sigue el humorismo que ya hemos visto otras veces: recordemos algunos ejemplos: el joven rico, cuando Jesús le pone al hombro una carga insoportable como es vender todo lo que tiene, ya que se hacía el gallito de ser capaz de cumplir todo. Cuando los discípulos les preguntan si van a poder acompañarlo en sendos tronos en el reino, y Jesús les saca el compromiso de seguirlo en la cruz, y luego les dice que los puestos del reino no los distribuye él sino el Padre. Cuando se burla del estrecho criterio de Natanael llamándolo “israelita de pura raza” (israelita sin vueltas).

Lo que Jesús dice en este evangelio es aterrador y grandioso: «¿Ustedes quieren ser pocos? Muy bien, a partir de ahora la puerta que tendrán que pasar será para pocos… luchen por ello» y ahí describe lo que es una puerta “para pocos”, algo que no lo quisiera yo, seguro; y encima ver mientras tanto cómo por la puerta grande entran Abraham y sus amigos, Isaías y las islas lejanas, Jonás y los ninivitas, Tiro, Sidón, Sodoma, Gomorra, y nosotros mientras, diciendo “pero Señor, si hasta no me dormia en misa! Nada! idos de aquí, gente estrecha de miras! a estudiar moral durante cinco evos, y luego veremos.”

De todos modos la cosa puede no ser tan grave, porque veamos, no dice que nos esforcemos cumpliendo la Ley… eso sería borrar con el codo lo que escribe con la mano, dice, “agonidsesthe”, es decir: “luchad”.

Nosotros tomamos la palabra al revés: decimos que alguien está agonizando cuando ya no tiene más fuerza para vivir, mientras que el significado griego es precisamente el contrario: “agón” es el luchador (de donde antagonista y protagonista), y la agonía es la lucha: quien está agonizando es quien está luchando por vivir, cuando ya no lucha, es que no está agonizando, sino que se murió nomas.

Lucas usa dos veces este verbo, una es aquí, y la otra en la oración de huerto: Jesús luchaba por su vida, luchaba por comprender los sentimientos del Padre, luchaba por no enfrentar su voluntad a la del Padre; y aquí nos dice que luchemos por entrar por la puerta estrecha, una puerta que es sólo para nosotros.

* La agonía de Jesús sólo era para él: nadie más necesitó luchar como él, por eso sólo él fue constituido causa de salvación para quienes están a la escucha.

* La agonía de la puerta estrecha -fuera de bromas- es sólo para nosotros, no para todo el mundo: «El Señor te eligió para que fueras, de entre todos los pueblos de la tierra, su propiedad personal. No porque seáis más numerosos que los demás -porque en realidad sois el pueblo más pequeño- sino por puro amor, y para cumplir las promesas hechas a vuestros padres.» (Dt 7,6)

Nos hizo una puerta estrecha, porque somos para Dios algo especial, vale la pena probarnos y aquilatarnos, porque nos eligió como propiedad personal. Eso no debe envanecernos, sino por el contrario, debe hacernos temblar las rodillas, ¡es muy tremendo ser la propiedad personal de un Dios que es Fuego Devastador y de cuya boca sale una espada de dos filos!

Si cualquier hombre dice «Señor, Señor», Dios se lo toma como justicia; vendrán los aztecas y dirán: “te hemos buscado en el corazón de nuestros vecinos y en las plumas de los pájaros”, y les dirá Jesús: “entrad, benditos de mi Padre, a la mesa que tiene preparada desde toda la eternidad”; vendrán los budistas y le dirán: “te hemos buscado en el silencio de nuestra esfera transpersonal”, y les dirá: “entrad, benditos de mi Padre, a la mesa que tiene preparada desde toda la eternidad”; vendrán los romanos y le dirán: “te hemos buscado en el vientre de las aves y en el recuerdo de nuestros antepasados”, y les dirá: “entrad, benditos de mi Padre, a la mesa que tiene preparada desde toda la eternidad”; luego iremos a lo último nosotros y nos dirá:

-¿visitaste al enfermo, vestiste al desnudo, cuidaste al desvalido, alimentaste al pobre, visitaste al preso, fuiste a misa, no te dormiste en los sermones del cura, rezaste, ayunaste cuando estaba mandado, etc?

-Bueno, Señor, mira, hice algo de todo eso; todo no pude…

-Entonces al llanto y crujir de dientes, donde la polilla no muere, ni el fuego tampoco, ni los gusanos, y te corroen las entrañas, etc.

-¡Pero Señor! era mucho!

-Te bastaba mi gracia.

-Ah sí, qué gracioso! Por qué no le preguntaste esto mismo a los aztecas, los mayas, los budistas, los judíos, los ateos, los romanos, los zulúes…?

-Porque de entre todos los pueblos de la tierra eras mi propiedad personal, no te pertenecías, no vivías para ti ni morías para ti; vivías para mí, y morías para mí, porque te elegí. En realidad eras feo y poco agraciado, pero te amé y te elegí, en atención a los compromisos que tenía adquiridos con el papa, pero bueno, ahora que ya estás aquí te voy a decir lo que me tendrías que haber contestado: «- No Señor, no he logrado hacer nada bien, soy un siervo inútil.» Y te hubiera dejado pasar por la puerta estrecha, pero ahora ponte ahí a un costado, que veremos qué se puede hacer, voy a charlarlo con mamá (asunto arreglado, respira tranquilo, que por esta vez zafaste).

“luchen para entrar por la puerta estrecha”

¿Por qué confundir esfuerzo con cumplir mandamientos y volver a caer en el temor de la ley?

«Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad: porque habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia; pero la misericordia se ríe del juicio…» (St 2)

Nuestra medida no es ninguna ley, sino algo concreto, que está frente nuestro; los demás: la misericordia, la solidaridad, el ofrecimiento de sí en bien de la salvación del otro, la predicación, o la simple compañía humana; a cada quien lo que necesite.

Esto ya requiere bastante esfuerzo y es una puerta sumamente estrecha, si queremos ser serios en realizarla. Sin necesidad de reinventar la ley. La ley del amor no chorrea miel.

Y muchos han de decir: Que padre! mejor me hago Budista!

Eso dicho en chiste, ahora resulta que para muchos cristianos, lamentablemente el cristianismo resulta un peso insoportable, cuya única motivación es que de chicos les dijeron que sin ser cristianos no se salvan. Debemos rezar mucho por ellos, porque semejante vivencia de la fe es tremenda y opresiva.

Si un cristiano así lee mi mensaje, se hace budista de verdad… ¿y entonces?

Pues entonces, en realidad, no sé, no tengo completamente elaborada la cuestión, me hacen dudar algunos aspectos, sin embargo me inclino a creer que habría fiesta en el cielo, no en el sentido de que a Jesús le encante perder seguidores, sino que una persona que sigue la verdad tal cual la percibe, y si es auténtica en esa percepción, está más cerca de ser en algún momento un buen seguidor de Jesús que quien se acerca a Jesús por miedo.

Vuelvo a repetir, no tengo del todo claro este asunto, porque me traban algunas expresiones del NT que parecieran decir lo contrario, pero si somos consecuentes con que:

-El privilegio de haber sido elegidos -por pura gracia- para formar parte de los que confiesan a Jesús no implica una denegación de la salvación a los demás.

-Esa salvación del mundo se produce por vicariedad: los cristianos son elegidos por Dios para que lleven la salvación, en sí mismos, a todos.

Entonces no deberíamos tener miedo de que muchos se fueran porque nunca hubieran elegido ser cristianos y sólo estaban por temor; porque donde se cierra una puerta se abre otra: también muchos descubrirían que siempre habían querido ser cristianos, sólo que les repelía el tufillo legalista que se nos había pegado con los siglos.

Quienes se van, no se van desnudos, llevan los semina verbi, las semillas del Verbo de Dios que han recibido indeleblemente en el bautismo, quienes vienen, traen los aires nuevos de un lenguaje que ha corrido mundo.

Jesús dijo con tanta alegría que tuviéramos ánimo que él ya venció el mundo, que apena ver cuánta gente dentro de la Iglesia le tiene un miedo pánico a que a lo mejor en algo triunfe el mundo.

El cristianismo es un hecho de puro amor, por mucha defensa racional o cuasi-racional que hagamos de él. Y si estás enamorado de la chica de enfrente, y resulta que te llama con la mano y vas…. por más que más tarde te presenten a La-chica-más-guapa, tu amor es la de enfrente, que además te aceptó.

Pienso que prefiero la puerta estrecha con Cristo, que la puerta ancha sin él. Aunque las dos puertas terminen llevando a la vida, esta vida de ahora sería una muerte si no pudiéramos escucharlo y estar cerca de él. No sé qué tiene, porque es tremendo, todo el tiempo va y viene, no se queda quieto, no te da seguridad, es un fuego devorador, devastador, destructor, cuando quieres paz dice que no trae paz, y entonces armas la guerra para ayudarlo y te manda a guardar la espada.

No sé qué tiene, pero el peso que él te pone, es un peso alegre, y el yugo al que te unce te hace sentir libre y desatado

Por toda la hermosura

nunca yo me perderé

sino por un no sé qué

que se halla por ventura. (S.J de la Cruz)

ADC

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