Frase del dia

Si llegáramos a saber los méritos que obtenemos por las tentaciones sufridas con paciencia y vencidas, casi exclamaríamos: ¡Señor, envíanos tentaciones!

– P Pio

Porque eras grato a Dios, era preciso que la tentación te probara (Tob 2, 12)

Dios siempre prueba a los que ama, los hace sentir el peso de la cruz, de la incomprención, de la calumnia, del desprecio, del odio, de nuestras propias expectativas de poder y reconocimiento, del poder mundano y fuerte, para saborear la victoria del unico poder de Dios.. la impotencia a los ojos del mundo, de la cruz.

CJBS

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Sexualidad Humana

La sexualidad humana -libertarismos hedonistas aparte- aún no ha perdido en el vocabulario cristiano el halo de pecaminosidad, y estoy seguro de que aún muchos, a pesar de que el matrimonio sea un sacramento (por lo tanto de mayor valor que el celibato, que es una promesa, o un voto en el mejor de los casos) siguen en su fuero interno secundando a San Pablo con aquello de “mejor casarse que inflamarse”, como si fuera tan sólo un mal menor, y no la realización de las Bodas del Cordero.

En la teología cristiana el celibato y la virginidad consagrada son una cosa: son un signo escatológico, no algo deseable por sí mismo sino en razón del signo; pero en el imaginario colectivo cristiano son… exactamente lo contrario: son un bien deseable por sí mismo, como lo era para algunos paganos.

No conozco nada más patético ni miserable que la moral cristiana sin piedad ni cristianismo.

En la predicación se sigue poniendo en primer plano el sexto y noveno mandamientos, tergiversados, además, porque su insight no es la sexualidad sino la propiedad, el respeto al prójimo, el autocontrol del deseo (que también es deseo de riqueza y de poder). Seguimos pidiéndoles a los jóvenes que se hagan un nudo allí, pero como se nos va el tiempo en ello, olvidamos enseñarles a rezar… ¡y que me muestren UNA SOLA directiva oficial de catequesis donde el centro sea la piedad y el encuentro con Dios! todo lo que hay es lo que los sufridos catequistas enseñan robándole tiempo a unas directivas puramente moralistas y exteriores.

En suma, que la llamada “moral sexual cristiana”, una indiscernible mezcla de auténtica elevación moral con prejuicios e ignorancia, sigue siendo el centro de la predicación.

¿Y que hacer los novios para entrenarse en la castidad Cristiana?

Primero es crecer en la fe, en el amor a Jesús, en sentirse atraído y reclamado por él, y luego, por añadidura, se “cumplen” muchísimos preceptos que no se cumplen por ser preceptos sino por el reclamo incondicional del amor de Jesús. No por ley sino por fe.

Quizás sea una buena “táctica pastoral” insistir en la moral para que el cristiano se sienta que ser católico implica coherencia con el nombre que se lleva; a lo mejor resulta. Pero yo no la veo muy buena, porque hace católicos cumplidores, es verdad.. pero medianitos, sin pasión. Y lo que necesitamos es catolicos que les vaya la piel en serlo, y porque les va la piel, sean, además, cumplidores.

Abel dando clases de moral 😉

Lo complicado de nuestro Dios

Este domingo Lucas nos hablara de esta parabola:

… Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes [a Lázaro] a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.”

Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.”

Él dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.”

Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”

Jesús, como era Dios, sabía cómo somos los hombres, y Lucas, como ya había pasado la Pascua y vio que los hombres no somos afectos a creer en lo que nos salva “ni aunque un muerto resucite”, también conocía la naturaleza humana. Uno la conocía esencialmente, el otro por experiencia… pero los dos confluyeron aquí en esta parábola profunda y preciosa: “Si no oyen a Moisés y a los profetas…”

Oir es un acto humano por excelencia, el oído de la comprensión -desde luego- no el oído de las ondas sonoras, el oído del que habla la ob-audiencia: el rendir mi oído hacia aquel que me dirige, de frente, la palabra; ¡tan distinta a la obsecuencia, propia de animales! el seguir en fila india al que se pone a la cabeza, dándonos la espalda y el trasero, en vez de la boca para hablar y poder nosotros escuchar.

Dios no quiere esa “obediencia” obsecuente, no nos creó para ella, sino para la obediencia de la fe, la obediencia que consiste en escuchar una palabra que se me dirige sólo para mí -como en el cuento de Kafka «Ante la ley»- una palabra única y secreta contenida en «Moisés y los profetas», es decir, en la Biblia.

Como hombre que soy, es mi tarea desvelar esa palabra, ésa que se me dirige sólo para mí. En eso nadie puede suplirme, nadie de naides. Podrá haber, sí, en el camino, un Magisterio que me ayude a acercarme sin tropiezos a la palabra, podrá haber estudiosos que investiguen los aspectos literarios, históricos, poéticos, etc. de la palabra, podrá haber gente de espíritu que me ayude a encontrar el lugar del espíritu donde se escucha mejor la palabra…

Pero el oír la palabra, la que se dirige sólo para mí en Moisés y los profetas, la que no habla en general sino sólo para mí y me dice algo sólo para mí -nunca podemos saber cómo se dirige la palabra a quien tenemos al lado, por eso no podemos hacer un juicio último sobre su obediencia de la fe-, ese oír, esa obediencia de la fe es el acto humano por excelencia, el acto humano y humanizador: el que nos pone a cada uno en la verdad de nuestra humanidad de cara a Dios.

Parece complicado porque muchos piensan el “seguir a Jesús” como ponerse en la caravana de una ley -yo sigo a Moisés, yo a Jesús, yo a Pablo, yo a Apolo, etc-, y Dios no quiere que sigamos nada en ese sentido -no lo digo yo, sino el Evangelio-, Dios no nos salva porque sigamos nada, sino porque escuchamos su palabra, porque entramos en diálogo con él, porque hacemos un lugar en la mesa para que se siente a compartir el vino nuevo del Reino -quédate contemplando cada personaje en “La Cena con los discípulos de Emaús” de Rembrandt, y leerás más teología que en cinco tratados-. Dios no nos salva por la obsecuencia sino por la obediencia de la fe; y no nos salva para la obsecuencia, para seguirlo atrás como burros en caravana, sino para seguirlo caminando a su lado, como los discípulos de Emaús, dejándolo que hable, escuchando, dejando “arder el corazón”… nos salva para la libre obediencia, para quedar nosotros mismos capacitados para hablar.

Así que es complicado o sencillo según consideres al hombre, bajo cuya forma Dios se reveló -ad modum recipientis: según la manera de quien debía recibirlo, dice Santo Tomás-, simple o complicado. Si debiéramos ser salvados para formar una masa de seres indiferenciados cuyo único valor es el número que suman -sea 144000 o cualquier otro- entonces sí podría considerarse disparatado que Dios eligiera para revelarse un procedimiento tan personalizante como es apelar a la obediencia interior, a la escucha del corazón y al asentimiento de la inteligencia, la emoción, y todas las potencias del espíritu humano.

Pero si Dios nos eligió para decirnos una palabra que llegara al corazón, nada mejor que hablar “ad modum recipientis”, de tal manera que el corazón no sólo se hiciera apto para escuchar, sino para llegar a su plenitud y poder él mismo hablar.

Ve y diles esto, de todas las maneras que puedas, sencillas o complejas -“ad modum recipientis”- a todos quienes te cuestionen lo complicado de nuestro Dios.

Abel

Momentos Teológicos

Hans Urs von Balthasar ha explicado profundamente el significado espiritual de estas observaciones, aunque dentro de otro contexto. Recuerda cómo Jesús durante su vida terrena no estuvo sobre el tiempo y el espacio, sino que vivió en medio de su tiempo y en su tiempo. Cada línea del evangelio nos hace encontrarnos con la humanidad de Jesús que lo colocó en su tiempo; bajo muchos puntos de vista la vemos hoy día más vital y clara que los períodos anteriores. Pero este «estar en el tiempo» no es sólo un ámbito exterior cultural-histórico, detrás del cual, pero independientemente de él, podríamos encontrar lo supra-temporal de su propio ser; es más bien un contenido antropológico que determina profundamente la forma del ser humano. Jesús tiene tiempo, y no realiza anticipadamente, en impaciencia culpable, la voluntad del Padre.

Por eso el hijo, que en el mundo tiene tiempo para Dios, es el lugar originario donde Dios tiene tiempo para el mundo. Dios no tiene otro tiempo para el mundo sino en el Hijo, pero en él tiene todo tiempo.

Dios no es prisionero de su eternidad: en Jesús tiene tiempo para nosotros; por eso Jesús es realmente la «sede de la gracia» a quien podemos acercarnos con plena confianza. en todo tiempo (Heb 4,16).

J. Ratzinger; Introducción al cristianismo pág. 262 y siguientes
Ed. Sígueme

Fotos de Lugares biblicos

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Te quiero tal y como eres

Cuenta Anthony de Mello una fábula que me gustaría comentar a mis lectores. Dice así: «Durante años fui un neurótico. Era un ser oprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo neurótico que era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no me convencía la necesidad de hacerlo por mucho que lo intentara. Sigue leyendo

Frase del día

En el amanecer y en el ocaso de la vida, el encuentro y el reencuentro con quienes amamos y nos aman es lo único por lo que vale la pena vivir y morir, es lo que nos hace ser lo que somos, lo que hace de la esperanza y la felicidad, dignas de compartir un espacio en nuestra vida junto con la tristeza y la espera.

CJBS