Momentos Teológicos

… Para el Neoplatismo, el ser (ipsum esse) constituye el vértice de la pirámide de las ideas; es la primera esencia después del Uno o el super ente. Tomas asume esta doctrina del “ipsum esse” como la idea suprema, pero califica a esta como “esse commune”, es decir, como el ser general en el que participan todos los entes, salvo Dios. Porque Dios como origen de todo ser no “tiene” ser, sino que ES el ser.Por eso, contrariamente al neoplatismo, Dios no es para Tomas el super-ente, sino el «ipsum esse subsistens», el ser subsistente, en el que participa todo ente. Dios no participa en el esse commune; mas bien el esse commune participa en Dios, es el el primero y autentico efecto de Dios. Asi, Dios como ser subsistente es también origen y fundamento; o, en términos bíblicos, el padre de toda realidad.

Con esta doctrina de Dios como el ser subsistente, Tomas puede salvar la trascendencia de Dios frente al mundo. En efecto, entre el ser ser de Dios y el tener ser de las criaturas hay una diferencia cualitativa infinita.

De la definición de Dios como ipsum esse subsistens se sigue que, como plenitud del ser, no sufre ninguna deficiencia (potentialitas), sino que es el ser absolutamente perfecto, pura actualidad (actus purus). Esta coincidencia de la esencia y el ser en Dios es la base tanto de la simplicidad de Dios como de su inmutabilidad. Es decir, Dios no realiza su esencia sucesivamente, sino que el es su esencia sin mas.

Por eso la eternidad de Dios no solo significa que Dios no tiene principio ni fin, sino que es el principio y el fin al mismo tiempo. Como no necesita realizar su ser sucesivamente, su eternidad consiste en la “tota simul et perfecta possession” de su ser.

La inmutabilidad y la eternidad que se desprende de la esencia de Dios como ipsum esse subsistens no significa que Dios sea un ser inmóvil y rígido en todos los aspectos. Al contrario, de esa definición se sigue que el es el conocer puro y que por ello posee la vida en grado supremo. El Dios que concebimos mediante las categorías de la metafísica clásica tampoco es, pues, un Dios muerto, sino un Dios esencialmente vivo.

Walter Kasper (citando a Tomas de Aquino) en EL DIOS DE JESUCRISTO

 

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