Soñe….

Soñé, a lo largo de mi vida, muchas cosas. Ahora se que solo salvare mi existencia amando; que los únicos trazos de mi alma que habrán estado verdaderamente vivos serán aquellos que invertí en querer y ayudar a alguien. ¡Y he tardado cincuenta y tantos años en descubrirlo!. Durante mucho tiempo pensé que mi «fruto», seria dejar muchos libros escritos, muchos premios conseguidos. Ahora se que mis únicas lineas dignas de contar fueron las que sirvieron a alguien para algo, para ser feliz, para entender mejor el mundo, para enfrentar la vida con mayor coraje. Al fin de tantas vueltas y revueltas, termino comprendiendo lo que ya sabia cuando aun apenas si sabia andar.

Dejadme que os lo cuente: si retrocedo en mis recuerdos y busco el mas antiguo de mi vida, me veo a mi mismo -¿con dos años, con tres?- corriendo por la vieja galería de mi casa de niño. Era una galería soleada, abierta sobre el patio de mis juegos infantiles. Y me veo a mi mismo corriendo por ella y arrastrando una manta, con la que tropezaba y sobre la que me caía. «Manta, mama, manta» dicen que decía. Y es que mi madre estaba enferma y el crío que yo era pensaba que todas las enfermedades se curan arropando al enfermo. Y allí estaba yo, casi sin saber andar, arrastrando aquella manta absolutamente inútil e innecesaria, pero intuyendo que la ayuda que prestamos al prójimo no vale por la utilidad que presta, sino por el corazón que ponemos al hacerlo.

Me pregunto, cincuenta años despues, si todo nuestro oficio de hombres no sera, en rigor, otro que el arroparnos los unos a los otros frente al frio del tiempo.

Jose Luis Martin Descalzo

Razones para el Amor

 

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