SÓLO EL AMOR ES DIGNO DE FE

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Hans Urs von Balthasar† es considerado por muchos uno de los hombres mas cultos de nuestro tiempo, amigo de J. Ratzinger, gran teólogo, y un gran hombre, del cual estoy leyendo uno de sus libros mas representativos -Solo el Amor es digno de fe-, del que quiero resaltar algunas cosas a continuación, junto con algunos comentarios de mi parte (en letra mas clara):

Balthasar:

Si Dios no tiene ninguna necesidad el mundo, una vez más, ¿por qué existe éste?

Ninguna filosofía podrá dar respuesta satisfactoria a esta cuestión. San Pablo dirá a los filósofos que Dios ha creado al hombre para que éste busque lo divino, para que intente alcanzarlo. Por eso toda filosofía precristiana es teológica en último término. Pero de hecho la verdadera respuesta a la filosofía sólo podrá darla el Ser mismo, revelándose a partir de sí mismo. ¿Pero será el hombre capaz de comprender esta revelación? La respuesta positiva sólo será dada por el Dios de la revelación bíblica. Por una parte este Dios, creador del mundo y del hombre, conoce a su criatura. “El que plantó la oreja, ¿no va a oír? El que formó los ojos, ¿no va a ver?” Y añadimos nosotros: el que creó el lenguaje, ¿no podrá hablar y hacerse entender? Y esto plantea también la alternativa: para poder oír y comprender la autorrelevación de Dios, el hombre debe ser en sí mismo una búsqueda de Dios. No hay pues teología bíblica sin una filosofía religiosa. La razón humana debe abrirse hacia lo infinito.

Aquí es donde se inserta mi pensamiento de fondo. Digamos en primer lugar que en el antiguo término “metafísica” significaba el acto de trascender la Phycis, que era para los griegos el conjunto del cosmos, del que el hombre era una parte. Para nosotros la física es otra cosa: la ciencia del mundo material. El cosmos para nosotros se perfecciona en el hombre, a la vez resumen del mundo y su superación. Nuestra filosofía será pues esencialmente una meta-antropología, al presuponer no solamente las ciencias cosmológicas sino también las antropológicas, superándolas hacia la cuestión del ser y de la esencia del hombre.

El hombre no existe más que en el diálogo con su prójimo. El niño es evocado a la conciencia de sí mismo por el amor, por la sonrisa de su madre. El horizonte del Ser infinito se abre para él en este encuentro revelándose cuatro cosas: 1) que él es uno en el amor con su madre al tiempo que no es su madre; 2) que este amor es bueno y, por tanto, todo Ser es bueno; 3) que este amor es verdadero; 4) que este amor provoca alegría y gozo, y por tanto todo Ser es bello.

Aquello que Dios quiere decir a los hombres en Cristo no puede encontrar su norma ni en el mundo en general, ni en el hombre en particular, sino que tiene que ser algo necesariamente teo-lógico, mejor aun, teo-pragmático: acción de Dios para el hombre, acción que el mismo muestra ante y para el hombre (y solo así, junto a el y en el). Acerca de este hecho únicamente se puede decir que solo seria creíble como amor (glaubhaft sei nur als Liebe), solamente es pensable como amor del propio Dios, cuya manifestación es la de su gloria.

La auto-comprensión cristiana (y por ello la teología) no tiende hacia un conocimiento de la verdad cada vez mayor por medio de las manifestaciones divinas, el conocimiento del mundo religioso, ni hacia el hombre, que como ser personal y social llega a la realización de si mismo a través de la revelación y redención definitiva, sino que únicamente apunta hacia la auto-glorificación del amor de Dios: ad majorem Divini Amoris GLORIAM

En el antiguo testamento esta gloria es la presencia de la majestad luminosa de Yahve en su alianza (y por ella en todo el mundo); en el Nuevo Testamento esta majestad de la gloria se manifiesta como el amor de Dios en Cristo que desciende ‘hasta el extremo’ de la noche y la muerte. Esto, que es lo mas extremo (verdadera escato-logia) y es inalcanzable por el mundo y el hombre, solo puede ser percibido acogiéndolo como lo «totalmente otro»

Ningún yo tiene la posibilidad ni el derecho de dominar mediante el conocimiento la libertad de un tu que viene a su encuentro, ni deducir y comprender previamente su comportamiento. Un amor que se me dona solo puedo ‘comprenderlo’ como un milagro, y no lo puedo agotar empírica o trascendentalmente, ni siquiera por el conocimiento de la general y abarcadora «naturaleza» humana; por que el tu es el otro frente a mi.

En el momento que afirmo que he comprendido el amor que otra persona me tiene, es decir, que o bien lo aclaro por las leyes de la naturaleza humana o bien lo justifico por los motivos que se encuentran en mi, este amor es definitivamente malogrado y tomado en vano, y el camino para la correspondencia queda cortado. El amor verdadero es siempre incomprensible y solo como tal un don.

jesmar

La plausibilidad del amor de Dios no se deduce de ninguna reducción comparativa a aquello que el hombre ha llamado siempre amor, sino mas bien y únicamente por la figura de la revelación del amor mismo que se revela a si mismo, de una manera tan majestuosa que, allí donde es percibida, consigue la abertura de la adoración sin necesidad de exigirla expresamente.

Aquí Balthasar borra de un brochazo toda especulación pseudo-psicológica de la ‘proyección’ (Freud) donde quieren hacer de Dios un reflejo inconsciente de la propia paternidad terrenal. Ya que el rostro de Dios revelado en Cristo fue y es algo ‘impensable’, no deducible, menos proyectable de los débiles balbuceos que quieren decir ‘amor’ en el hombre y solo salen incoherencias, rescatables solamente por el inmenso deseo del amor verdadero -jamás sabiendo en que consiste exactamente hasta que no se le revela- que empujan nuestra naturaleza humana a sus máximos extremos posibles a veces logrando divisar con una bruma intensa un poco del amor que le iba a ser revelado en Jesucristo, y que una vez revelado comprende entonces sí, de donde le venían estas intensas sedes de amor y eternidad, entrega y pasión, y en esta maravilla de aquel que se revela con tal majestad potente y amorosa, nace la verdadera ‘adoración’ no exigible por Dios como algún imperativo caprichoso, si no desde la lógica interna del amor, que reclama desde su profundidad ser correspondido.

El hombre, al encontrar el amor de Dios en Cristo, no solo experimenta lo que es realmente el amor, sino que igualmente experimenta de forma irrefutable que el, pecador y egoísta, no tiene el verdadero amor. Ambas cosas las experimenta en una: la finitud creatural del amor y su culpable entumecimiento. Ciertamente el hombre posee algo así como una ‘pre-comprensión’ de lo que es el amor; si no la tuviera, entonces no seria capaz de interpretar el signo de Jesucristo.

También seria irresoluble y contradictorio desde un punto de vista objetivo, pues aquí el amor de Dios ha aparecido en una figura de carne, es decir en la figura del amor humano.

Pero el hombre no llega desde esta ‘pre-concepción’ al reconocimiento de este signo sin una radical conversión. Conversión no solo del corazón, el cual ante este amor tiene que confesar que hasta ahora el no había amado, sino también conversión del pensamiento, el cual tiene que aprender de nuevo lo que es verdaderamente el amor.

Y es que a partir de esta revelación de Dios, de la encarnación, del rostro de Jesucristo y de su cruz, debemos de meditar y con-vertirnos, cambiar, voltear a volver a VER, y entender lo que es el pecado, la redención y el amor que se abajo a niveles insospechados, de Aquel que es el Otro inapropiable del absoluto Creador, Padre y a la vez incomprensible Dios.

Ante la majestad del amor infinito, que revelándose entra en el hombre y lo alcanza elevándolo e invitándolo a una incomprensible intimidad, el espíritu finito barrunta por primera vez que es lo que significa propiamente que Dios es el totalmente Otro, «el incomprensible, esencialmente diferente del mundo, felicísimo de si y en si, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de el mismo existe o puede ser concebido» (Vaticano I). Fuera de esta revelación del amor permanece toda la teología negativa tan vacía que se encuentra siempre en peligro de caer o bien en el ateísmo (o agnosticismo) o bien en la filosofía de la identidad. Sin embargo aquí, donde la figura de la revelación permanece incomprensible, a pesar de que ella es colocada hacia el amor de Dios, aparece al alcance de la mano el ser totalmente Otro y el ser cada vez mayor de Dios en la incomprensibilidad sorprendente, definitiva e inalcanzable de este amor divino. Exactamente en el movimiento en el que la criatura se siente y se ve trasladada al corazón de Dios, experimenta hasta lo mas recóndito de su ser su propio ser-no-Dios, se le aclara sin acritud y de forma inapelable aquella relación, la primera de todas, entre el ser absoluto y el relativo, entre el ser divino y el mundano.

Esta es la situación propia del hombre, si es sincero, el puede ‘pensar’ a Dios solo como el totalmente Otro del ser mundano, aunque a pesar de esto, en el caso de que este aparezca, el solo quiere comprenderlo como una forma superior de la consumación del cosmos y de lo humano. Porque el no puede tender por si mismo a sobrepasar y dilatar su horizonte espiritual, entonces esta dilatación acontece realmente cuando la acción de Dios, del totalmente Otro, dirigida hacia el se manifiesta a el como verdad y sabiduría «totalmente otra» y como la mas alta e incomprensible consumación de lo suyo, a trasvés de esta conmoción que siempre permanece.

Sin embargo para que se produzca esta conmoción, no puede darse en los limites abstractos de la experiencia que el tiene del ser – lugar en el que el hombre, en todo caso, lo habría esperado porque ahí parece fundirse lo humano en lo divino – sino inmediatamente, delante de sus narices, en lo concretísimo de su existencia humana. Al hombre se le presenta en el camino una piedra infranqueable, donde tropieza de la forma mas dura y molesta. En este tropezón el tiene que convencerse de su propia inestabilidad.

Cristo es un tropiezo para todo el hombre, ya que es la revelación inapelable, el rostro de Dios, Dios ya no es el ser inmanente del cosmos, impersonal, o inexpresivo y por lo tanto sin importarle y sin importancia.

Pero este «tropiezo» (scandalum) puesto por Dios para el hombre puede interpretarse únicamente como amor de Dios -en el caso de que no quede atrapado en el ciego enfado de la contrariedad- que le libera de sus prisiones y sus cadenas y le sitúa en la libertad del amor divino y, ahora también, amor humano.

kkLa «pre-comprensión» incoativa del amor que tiene el hombre hace que el obedezca, si es que escucha la noticia del amor absoluto y percibe la imagen de la que la noticia da testimonio. Sin embargo, este tropiezo en la trampa le muestra al hombre ante todo que aquí no se trata ni de su propio amor, ni se refiere al hecho de la existencia, ni al hecho del modo de ser del amor que se ofrece, sino que consiste en dirigir los ojos a la singularidad del amor que se revela y, en esta luz, desenmascarar, de una forma totalmente concreta, como no-amor su amor creatural e incoativo.

En palabras coloquiales, Dios hace en Jesucristo un ‘mira’, ‘observa’ ‘asi se ama’ en la cara del mismo hombre… no por presunción, si no en la logica de «Aquel Otro» que desea que el tu o el yo, participemos de aquello que es mas propio de Su Naturaleza como Creador y de nuestra naturaleza como seres pensados y creados por ese amor, libres y sedientos para amar.

Si Dios quiere revelar el amor que ha tenido al mundo, el amor tiene que poder ser reconocible por el mundo. A pesar y en su ser totalmente Otro. El amor es reconocido en su realidad interna solo por el amor.

Si la madre ha sonreído a su hijo durante muchos días y semanas, entonces ella tendrá alguna vez la sonrisa del niño como respuesta. Ella ha despertado en el corazón de su hijo el amor, y el niño, despertando en ese amor, despierta también en el conocimiento: las vacías expresiones sin sentido se concentraran plenamente con sentido en el centro de un tu. El conocimiento (con su estructura total de intuición y concepto) comienza jugando, porque el juego del amor, que proviene de la madre, ha comenzado previamente desde la trascendencia.

Asi se manifiesta Dios como amor ante el hombre: en Dios luce el amor e instituye la luz del amor en el corazón del hombre, el cual tiene inmediatamente capacidad para ver este amor -absoluto-: «Porque el mismo Dios que dijo: ‘Del seno de las tinieblas brille la luz’, la ha hecho brillar en nuestros corazones para iluminarnos con el conocimiento de la gloria de Dios que esta en el rostro de Cristo (2 Cor 4, 6).» Desde este rostro nos sonríe, paternal y maternalmente, el fondo original del ser. En la medida que nosotros somos sus criaturas, esta en nosotros el germen del amor, dormitando en nosotros, como imagen de Dios (imago). Pero como ningún niño despierta al amor sin haber sido amado, así ningún corazón humano despierta a la comprensión de Dios sin la libre donación de su gracia -en la imagen de su Hijo-

A esta acción de Dios se corresponde con un ‘dejarse hacer’ de la criatura un fiat (fiat; confió, sí, hágase tu palabra)

Sin duda es verdad que la respuesta de la fe de la criatura, pensada y amasada por Dios en el amor, es fundada por la revelación de Dios, pero es también verdad que es la criatura misma, junto con su naturaleza y capacidades naturales para amar la que responde. Pero lo hace solo en la gracia, es decir, en razón de una disposición originaria con el regalo de una respuesta al amor adecuada a la palabra del amor de Dios. Y por ello, en la unidad y en el ‘manto protector’ de un fiat pronunciado por todos, de forma arquetípica por la esposa-madre Maria-Iglesia

a. Balthasar, como buen lector de san Ireneo, piensa el proyecto de salvación de Dios desde una perspectiva fuertemente unitaria. El hombre ha sido pensado, preparado y amasado (creado del limo de la tierra) en el amor con vistas a la respuesta de fe a la revelación de Dios en Cristo.

Si la Palabra encarnada es originalmente palabra dialogal, no es posible que Cristo hubiera escrito libros («sobre» algo así, como sobre si o sobre Dios o sobre su doctrina); el libro ‘sobre’ tiene que concernir al acontecimiento entre el y el hombre que ha sido encontrado, abordado y salvado en el amor. Dicho de otra manera: el lugar a partir del cual puede ser contemplado y testimoniado el amor no puede estar fuera del amor (en la pura condición lógica de las así llamadas ciencias); el solo puede estar allí donde se encuentra la realidad en cuestión, en el drama del amor mismo.

Balthasar aquí deja al Cristianismo entonces fuera de las doctrinas creadas por el hombre «acerca» de algo, lo deja fuera de la gnosis como mero conocimiento, «saber», y da al Cristianismo el centro único que le pertenece, el evento de decisivo de la revelación y el encuentro del totalmente Otro… de Jesucristo y su amor, su manera de ser Dios y Hombre y por lo tanto pone en reto, entredicho y asombro nuestra propia manera de ser hombres y criaturas -ahora hijos adoptivos- de Dios, pone entre dicho cualquier especulación estúpida y egoísta de lo que debería de ser el ‘otro’ y mas allá el OTRO, inaccesible para mi sin una iniciativa de El mismo a mostrarseme. El mismo Balthasar nos dirá: «Si Cristo fuera solamente el caso supremo del hombre natural y el cristianismo solo fuese la figura sublime de la religion humana, entonces hoy no valdria la pena seguir siendo Cristiano»

La vida de Jesús se da al principio como una vida de enseñanza (cuyo sentido es aclarado a través de las parábolas y las obras del espíritu), y al final se da como una vida de sufrimiento y de muerte. Pero la condición absoluta y ardiente de su enseñanza -aquello que afirma, promete y exige- solo es comprensible a partir de la pendiente irresistible de toda su vida hacia la cruz, donde se produce el ocultamiento de toda acción expuesta en obras y palabras, y acontece la pasión que todo lo aclara y posibilita. Si se intenta comprender esta pasión como un accidente provocado en un punto cualquiera ulterior, entonces se vuelven incomprensibles desde cualquier palabra aislada hasta el sermón de la montaña. Es imposible tomar en serio la hipótesis de una separación entre una doctrina de Jesús antes de la pasión y sin relación a ella, y una doctrina que habría sido puesta en boca de Jesús después de la pasión. El logos de la doctrina, como el de toda la acción, ha sido interpretado en su relación con «la hora» que el espera, con el ‘bautismo’ al que el aspira.

Y entonces aquí podremos comprender, el por que lo que Cristo NO nos trae es una ‘enseñanza’ o una ‘doctrina’ si no que mas alla, nos trae a si mismo y su acción por nosotros y hacia nosotros, la cruz, solo desde alli sus palabras hacen sentido, y se puede ya esbozar los balbuceos de una doctrina que al final, no terminaran de agotar el misterio y las exigencias verdaderas de Dios.

Hacia ese don de si mismo ‘por los amigos’ (Jn 15,13), ‘por los muchos’ (Mt 10,28; Mc 10,45) y ‘por todos’ (Jn 12,32; 17,21) apunta la doctrina, directa o indirectamente, y hacia la forma especifica y propia de la autodonacion de Jesús. Ella no es ninguna realización mediante una capacidad humana en particular, sino que se presenta como un acto de obediencia impuesta y como el final de una vida que cada vez mas profundamente se extingue en el servicio de esclavo por todos (Lc 22,27; Jn 13, 3-17); y como la doctrina saca su logos y su lógica de este sacrificio, así ella coloca a todos sus adeptos, a los que alcanza en toda su existencia, bajo el signo del «logos de la cruz» (1 Cor 1,18). Esta palabra de la cruz seria la superación de todo logos y toda lógica (por que ellas colocan la vida bajo la ley de la muerte y por ello tienen que ser superadas), si no tuviéramos como presupuesto que la muerte de Jesús, que domina su vida, como tal, en su ultima impotencia, es la acción y aparición del «poder y la sabiduría de Dios» (1 Cor 1,24). Poder y sabiduría que, sin embargo, no retuvo en si. (Flp 2,6)

Así se dirá, que la cruz que es locura y escándalo para los hombres, es la sabiduría y el poder de Dios, que son su amor y que derrama por todos nosotros.

Todos los valores del mundo son colocados en su verdadera luz solo a través del signo de Dios, por que ahora también todos los limites del amor, todas las objeciones contra el son sobrepasados, y todas las profundidades misteriosas del amor que se sacrifica son custodiadas y sustraídas al asimiento del saber que todo lo agota. El hombre solo llega a ser verdaderamente el mismo cuando le es dirigida la palabra, pues para eso fue ideada la criatura, y se convierte y llega a ser aquel que responde totalmente de sí mismo. Él es el lenguaje del que Dios se sirve para conversar con el, ¿como no va a comprenderse a si mismo en ese dialogo toda su grandeza?. Buceando en la luz de Dios el hombre entra en la propia claridad sin que peligre su naturaleza (espiritualismo) ni su creaturalidad (por el orgullo). Solo en la salvación de Dios esta salvado el hombre. Desde el signo de Dios que se abaja en la encarnación, en la muerte y en el vació de Dios se hace comprensible por que Dios como creador del mundo ya salio fuera y debajo de si mismo: esto correspondía a su ser absoluto y a su naturaleza, revelarse en su libertad soberana y abismal como el amor insondable que no es el bien absoluto mas allá del ser, sino la profundidad y la altura, la longitud y la anchura del ser mismo.

Precisamente por esta razón el eterno prius (delante, por delante) del amor y la palabra de Dios se oculta en una impotencia que concede el prius al amado: el amor de Dios por este niño, que es el mundo, despierta en el corazón de este tal amor que el amor de Dios mismo puede hacerse niño nacido de una madre, causando así el amor humano-divino. La palabra de Dios produce la respuesta del hombre, convirtiéndose el mismo en el amor que responde sobrepasando la iniciativa del mundo. Un circulo indisoluble ideado y llevado adelante solo por Dios que permanece siempre por encima del mundo y, precisamente por eso, esta establecido en el corazón del mundo. En el corazón se encuentra el centro; de aquí que sea adorado el corazón divino y humano, y la cabeza solo cuando aparece llena de sangre y heridas como revelación de ese corazón.

Hans ur von Balthasar

Solo el amor es digno de fe; ediciones sígueme

a. Ángel Cordovilla Pérez

 

*Hans Urs von Balthasar (1905-1988) es uno de los mayores teó-logos católicos del siglo XX. Nada desdice de su condición de teólogo, el hecho de que no fuese profesor de teología ni el que todos sus doctorados en teología fueron honoris causa

Precisamente, en reconocimiento a su labor teológica, el Papa Juan Pablo II le entregó en Roma, el 23 de junio de 1984, el Premio internacional «Pablo VI». Balthasar fue sobre todo un hombre de cultura, «el hombre más culto de su tiempo», alguien que acogía y daba vida a todo lo grande: la antigüedad clásica, la gran literatura europea, la tradición metafísica, la historia de las religiones, la Biblia y la ciencia sagrada, toda la patrística; escritores y poetas, filósofos y místicos, antiguos y modernos: a todos llama para dar su nota en la sinfonía católica.

Su doctorado en germanística le confiere con pleno derecho el título de doctor en Filosofía («Dr. Phil.»). Su condición de filósofo no se reduce a una cuestión de títulos. Balthasar, por amor a la teología, ha permanecido siempre filósofo. Sus libros, desde el primero hasta el último, están impregnados de filosofía.

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8 comentarios

  1. Gran texto. Si bien Von Balthasar no goza de la fama de sus hermanos jesuitas De Lubac, Daniélou y Rahner, no cabe duda de que fue uno de los teólogos más importantes del siglo XX. Ciertamente más conservador que el potentísimo Rahner, aportó también enfoques novedosos. Destaco su ensayo ‘¿Por qué todavía soy cristiano?’, en conjunción en un libro con el magnífico y critíco ensayo ‘¿Por qué permanezco en la Iglesia?’ del joven Ratzinger (v. http://ululatus-sapiens.blogspot.com/2006/05/por-qu-permanezco-en-la-iglesia-de.html )

    ¡Saludos! ¡Y gracias!

  2. Conocía ese libro que mencionas Ululatus, pero nunca me llamo la atención. Con ese extracto tan magistral de Ratzinger no me queda de otra que leerlo.. gracias por la pista a ese libro.

    De Balthasar creo que lo mas destacable es su Teodramatica, Teoestetica y no recuerdo el nombre de el otro para completar su trilogía… conservador sin lugar a duda.. por eso me identifico con el 😉

    Un Saludo!! y gracias a ti!

  3. el amor es dar sin sperar nada a cambio, el AMOR VERDADERO NOS DA CRISTO. ELHOMBRE NOS PUEDE FALLAR COMO PECADORESQ SOMOSPERO CRISTO JAMAS NUNCA……GRS X DARNOS UIN ESPACIO Y DECIR LOQ UNA PIENZA Y/O SIENTE…

  4. hola me gusto mucho ese tema me gustaria saber sobre eso unque ya yo se pero quiero saber un poco mas sobre jesus yo pertenesco a la iglesia bautyista la trinidad y me gusta escuchar la palabra de dios

    • hola cris meda mucho gusto que quiera y teintereses por saber más sobre Dios, y sobre tu fe S. Gustin dice que nadie ama lo que no conoce. si no nos esforzamos por conocerle no le podremos amor,

    • hola cris meda mucho gusto que quiera y teintereses por saber más sobre Dios, y sobre tu fe. S. Gustin dice que nadie ama lo que no conoce. si no nos esforzamos por conocerle no le podremos amor,

  5. ES UNA OBRA MUY INTERESANTE, DESDE EL PUNTO DE VISTA TEOLOGICO, NO LA HE TERMINADO DE LEER PERO CREO QUE ME AYUDA MUCHO EN M IVIDA. PIENSO QUE LE SIRVE MUCHO A TODO AQUEL QUE QUIERA ENCONTRA MAS RIQUEZA EN SU VIDA ESPIRITUAL

  6. ES UNA OBRA MUY INTERESANTE, DESDE EL PUNTO DE VISTA TEOLOGICO, NO LA HE TERMINADO DE LEER PERO CREO QUE ME AYUDA MUCHO EN QUE QUIERA M IVIDA. PIENSO QUE LE SIRVE MUCHO A TODO AQUEL ENCONTRA MAS RIQUEZA EN SU VIDA ESPIRITUAL

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