La Tragedia del amor…

mt1324.jpgEn el punto en que la religiosidad emerge de la tragedia del amor como una pregunta angustiosa dirigida a la ignota Divinidad, a un Creador que parece darnos la espalda todo el tiempo; en ese preciso punto, surge Jesús, Dios él mismo , Creador él mismo, que no nos trae ninguna ética nueva (de chiripa la acertó con un par de preceptitos novedosos) sino la compañía trágica de Dios en un universo sumido en la tragedia.

Ese Dios, el Dios de Jesús, el Dios que es Jesús, el Creador que es Jesús, nos dice:

Nunca te di la espalda, aunque lo pareciera, estaba vuelto llorando, porque no podía hacer nada por ti. Y en realidad sigo sin poder hacer nada por ti desde afuera, sólo puedo hacer algo por ti si recorro tu mismo camino, si participo de tu historia.

Precisamente porque el pecado no es ninguna mancha, ninguna enfermedad, ninguna herencia, sino la dirección de la existencia humana en la que has nacido. No es hereditario por contagio, sino porque cada pecado va hundiendo más al hombre en la tragedia de existir. Los que nacen pertenecen a una historia peor. Y en esto no te puedo salvar yo desde afuera, porque no es una mancha que yo podría lavar desde afuera, es fundar otro curso histórico, hacer que una historia nueva sea posible y nazcan hombres para los cuales cada nacimiento implique una historia mejor: una historia de gracia, de belleza, de sabiduría, de verdad.

Como el pecado ocurrió en la historia y como fundamento de la historia, no te puedo salvar de hoy para mañana. El pecado arruinó mi creación, así que «salvar» significa volver a crear, crear algo nuevo, crear otra historia.

No hay caso: aunque en tus sueños más míticos quisieras que yo te salve instantáneamente, yo no te puedo salvar más que creando otro curso de la historia, fundando yo mismo, como hombre nuevo, un nuevo curso de la historia, y poniéndolo delante tuyo: pongo ante ti la vida y la muerte, escoge, pues, la vida.

Y recién cuando mi salvación sea algo tuyo, recién cuando la historia nueva sea tu propia historia, recién cuando puedas decir: «yo también soy un hombre nuevo», recién allí podré re-capitularlo todo, recién allí podré volver.

No me fui para joderte, no me fui para lavarme las manos de tu dolor de vivir, no me fui para no ver tu imposibilidad, tu miseria, tu tragedia. Me fui porque no habrá creación nueva hasta que no seas mi cuerpo, y eso no puedo hacerlo yo por ti, tienes que hacerlo tú mismo. Me fui, como te lo dije poéticamente hace ya dos milenios, «para preparar las muchas moradas de la Casa de mi Padre», porque estoy seguro que seremos muchos, porque te invito a que seamos muchos los que amen la nueva historia que tú y yo crearemos.

Sólo así la salvación será enteramente mía, y enteramente tuya, cuando el Reino sea enteramente mío y enteramente tuyo.

Seremos Uno, porque si soy Dios, sólo puedo ser uno, y si quiero vivir contigo, y si quieres vivir conmigo, sólo podremos siendo Uno. Muchos, pero Uno.

ADC

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: