La Fe ¿Don o opio?

Acabo de leer un interesante articulo que me gustaria responder:

…Recuerdo haber leído hace un tiempo un largo artículo escrito por monseñor Medina, ex obispo de Valparaíso, actualmente radicado en roma, donde indicaba que a la base de la mayoría de los males modernos de nuestra sociedad estaba el hecho de que la gente había perdido la fe. Había dejado de creer. Según su reflexión la fe era la única puerta de salida al nihilismo existente y la generalizada falta de esperanza. Él hablaba de una vuelta a los valores tradicionales y un volver a posesionar a la fe en el centro de nuestras vidas.

Al leer su artículo recuerdo haber pensado ¿Por qué? ¿Que nos ha aportado la fe, como fenómeno psicológico, a los seres humanos? ¿Cuál es el gran valor de ella? ¿Por qué necesita ser defendida? ¿Por que se perdió?

Mi entendimiento es que la fe se ha ido perdiendo porque los seres humanos, desde el renacimiento hasta nuestros días, nos hemos ido consistentemente deshaciendo de formas de comprender el mundo que nos rodea que no calzan con nuestra experiencia directa. La ciencia se ha encargado de ir develando los misterios de la vida y de esta manera creando el contexto para que podamos pensar y descubrir nuestro alrededor por nosotros mismos.

La Fe se ha ido perdiendo desde la ilustración hasta nuestros dias, por que conscientemente nos estamos deshaciendo de formas de comprender el mundo que nos rodea que no calzan con el entorno ideológico dominante, no con nuestra experiencia directa. ¿Que es la experiencia del hombre? ¿lo que capta solamente por sus sentidos? ¿Lo que interioriza? ¿lo que sueña, anhela y teme no forman parte de la misma?

La ciencia se ha encargado de ir develando el funcionamiento de varios fenómenos materiales (físico-químico-biológicos) ¿esos son los misterios de la vida?. A la gente le entusiasma saber como funciona el ojo humano, o cuales son los fenómenos que causan el mecanismo de erupción de un volcán, pero su espíritu humano no descansa hasta que encuentre un “por que”. La ciencia podra encontrar algunos “como” (no todos, por que hasta en esto tiene limites propios) pero jamas los “por ques”. Y aquellos que aceptan que no existe o no debe de existir un por que son los nihilistas que se acoplan no a la experiencia humana, si no a los moldes actuales de la ideología dominante, o al conformismo, o al cansancio… la de buscar lo factible, lo posible; el pasado ya no importa, ni de donde venimos, si no a donde vamos…. pero el espíritu humano se rebela a esta idea de múltiples maneras, ya sea suicidándose (no existe tasa tan alta de estos incidentes como en los últimos años) o mirando y retomando ese lenguaje que desde la ilustración se QUIZO desechar.. el lenguaje religioso.. Y es que hay un auge tremendo de pseudo religiones, new age, esoterismo, wicca, y también un resurgimiento de las grandes religiones, así como el crecimiento del numero de Cristianos en el mundo.

No es casualidad… las personas ya se cansaron de que el espejismo cientifista, la ideología marxista de lo factible, y la filosofía capitalista no resuelvan, ni expliquen nada.. y deje sediento a morir el interior -y el exterior- del hombre.

Y creo que este es el punto central: La fe es simplemente un pobre substituto de la experiencia. Yo necesito la fe porque en realidad no sé. La fe me permite “hacer como si” supiera. La fe es una cubierta sobre mi ignorancia. Nadie se pregunta ¿Tienes fe en las rosas? No hay ninguna necesidad. Si puedes ver, la rosa está ahí o no. Sólo las ficciones necesitan fe, no los hechos. La fe es confortable, conveniente, me adormece. No necesito averiguar las cosas por mi mismo, sólo necesito tener fe. La fe existe únicamente porque no me he tomado la molestia de descubrir el mundo en el cual habito y he decidido adoptar “en un acto de fe” las ideas y creencias de otros.

La Fe no es substituto, ya que lo que toca la Fe no lo puede tocar nada mas, ni la “experiencia” (aun que tienes un concepto limitado de lo que es la experiencia). Es interesante el desconocimiento de lo que significa la Fe. La Fe es confiar… y esperar… tan sencillo como eso. ¿Quien puede esperar algo de una “rosa”?. Pero todos tenemos Fe. Cuando una persona se casa con otra y promete y se compromete a serle fiel en toda circunstancia y momento, esta haciendo un acto de Fe… Yo no puedo garantizar que la persona que amo y con quien deseo pasar el resto de mi vida, me va a ser siempre fiel. Simplemente no existen herramientas por las cuales yo pueda predecir el futuro. Y las probabilidades jamás son hechos, son solo eso.. probabilidades,,, probabilidades de que una buena mujer que me ama y me lo demuestra no me sea infiel.. pero muchas mujeres -hombres en su caso respectivo- han demostrado (hechos) que no existe una seguridad en nada.

Traer un hijo al mundo es un acto de Fe… nadie en su sano juicio traeria a un ser que ama a un mundo donde puede este ser sufrir cosas indecibles, pero la gente aun lo hace, por que tiene Fe…

La vida, y nuestras decisiones mas personales e intimas son un acto al final de Fe. Un ateo hace un acto de Fe cuando dice que no hay Dios… o cuando niega un milagro aun cuando existan datos, aun cuando lo haya visto. De la misma manera un creyente.

La Fe es difícil, heroica y me despierta. La Fe me pide confiar, cuando lo mas sencillo es esperar solo en mi mismo o techado de seguridades. La Fe es heroica por que exige… y me despierta por que me muestra otras realidades que llenan el alma, que responde preguntas, que clama por entregar la vida por ellas, pero no es fácil…

La Fe existe por que el hombre existe, por que me he tomado la molestia de internarme no solo en el mundo, si no en mi mismo y dentro de los hombres y en base a eso he decidido confiar en “algo”.. algo que apela a mi humanidad y mi ser persona.

Las religiones organizadas han sido las instituciones que más han insistido y lucrado con el fenómeno de la fe. De hecho todo su negocio depende de ella. Si la gente no tiene fe en cosas que no ven, no sienten y no pueden experimentar, no hay ninguna manera de sostener el negocio. Como decía osho: “Sólo los ciegos creen en la luz. Los que tienen ojos no creen en ella, simplemente la ven”.

La religión Católica por ejemplo, nació como un puñado de apóstoles que testimoniaron algo, su testimonio fue tan rápidamente asimilado entre el espíritu de los hombres, que se requirió un esfuerzo conjunto y ordenado para la evangelización.. a esa estructura humana que une esfuerzos para un fin común se le llama Organización. Parece ser que -al igual que con la palabra Fe- hay un prejuicio subyacente que impide ir a las raíces del significado y su nacimiento como tal, su esencia. La organización humana es común y es necesaria para un esfuerzo tan monumental como el de llevar el testimonio que creen merece ser anunciado (independientemente de que creas tu en ese testimonio o no). Y toda organización humana requiere recursos, humanos y materiales. Parece que hoy en dia se le tiene miedo a la palabra “dinero”. El dinero es eso, dinero, papel verde que se intercambia por algo mas. Los Creyentes y los sucesores de los apóstoles son humanos y se mueven en un mundo humano, de la misma manera sus organizaciones, por lo que requieren lo mismo que tu, techo, cobijo, comida, recursos para hacer su labor… también se lavan las manos, van a al baño, se bañan, juegan ajedrez, necesitan vacaciones y ven la TV. ¿Tienes alguna corrida contable de la Iglesia Católica que muestre un gasto excesivo en alguna área completamente diferente a la de su primordial realización? De ser asi, serias la primer persona que tiene pruebas entre los millones de enemigos que tiene la Iglesia, para argumentar su supuesto “amor por lo material”

La confianza (fe) no se ve, su sentir traiciona, y no se puede experimentar hasta que sea llevada a cabo la realización de esa esperanza. Simplemente es coherente con su propio significado. Yo no puedo decir que confio en mi esposa si requiero tenerla vigilada las 24hr del dia (ver) mis sentimientos no me revelaran la verdad, y no puedo experimentar algo en lo que confió y espero, hasta que no llega el momento, es un absurdo.

La religión nos dijo que la fe mueve montañas. Sin embargo las montañas nunca se movieron, y nunca se moverán…las montañas no se mueven, punto. Y si lo hacen toman millones de años.

Esa es TU experiencia, yo conozco el testimonio de otras personas (y propio) que decimos que la Fe mueve no montañas, si no cosas aun mas importantes… ¿por que habría de valer mas el tuyo que el de otras personas?

Estamos profundamente condicionados a tener una valoración positiva de la fe y, de hecho, suponemos que ella cumple una función importante en la psicología humana. Pero, ¿Que función? Fe significa creer en algo que no pertenece a mi experiencia, de otra manera no sería un acto de fe, sería mi propia experiencia directa y por lo tanto no necesito creer en ello.

Lo que dices necesita pruebas. ¿Sera que estamos condicionados a querer dar una valoración positiva a la Fe, o sera que el hombre aprecia lo que la Fe le otorga? ¿No seras tu el condicionado?. Tener Fe significa confiar en algo. ¿que es la experiencia? ¿Lo que captas a través de tus órganos sensitivos? La Fe ES parte de la experiencia, la experiencia de SER Humano. Tal vez si fueras una maquina, no lo seria. Pero como ya mencione, todos tienen Fe, por que todo ser humano se rige por algo mas que en código binario y su experiencia es algo mas que una captación de diferentes estímulos externos, es todo un complejo de la experiencia de pensar, sentir, razonar, dejarse afectar, interiorizar, que en su faceta mas humana no solo incluye a la Fe, si no que la necesita para ser plenamente hombre.

Todo hecho humano incluye un grado de incertidumbre tal, que solo con la fe podemos decidir… de hecho uno de los espejismos mas grandes de un ateo -preciosamente irónico- es que creen que sus decisiones son basadas en datos y hechos objetivos, cuando siempre -sean conscientes o inconscientes- muchas de sus convicciones tienen un alto grado de confianza no-probada en algun supuesto. Eso es Fe, fe en tus supuestos.

La fe ha sido el truco psicológico a través del cual se nos ha esclavizado a seguir personas e instituciones que teóricamente sabían por nosotros lo que era verdad y adecuado para los seres humanos.

Es interesante el desconocimiento histórico, parece ser que se juzga desde la pre-concepción de algo y luego desde esa luz se matiza todo, hasta la esencia misma de las cosas. La Fe es algo anterior a los lideres religiosos, por que como ya menciono es algo inherente en el ser humano, no solo eso si no que la fe existía aun en esos pueblos sin una clase sacerdotal “privilegiada”.

La Fe cristiana nace de un TESTIMONIO, de algo que alguien considera esencial contar y relatar, por que ha transformado su existencia. Es risible, altamente risible que una persona que intenta hablar de a Fe con sapiencia, siga los infantiles prejuicios de que la religión Cristiana nace de alguna desbordada lujuria por bienes materiales y poder… tomando en cuenta que sus representantes acabaron pobres y martirizados.. o bien eran los seres mas estúpidos de la creación, o su testimonio era valido. Eso es la Fe… confiar… tu confías en que tu “inteligencia” y sus presupuestos llevan en si el germen de lo que consideras valido, yo confió en el testimonio no solo de aquellos lejanos apóstoles, si no de todo santo, mártir y persona que conozco, y testimonia con su vida seguir a Aquel llamado el “Cristo”.

Otro error de juicio muy grande, es que consideras que un acto de Fe es algo que me empuja a no pensar por mi mismo y aceptar lo que otros consideran valido.

Eso en parte es un insulto a la inteligencia de millones de personas (creo que ya se por donde va tus “actos de fe”). PRECISAMENTE, creo en un testimonio POR MI EXPERIENCIA, de ser humano. Precisamente el contrastar el testimonio de millones de Cristianos de todos los tiempos, de millones de personas, con mi propia experiencia, con mi propio ser yo, mi propio ser humano, con mis propias preguntas, con mis propias incidencias, con mi propia VIDA.. es lo que me hace CREER. Es lo que me hace CONFIAR en ese testimonio (eso es la Fe). Quien cree que la Fe es un lugar cómodo donde dejar de pensar, que lo “piense” dos veces por que esta ante un presupuesto contrario a la realidad.

La fe en Hitler llevó a los alemanes a cometer los más atroces crímenes contra la humanidad. La fe en cristo llevó a los cruzados a masacrar a los habitantes del medio oriente en la edad media. Actualmente la fe en Alá tiene a medio planeta en guerra. Y como si eso fuera poco, la fe en otra vida mejor tiene a la mitad de la población mundial soportando una vida miserable, económica y espiritualmente.

 

Es curiosa el arma psicológica que utilizas aquí -inconscientemente tal vez- de poner en un mismo párrafo y equipara la Fe en Cristo a la ¿fe? en Hitler. Pasando por alto tus elucubraciones mentales y saltándome el psicoanálisis de tus convicciones solo te respondo. Los que siguieron a Hitler, efectivamente este los llevo a cometer crímenes contra la humanidad.. por eso hay que saber en que pone uno su confianza…

La Fe en Cristo no llevo a los cruzados a enfrentarse en guerra con nadie, la Fe en Cristo de algunos cruzados los llevo a defender a los peregrinos cristianos que estaban en peligro al cruzarse con los Musulmanes en su peregrinación a Jerusalén. Otros cruzados so pretexto de la fe en Cristo arrasaron con villas enteras y saquearon ciudades, pero ¿puede un asesino seguir a Cristo? No sin haberse arrepentido.. por lo que otra de las grandes miopias del ateismo y de los criticos al Cristianismo es querer medirlo en base a la actuación de los hombres que claramente iban contra las bases de la religión que ellos mismos “decian” seguir.. pero ¿La seguian realmente, realmente creian? Sus actos contestan por si mismos.

Monseñor Medina decía que el hombre ha perdido la fe. Como diciendo que ha perdido sus ganas de vivir. Y creo que este es otro punto importante de abordar. La fe no solo como una creencia, sino como una esperanza de un futuro mejor para mí y los otros seres vivos. La fe que mañana será mejor que hoy día. Pocas personas estarían en desacuerdo con el aporte que este tipo de fe puede tener en el ser humano. Sin embargo, pienso que incluso en este caso la fe es un truco psicológico que no nos permite desarrollarnos plenamente.

Por dos siglos la iglesia católica le ha dicho a los pobres de nuestro planeta que “tengan fe que suyo será el reino de los cielos. Que si no es en esta vida, en la próxima, el futuro será mejor. Tengan fe que las cosas se arreglarán. Mantengan viva esa flama.”

La fe en algo futuro que me arreglará las circunstancias actuales ha mantenido a las personas corriendo detrás de una zanahoria colgando frente a su cara, cual caballo, no permitiéndoles crear aquí y ahora lo que necesitan para su bienestar.

Aqui caes en una generalización banal. El esperar un mejor futuro ¿quien no lo espera? No significa despreocuparse por el hoy y ahora. Supongo que no leíste la primera enciclica del papa Benedico XVI, o si quiera algún documento del papa JP II. Tal vez te interesara saber que una de las convicciones de la Iglesia es que lo eterno NO QUITA RESPONSABILIDAD a lo terrenal y pasajero. Quien so pretexto de atender las necesidades espirituales desatiende sus obligaciones terrenas peca. Tal vez te confundiste, pero la antropología Cristiana no separa el cuerpo del alma, si no que atiende las dos realidades, por que en si son una sola. Una cosa es que se le de prioridad a lo importante (valga la aclaración lógica) y otra que se desatienda por completo una para atender a la otra, ese dualismo es hereje, y esta fuera de la visión de la Iglesia. Si no lo sabias ahora lo sabes. ¿Quien es el prójimo? El mas cercano, el que necesita amor, cariño. ayuda, apoyo, moral, económico, anímico, aqui y ahora.

Ahora una pregunta para pensar solamente ¿Que pasa con el hombre que necesita para su bienestar algo mas que lo que los espejismos capitalistas o socialistas o otros -listas le han prometido? ¿Que pasa si un hombre repleto y satisfecho de las necesidades que la ideología dominante le proporciono necesita, quiere, clama algo mas y tiene hambre de algo que ese bienestar no le pudo otorgar? ¿estará loco? ¿Solo por que no se conforma con las realidades que tu o las de otros mas dicen que son suficientes, no es valida su búsqueda y sus hambres intelectuales y espirituales?

No creo que necesitemos tener fe en un mañana mejor. Creo que necesitamos perder la esperanza totalmente en que algo va a hacer la pega por nosotros. Pienso que es necesario llegar a ese punto donde la desesperanza es absoluta, pues sólo ahí se encuentra la posibilidad de levantarnos de nuestro aletargamiento y dedicarnos a crear, ahora, lo que necesitemos para ser felices.

Interesante, efectivamente NO CREES, o mejor dicho CREES, CONFÍAS en que no se requiere la Fe para ser felices, ¿tienes alguna prueba fehaciente, general y valida para todos para sostener tu “creencia” (fe)? O sea que solo confías en lo que tus presupuestos indican, tienes mucha fe en ti mismo, Hitler también la tenia en si mismo.

De hecho me parece bastante curioso algo… acabo de leer la DEFINICIÓN ultima de la ideología DOMINANTE e imperante de estos ultimos decenios.

La posibilidad de desesperanzarse de la búsqueda del SER, de desesperanzarse de las preguntas primordiales (¿quienes somos?, ¿de donde venimos? ¿a donde vamos?), de dejar el sentido a un lado para construirlo nosotros mismos (el sentido y la verdad existe y nos antecede o no existe, no puedes construir EL sentido y LA verdad, es un absurdo) . La posibilidad de crearnos lo que necesitamos para hacerse uno mismo feliz.

Lo puedes leer en cualquier libro que hable de las ideologías a traves de la historia. Al final de este mensaje coloco lo concerniente a esto.

Solo recordarte que esa visión tan tuya, pero tan de todo el espejismo marxista, socialista y capitalista ha probado ser fallido, por que lleva ya varias decenas de años en la mente de la humanidad y ha provocado una decepción generalizada en la humanidad (llegaste muy tarde con tu ideología)

Y es probable que este mañana mejor aparezca desde nuestro presente, donde estén puestos nuestros esfuerzos y potencialidades. En este contexto, la fe ha sido una maldición y ha sido explotada por tanto las cúpulas religiosas como políticas. “Ten fe buen hombre, mañana si que si” nos han dicho hasta el cansancio.

Ten Fe buen hombre, pero no dejes de trabajar… lucha pero espera, trabaja pero no dejes de rezar…. Tu malintencionada malformación en cuanto a temas de la Fe y teológicos es claramente perceptible.

Como ya te mencione (y existen numerosos documentos de la Iglesia que hablan al respecto) La iglesia jamás a abandonado el ahora, jamás el creyente esta exento de mejorar el mundo. Por esas mismas realidades terrenas la iglesia funda universidades, hospitales, casas de asistencia, programas para aliviar la pobreza, evangelización (no solo de pan vive el hombre) culturización, no existe organismo mas activo que la Iglesia en el ámbito humano y no existe mayor cumulo de personas que los creyentes tratando de mejorar este aquí y ahora. El problema es que nuestra visión de lo importante para la humanidad no sea tal vez compatible con la tuya, pero el mundo no gira alrededor tuyo.

Me parece que la necesidad de tener fe no es innata al ser humano. La fe es un invento cultural alentado por las propias carencias de todo tipo, tanto económicas como afectivas o espirituales, y la negativa personal a enfrentarlas y cambiar. Es la proyección de mis expectativas y el firme deseo de que el universo las cumpla. Desafortunadamente la existencia no me debe nada, así que no tiene ninguna obligación de satisfacerlas.

Tu percepción es errónea, un simple análisis, histórico, psicológico y una aguzada observación al ser humano desmienten tu creencia.

“No perdáis la fe” se nos ha dicho. Como si el hacerlo fuera sinónimo de caer en una visón pesimista de las cosas. Mi comprensión es que es la fe misma la que no nos permite hacer los cambios ahora para sentirnos satisfechos por nuestra vida. La fe nos deja esperando por algo mejor.

¿Y acaso existe un solo hombre que haya encontrado TODO en esta vida, en este mundo y en esta existencia? ¿Acaso que el hombre y su ser entero no gime por algo mas?

La Fe no nos deja esperando.. la Fe es aquello con lo que llamamos esa experiencia humana de deseos infinitos y limitaciones finitias, ese anhelado encuentro perpetuo con los que amamos, y esta existencia que arrebata sin perdón lo que mas anhelamos… la fe no nos deja esperando, la Fe al contrario nos pide trabajar con todo lo que somos MIENTRAS nos encontramos con esa realización de los esperado.. la fe empuja, mueve y transforma…

Para terminar me gustaría referirme a un fenómeno que ha sido equiparado con la fe, pero que en mi entendimiento no es un sinónimo: la confianza. Y me gustaría hacer una distinción semántica entre ambas. La fe es distinta de la confianza. La fe es ciega, es creer en algo para lo cual no tengo pruebas, ni experiencia personal que lo apoye. La fe es el cliché donde se puede esconder mi pacatería ideológica y me necesidad de consuelo cuando no me siento en control.

La confianza es una actitud interna de relajación y apertura existencial. Confianza no significa que yo espero que el universo funcione como quiero, por el contrario, es la convicción de que cómo sea que funcione, lo ocuparé como una oportunidad para mi desarrollo y actualización.

Es bonita la diferenciación mental que planteas hacer, pero veamos lo que es.

La Fe no es ciega, por que se basa en un testimonio humano y en mi propia experiencia (ya lo había mencionado). La Fe no espera que el mundo funcione como quiero, si no que escucha y contrasta, deja expectativas inútiles y toma aquellas que apelan a su experiencia y a su ser. Nadie se casa esperando que si el matrimonio no funciona sera una oportunidad para ser mejor persona. O esa persona no ama realmente o no se cree esta linda y curiosa forma de llamar “confianza” a lo que no es. Si yo confio en una promesa que involucra toda mi persona, confió que así sera y descarto otra posiblidad. Otra cosa es que posteriormente se traicione esa fe, pero mi confianza primera no se basaba en calculos de ganancia-perdida.

Aqui el problema es que la Fe son de personas que de igual manera podrían “engañarme” pero en base a la ya mencionada experiencia, MI experiencia de ser humano y de los que me rodean decido confiar, de la misma manera que tu u otro decide confiar en otros presupuestos….

Además la Fe del Cristiano supone una fe en DIOS, en suma verdad y fidelidad, por lo que la posibilidad de engaño esta excluida de ipsofacto (para el que cree)

Suponemos que sólo hay dos alternativas al enfrentarnos a un fenómeno: la fe o la duda. Pero lo cierto es que existe una tercera alternativa. La confianza. Esta es una apertura a la experiencia, un dejarse ir en lo que es. La confianza es la respuesta a la duda defensiva y automática y a la fe compulsiva. Esta confianza se construye a través de la experiencia. Si confío en algo es por que yo mismo he descubierto el funcionamiento de ese algo y a través de esta experiencia conozco sus límites y potencialidades.

Aquí es al revés.. esa confianza calculada es cobarde. Ya que de antemano cree haber previsto en base a los “limites y potencialidades” los efectos de su “confianza” que como vemos no puede ser llamada tal, si no solo desconfianza o calculo. La apertura a la experiencia lleva a muchas personas a abrazar la fe ¿por que? ¿experimentaron mal por que no sacaron las mismas conclusiones ateas de su propia experiencia, tan valida como cualquier otra? “Dejarse ir en lo que es” es toda una frase!!! solo que me gustaria que respondiera el autor del articulo ¿Que es?

La confianza es confiar, es poner en apuesta la existencia por algo. Eso es Fe, precisamente tengo FE por que en base a mi experiencia y del testimonio de la experiencia de aquellos que nombran las mismas realidades que yo, decido confiar. Eso es la confianza… por muchos rebusques que el autor quiera encontrar para no llamar FE a algo con lo que el mismo funciona.. y tan lo intuye que intenta quitarse de los pliegues de su existencia esa palabra que no puede quitar, asi que mas vale diferenciarla de su significado y ponerle otro.

Eso que tu llamas “confianza” no es mas que confianza a medias o algo de desconfianza, o confianza calculada.. que no es mas que un poquito de Fe, una fe calculada (si, existe la fe calculada)… o bien un “deseo” de que todo salga bien, pero si no una resignación de aprendizaje, que no es diferente, nada diferente a la Fe de que todo sale bien para quien ama a Dios. Para ti todo sale bien para quien confia en la circunstancia, tu crees y tienes fe en algo y en ti, y en la circunstancia, y en el estado y en otras miles de cuestiones, yo pongo mi fe en mi vida, mi testimonio, en el testimonio de otros cristianos, en Jesucristo…

El problema aquí es que para un ateo, confiar en un testimonio que nos habla de realidades que no puede comprobar aquí y ahora… es precisamente imposible, por que como no puede calcular y entender el funcionamiento (disecar-observar-comprobar) de aquel o Aquel en quien tiene fe… prefiere llamar a la fe ciega, o no llamar a eso confianza.. y mejor llama confiar a aquello que si puede anticipar… ¿como vas a confiar en algo que anticipas, calculas en base a presuntas limitaciones o probabilidades? No confías, y aun así dejas entrevisto un acto de fe…. el acto de fe que te dice que probablemente saldrá como lo preves, y si no es así, sacaras provecho y te desarrollaras… eso es un acto de fe, por que no tienes pruebas para nada de eso, ni si quiera para saber si un camino te llevara a una experiencia enriquecedora, o sera una experiencia que te destruiría y desmoronara.


Dentro de este contexto, mi fe me muestra que no confío en la vida. De hecho la fe oculta mi básica desconfianza existencial y por lo tanto mi falta de experiencia vital.

Curiosamente considero que las personas de Fe, son las que confían en la vida, en los demás y en la existencia, ya que confían y creen en un sentido… y por eso creen en la vida. Una persona atea, calculadora y que trata por todos los medios lingüísticos separar la palabra fe de la palabra confianza, demuestra una inseguridad en la vida… que se desencadena en una obsecion por controlar, y crear su propia felicidad… hace uso de la paranoica idea de que todo esta en tus propias manos… esa desconfianza a la vida es lo que hace que las personas vayan paso a paso deprimiéndose y desencadenando su propia existencia en un vació.

CJBS

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Les prometi un poco de introduccion a las etapas ideologicas de la historia:

Los límites de la comprensión moderna de la realidad y el lugar de la fe.

Al considerar en visión sintética los caminos del espíritu humano, tal como nos los presentan nuestros conocimientos históricos actuales, observaremos que en los diversos períodos de desarrollo del espíritu humano hay tres formas diversas de ponerse en relación con la realidad: la mágica, la metafísica y por último la científica (nótese que cuando se dice .científico. se piensa en ciencias naturales). Cada una de estas orientaciones fundamentales tiene a su modo algo que ver con la fe, pero cada una, también a su modo, se opone a ella. Ninguna se defiende con ella, y ninguna le es sencillamente neutral; todas pueden prestarle servicio, pero todas pueden también ocultarla. La limitación de los .fenómenos. a lo que se ve y puede captarse es una nota característica de nuestra actitud fundamental y científica, que condiciona necesariamente todo nuestro sentimiento existencial y nos asigna un lugar en lo real. Ya nos hemos cansado de estudiar las cosas en sí, de sondear en la esencia del ser; hacer eso nos parece tarea inútil, creemos que nunca llegaremos a la profundidad del ser. Nos hemos colocado en la perspectiva de lo visible, de lo que podemos abarcar y medir. Los métodos de las ciencias naturales se apoyan en la limitación a lo aparente. Esto nos basta. Podemos trabajar con ello y crearnos así un mundo en que podamos vivir como hombres. Con esto ha entrado en la vida y en las ideas de la época moderna un nuevo concepto de verdad y de realidad que, las más veces inconscientemente, es el requisito indispensable de nuestro pensamiento, pero que solo puede ser válido si se le somete al juicio crítico de la conciencia. La función del pensar no científico natural será, pues, clara: considerar lo desconsiderado, presentar a la conciencia la problemática humana de tal orientación.


a).- Primer estadio: nacimiento del historicismo.

A mi juicio, para ver cómo se ha llegado a la actitud mencionada, antes hemos de considerar otros dos estadios de la transformación espiritual. El primero, preparado por Descartes, fue modelado por Kant y ya antes de él, con principios diversos, por el filósofo italiano Giambattista Vico (1688-1744), que fue el primero en formular una idea completamente nueva de la verdad y del conocimiento y condicionó, anticipándola atrevidamente, la fórmula típica del espíritu moderno sobre el problema de la verdad y de la realidad. Los escolásticos decían: Verum est ens .el ser es la verdad., a esto se opone Vico con otra fórmula: Verum quia factum; esto quiere decir que lo único que podemos reconocer como verdadero es lo que nosotros mismos hemos hecho. A mi juicio esta fórmula marca el fin de la vieja metafísica y el comienzo del auténtico espíritu moderno. Se actualiza aquí, con precisión inimitable, la revolución que el pensamiento moderno supuso para todo lo anterior. Para antiguos y medievales el ser mismo es verdadero, es decir, se puede conocer porque Dios, el entendimiento por esencia, lo ha hecho; pero lo ha hecho porque lo ha pensado. Pensar y hacer son una misma cosa para el Creator Spiritus, para el espíritu creador. Su pensar es crear. Las cosas existen porque han sido pensadas. Para antiguos y medievales el ser es serpensado, pensamiento del espíritu absoluto. Con otras palabras: todo ser es idea, todo ser es pensamiento, logos, verdad9. Consiguientemente es pos pensar del ser mismo, pos pensar de la idea que es el ser mismo. El hombre puede pensar porque su propio logos, su propia razón, es logos del logos, pensamiento del pensador, del espíritu creador que impregna el ser.

Para los antiguos y medievales la obra humana es, por el contrario, algo contingente y efímero. El ser es idea, por tanto es pensable, objeto del pensamiento y de la ciencia que busca el conocimiento. La obra del hombre es mezcla de logos y de no logos, mezcla que con el tiempo se hunde en el pasado. No tiene plena comprensibilidad porque le falta actualidad, requisito de la contemplación, y logos, inteligibilidad ininterrumpida. Por eso la ciencia antigua y medieval creía que el saber de las cosas humanas era solamente techne, poder de artesano, no verdadero conocer ni por tanto verdadera ciencia. Por eso en las universidades medievales florecían las artes, preludios de ciencia propiamente dicha que reflexiona sobre el ser. Esta tesis se encuentra ya en Descartes, al comienzo de la época moderna, por ejemplo cuando niega a la historia el carácter de ciencia: el historiador, después de sus muchos esfuerzos por conocer la historia de Roma, sabe menos que una cocinera romana; saber latín significaba hablarlo tan bien como las criadas de Cicerón. Unos cien años después Visco cambió radicalmente el concepto de verdad de la edad media, dando expresión al cambio fundamental del espíritu moderno. Ahora comienza la actitud que da origen a la época .científica. en la que nos encontramos10.

Vamos a reflexionar un poco más sobre esto, ya que es importante para nuestro problema. Descartes creyó que la verdadera certeza era la certeza formal, la de la razón, purificada de las inseguridades de lo positivo. Se anuncia el cambio a la época moderna cuando la certeza matemática se convierte en modelo de certeza de la razón, cuando la matemática pasa a ser la forma primaria del pensar racional11. Aquí quien quiera seguridad puede agarrarse todavía a los hechos, pero Vivo propone la tesis contraria. Siguiendo formalmente a Aristóteles dice que el saber real es conocer las causas de las cosas. Conozco una cosa si conozco su causa; si conozco el fundamento, conozco lo que en él se funda. Sin embargo, de estas ideas saca una conclusión nueva: si el conocer real implica el conocimiento de las causas, sólo podemos conocer verdaderamente lo que nosotros hemos hecho, ya que sólo nosotros nos conocemos a nosotros mismos. La identidad entre la verdad y el ser queda suplantada por la identidad entre la verdad y la facticidad; puede conocerse el .hecho., lo que nosotros hemos hecho. La tarea y posibilidad del espíritu humano no es la de reflexionar sobre el ser, sino sobre el hecho, sobre el mundo exclusivo de los hombres que es lo que nosotros podemos comprender verdaderamente. El hombre no ha creado el cosmos, por eso no puede comprenderlo en su profundidad más íntima. El conocer pleno y demostrable sólo es posible para él dentro de las ficciones matemáticas y en lo concerniente a la historia que es el campo de la actividad humana y por lo tanto de lo comprensible. En medio del océano de la duda que amenaza a la humanidad después de la caída de la vieja metafísica, al comienzo de la época moderna, se re descubre tierra firme en la que el hombre puede intentar construirse una existencia nueva. Comienza el dominio del hecho, es decir, la radical conversión del hombre hacia su propia obra como a lo único que puede conocer.

A esto va unida la transmutación de todos los valores, transmutación que conviene a la historia subsiguiente en tiempo .nuevo. opuesto al antiguo. La historia, que antes se despreció y se consideró a científica se convierte, junto con la matemática, en la única ciencia verdadera. Estudiar el ser, de lo que se sentía honrado antes el espíritu libre, se considera ahora una tarea ociosa e inútil que no puede dar por resultado un conocer propiamente dicho. En las universidades dominan la matemática y la historia, la historia que incluye en sí todo el mundo de las ciencias y las transforma radicalmente. Con Hegel y, aunqe de modo diverso, también con Comte, la filosofía pasa a ser un problema de la historia en la que el ser mismo ha de estudiarse como proceso histórico. En F. Chr. Baur la teología se hace historia, en su investigación utiliza métodos propiamente históricos, estudia lo que pasó en el pretérito y cree así poder examinar a fondo todo el problema. La economía nacional se considera históricamente y la tendencia histórica afecta también a las ciencias naturales en general: según Darwin el sistema de lo vivo es una historia de la vida. A la idea de que las cosas siguen tan y como fueron creadas la sustituye Darwin con una idea de origen: unas cosas proceden de otras, descienden de ellas12.

El mundo ya no es sólido edificio del ser, sino un proceso cuya evolución continua es el movimiento del ser mismo. Esto quiere decir que el mundo, hecho por los hombres, sólo es inteligible para ellos. El hombre ya no es capaz de contemplarse a sí mismo; está en la cima de lo hecho, no es sino un producto secundario de antiquísimas evoluciones. Se crea así una situación muy particular. Cuando surge un antropocentrismo radical, el hombre puede considerarse como algo que se ha originado casualmente, como puro .hecho.. El cielo, del que parecía proceder, se le viene abajo; la tierra de los hechos sigue a su alcance, pero tiene que excavarla para descifrar la fatigosa historia de su hacerse.


b).- Segundo estadio: el paso al pensar técnico.

Verum quia factum: este programa, que hace de la historia el lugar de la verdad de los hombres, no es suficiente en sí mismo. Sólo se hizo plenamente efectivo cuando se unió a otro motivo formulado por Karl Marx, unos 100 años más tarde, en su clásica expresión: .en el pasado los filósofos interpretaron el mundo, ahora tienen que ir a cambiarlo.. Esta máxima, traducida al lenguaje de la tradición filosófica, significa que el lugar del verum quia factum . es cognoscible y portador de verdad sólo lo que el hombre ha hecho y puede considerar. entra un nuevo programa: verum quia faciendum: la verdad en la que se estará en adelante es la factibilidad. Con otras palabras, no es la verdad del ser, ni a fin de cuenta la verdad de sus acciones, sino la de la transformación del mundo, la de la configuración del mismo; una verdad, pues, que mira al futuro y a la acción.

Verum quia faciendum. A partir de la mitad del siglo XIX comenzó a diluirse progresivamente, por obra del faciendum, de lo factible, el predominio del factum. La techne suplanta a la historia, la reina hasta entonces, ya que a medida que el hombre transita por el camino que le lleva a la concentración en el factum, la obra de sus manos se le escapa. La demostrabilidad que busca el historiador, y que en los comienzos del siglo XIX apareció como la gran victoria de la historia sobre la especulación, siempre tiene en sí algo problemático: el momento de la reconstrucción, de la explicación y de la ambigüedad; al comienzo del siglo XX la historia sufre una crisis, y el historicismo, con su orgullosa exigencia del saber, se hace problemático. Cada vez se da más cuenta de que no existe ni el puro hecho ni su inconmovible seguridad, de que el factum debe ser explicado, de que es ambiguo. Cada día es más notorio que no se posee aún la certeza que la investigación de los hechos prometió a quienes rechazaban la especulación.

Por eso cada día se fortaleció más la convicción de que el hombre, a fin de cuentas, sólo puede conocer lo repetible, lo que, al hacer experimentos, aparece ante nuestros ojos. Todo lo que nos trasmiten los testigos secundarios es puro pasado, no puede conocerse plenamente a pesar de todas las pruebas imaginables. El transmisor real de auténtica seguridad es sólo el método científico natural nacido, a guisa de experimento repetible, de la unión de la matemática y del interés por la factibilidad. Del matrimonio del pensar matemático con el pensar factible nace la posición espiritual del hombre moderno, condicionada por las ciencias naturales, que significa al mismo tiempo, en cuanto es factibilidad, inclinación a la realidad13. El factum ha dado lugar al faciendum, lo hecho ha originado lo factible, lo repetible, lo comprobable, y ahí está. Se llega así al primado de lo factible sobre el hecho, porque ¿qué es lo que puede hacer el hombre con lo sucedido?; no puede encontrar ahí su sentido, no puede convertirse en guardián del museo de su propio pasado, si quiere dominar su actualidad.

Como antes la historia, ahora la techne deja de ser un primer estadio inferior del desarrollo espiritual de la humanidad, aun cuando siempre contenga cierta barbarie en una conciencia orientada decididamente hacia las ciencias del espíritu. La orientación cambia radicalmente la situación: la techne no queda confinada en los sótanos de las ciencias, o mejor dicho, el sótano es también aquí lo propiamente decisivo, ante quien la parte superior del edificio puede parecer solamente una residencia de pensionistas aristocráticos. La techne se convierte en la auténtica posibilidad y en el auténtico deber del hombre. Lo que antes estaba subordinado, ahora prevalece.

Con esto la perspectiva cambia una vez más: en la antigüedad y en la edad media el hombre estaba orientado a lo eterno; después de un corto período en el que reinó el historicismo, a lo pasado, ahora la factibilidad, lo faciendum, le orienta al futuro que él mismo pueda crear. Antes, los resultados de la doctrina de los orígenes le llevaron a afirmar, resignadamente que partiendo de su pasado no era sino tierra, puro azar de la evolución; pero todo esto ya no le molesta porque ahora, proceda de donde proceda, puede enfrentarse decididamente a su futuro para convertirse a sí mismo en lo que quiera; ya no le parece imposible hacerse igual a Dios, el faciendum, el factible del final, no el logos, la inteligencia del principio. Por lo demás, todo esto sale hoy día a la luz de la problemática antropológica. Mucho más importante que la doctrina de los orígenes, que prácticamente queda ya en nuestras espaldas como algo evidente, es la cibernética, los planes que se hacen sobre el nuevo hombre que se va a crear, de tal manera que el hecho de que el hombre pueda ser manejado por sus propios planes presenta un problema mucho más serio que el del pasado humano, aunque ambos son inseparables y se determinan mutuamente: la reducción del hombre al factum es el requisito de su comprensión como faciendum que le conducirá expontáneamente hacia un nuevo futuro.


c).- El problema del lugar de la fe.

Con este segundo paso del espíritu moderno, con el paso a la factibilidad, se va a pique el primer intento de la teología de dar respuesta a las nuevas circunstancias. La teología había querido dar buena acogida a la problemática del historicismo, de su reducción de la verdad al factum, construyendo la misma fe como historia. A primera vista con este cambio podía darse por contenta. El contenido de la fe cristiana es esencialmente histórico; las expresiones bíblicas no son metafísicas, sino históricas. Por eso la teología podía gozarse de que la hora de la metafísica quedase suplantada por la de la historia; así llegaría su hora. Y quizá tuviese también que registrar la nueva evolución como resultado se sus propios principios.

El subsiguiente destronamiento de la historia por la techne sofocó rápidamente tales esperanzas. Otra idea nos importuna ahora: uno se siente tentado de avecindar la fe no en el campo del factum, sino en el del faciendum, y de interpretarla, en medio de una .teología política., como medio de transformación del mundo14. A mi modo de ver, en la situación actual sólo se haría lo que, por su parte, ya emprendió el pensar histórico-salvífico en la época del historicismo. Observamos que el mundo está obsesionado por la perspectiva de lo factible; a esto se responde colocando la fe en ese plano. A estos dos intentos no quiero calificarlos de solución sin sentido. No sería justo. Lo que tanto uno como otro sacan a la luz es más bien lo que en otras épocas pasó más o menos inadvertido.

La fe cristiana tiene algo que ver con el factum; de una manera muy peculiar vive en el plano de la historia, y no es por pura casualidad el que tanto el historicismo como la historia hayan nacido en el campo de la fe cristiana. La fe participa también en la trasformación del mundo, en su configuración, en la oposición a la indolencia de las instituciones humanas y de lo que de ahí saca partido. Difícilmente puede considerarse como casualidad el que la comprensión del mundo como factibilidad naciese dentro de las tradiciones judeo-cristianas y el que Marx la pensase y formulase inspirado en ellas, aunque en oposición a las mismas. Por eso no hemos de negar que en ambos casos sale a la luz algo de la fe cristiana que antes permanecía oculto. La fe cristiana está decisivamente comprometida en los esfuerzos de la época moderna. La hora histórica actual nos brinda la oportunidad de poder comprender, partiendo de ella, la estructura de la fe entre el factum y el facendum. Es tarea de la teología tomar en serio esta exigencia y posibilidad, y hallar los períodos oscuros y aciagos del pasado para rellenarlos.

Pero no hagamos juicios demasiado rápidos. Quien crea que los intentos antes mencionados se excluyen mutuamente, quien coloque la fe o en el plano del factum o en el del facendum, no descubrirá el significado de la frase .yo creo. .credo., pronunciada por un ser humano. Ya que, quien así se expresa, por de pronto no idea un programa de activa transformación del mundo ni se asocia a una cadena de acontecimientos históricos. A modo de ensayo, y para poner de relieve lo más característico, diría yo que el acontecimiento de la fe no pertenece a la relación saber-hacer, nota que designa la coyuntura espiritual del pensar factible; el acontecimiento de la fe se expresa mejor con la relación permanecer-comprender. A mi juicio, se ponen así de manifiesto dos conceptos relacionados entre sí, pero que se distinguen, y dos posibilidades del ser humano.

La fe como permanecer y comprender.

Una vez que he contrapuesto los conceptos permanecer-comprender a saber-hacer, voy a referirme a un texto bíblico intraductible sobre la fe. Lutero intentó expresar su profundo sentido con la frase .si no creéis (si no os apoyáis en Yavé), no tendréis apoyo. (Is 7,9). Una única raíz, .mn (amen) tiene multiplicidad de significados que se entremezclan y diferencian, formando la magnífica grandeza de esta frase. La raíz citada expresa la idea de verdad, solidez, firmeza, fundamento; y también la de confiar, fiarse, abandonarse a algo, creer. La fe es un sujetarse a Dios, en quien tiene el hombre un firme apoyo para toda su vida. La fe se describe, pues, como un agarrarse firmemente, como un permanecer en pie confiadamente sobre el suelo de la palabra de Dios.

La traducción griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, ha expresado muy bien el sentido de la frase mencionada desde el punto de vista tanto lingüístico como conceptual, al traducirla así: .si no creéis, no comprendéis.. Se ha dicho muchas veces que en esta traducción obra ya el proceso de la helenización, que aquí comenzamos a apartarnos de lo bíblico original. La fe se intelectualiza. En vez de expresar la firme permanencia en el firme fundamento de la palabra fidedigna de Dios, indica comprensión y entendimiento, y queda así colocada en un plano completamente distinto. En eso hay parte de verdad. Sin embargo, yo creo que con palabras diversas se ha conservado en líneas generales lo decisivo. El permanecer, que en hebreo especifica el contenido de la fe, tiene mucho que ver con el comprender. Sobre ello hablaremos un poco más adelante. Mientras tanto sigamos el hilo de lo que hemos venido diciendo: la fe indica un plano completamente distinto del hacer y de la factibilidad; es esencialmente confiarse a lo que no se ha hecho a si mismo, a lo no factible, a lo que lleva y posibilita nuestro hacer. Esto significa además que la fe no aparece ni aparecerá en el plano del saber de la factibilidad, en el plano del verum quia factum seu faciendum; todo intento de .ponerla sobre el tapete. , de querer probarla en el sentido del saber factible, fracasará necesariamente. No se la puede hallar en la estructura de esa forma de saber, y quien así la ponga sobre el tapete la concibe falsamente. El penetrante .quizá. con el que la fe cuestiona al hombre de todo tiempo y lugar, no alude a la inseguridad dentro del saber factible, sino que es poner en tela de juicio lo absoluto de ese círculo, es su relativización como único plano del ser humano y del ser en general, que sólo puede ser algo penúltimo. Es decir, nuestras reflexiones nos han llevado a afirmar claramente que existen dos formas de actitud ante la realidad; ninguna de ellas se refiere a la otra, porque ambas tienen lugar en un plano completamente distinto.

Recordemos la contraposición que establece Martin Heidegger al hablar de la dualidad entre el pensamiento aritmético y el conceptual. Ambas formas de pensar son legítimas y necesarias, pero precisamente por ello ninguna de ellas puede disolverse en la otra. Deben existir las dos: el pensar aritmético subordinado a la factibilidad, y el pensar conceptual, que quiere comprender. No creemos que se equivoca el filósofo de Friburgo cuando da expresión al temor de que, en el tiempo en que el pensar aritmético celebra su triunfo extraordinario, el hombre se sienta amenazado por la falta de ideas, por la evasión del pensar. Cierto que esto es tentación de todos los tiempos; por ejemplo, en el siglo XIII san Buenaventura, gran teólogo franciscano, echaba en cara a sus colegas de la facultad de París que habían aprendido a medir el mundo, pero se habían olvidado de medirse a sí mismos. Con otras palabras podemos afirmar que la fe, en el sentido del credo, no es una imperfecta forma de saber, una opinión que el hombre puede o debe remover con el saber factible. Es esencialmente una forma de actitud intelectual que existe como propia y autónoma junto al saber factible, pero que no se refiere ni se deduce de él. La fe no está subordinada a lo factible ni a lo hecho, aunque con ambos tenga algo que ver, sino al campo de las grandes decisiones a cuya responsabilidad no puede sustraerse el hombre; en rigor tales decisiones solo pueden hacerse en una forma, a esta forma la llamamos fe. Me parece esencial ver cómo cada hombre tiene que referirse de alguna forma al campo de las decisiones fundamentales; y esto sólo puede hacerse en forma de fe. Hay un campo en el que no cabe otra respuesta que la de la fe, de la que no puede sustraerse nadie. Todo ser humano tiene que .creer. de algún modo.

El marxismo, sin embargo, ha hecho el esfuerzo antes mencionado de subordinar la forma de actitud de fe a la del saber factible, ya que aquí el faciendum, el futuro que se crea a sí mismo, presenta a la vez la finalidad del hombre, de tal forma que la orientación que se realiza en la fe o que ella acepta parece trasponerse al plano de lo factible. Llegamos así, sin duda alguna, a la última consecuencia del pensar moderno; a primera vista parece afortunada la idea de incluir la inteligencia del hombre en lo factible, más aún, de identificarla con él. Pero al considerarla más de cerca, observamos que tampoco el marxismo ha tenido éxito en la cuadratura del círculo. Porque no puede hacer lo factible comprensible como inteligencia, sino sólo prometerlo y hacer así que la fe decida. Lo que hace tan atractiva y accesible la fe marxista es la impresión de armonía con el saber factible que él pone de manifiesto.

Después de esta corta disgresión, volvamos una vez más a nuestro problema que en síntesis podemos enunciar así: ¿qué es propiamente la fe? Nuestra respuesta es esta: es la forma de permanecer del hombre en toda la realidad, forma que no se reduce al saber ni que el saber puede medir; es la orientación sin la que el hombre estaría sin patria, la orientación que precede al calcular y actuar humanos, y sin la que no podría ni calcular ni actuar, porque eso sólo puede hacerlo en el sentido de la inteligencia que lo lleva. De hecho, el hombre no vive solo del pan de la factibilidad; como hombre, y en lo más propio de su ser humano, vive de la palabra, del amor, de la inteligencia. La inteligencia es el pan del que se alimenta el hombre en lo más propio de su ser. Sin la palabra, sin la inteligencia, sin el amor, llega pronto a la situación del .ya no puedo más. aunque viva en medio de un confort extraordinario. ¿Quién duda de que esta situación del .ya no puedo más. puede surgir también en medio de la comodidad exterior? Pero la inteligencia no procede del saber; querer establecerla así, a base del saber demostrable de la factibilidad, sería el absurdo intento de Münchhaus de querer salir del pantano tirándose de los pelos. A mi juicio, lo absurdo de este cuento pone de manifiesto la situación del hombre de hoy. Del pantano de la inseguridad, del no-poder-más, no se sale espontáneamente, ni nos sacamos nosotros mismos con una cadena de conclusiones lógicas, como haría Descartes con su cogito ergo sum. La inteligencia que se ha hecho a sí misma no es en último término inteligencia. La inteligencia, es decir, el suelo en el que nuestra existencia puede permanecer y vivir, no puede ser construido, hay que recibirlo.

Hemos partido de un análisis general de la actitud de fe; ahora llegamos a la forma cristiana de fe. Creer cristianamente significa confiarse a la inteligencia que me lleva a mí y al mundo, considerarla como el fundamento firme sobre el que puedo permanecer sin miedo alguno. En lenguaje más tradicional podemos afirmar que creer cristianamente significa comprender nuestra existencia como respuesta a la palabra, al logos que lleva y sostiene todo. Significa decir sí a la inteligencia que nosotros no podemos hacer, pero sí recibir; a la inteligencia que se nos da para que sólo tengamos que aceptarla y fiarnos de ella. Según eso, la fe cristiana es una opción en pro de que lo recibido precede al hacer. Esto no quiere decir que el hacer se desprecie o se considere superfluo. Sólo por que hemos recibido, podemos .hacer.. La fe cristiana significa también, como hemos dicho, una opción en pro de que lo invisible es más real que lo visible. Es afirmación de la supremacía de lo invisible como propiamente real, lo cual nos lleva y autoriza a colocarnos ante lo invisible con tranquilidad impertérrita y en la responsabilidad que dimana del verdadero fundamento de todo, de lo invisible.

Por eso no puede negarse que la fe cristiana se oponga a la actitud a la que parece inclinarnos la orientación actual del mundo. Como positivismo y fenomenologismo nos invita a limitarnos a lo .visible., a lo .aparente. en el más amplio sentido de la palabra; nos invita a hacer extensiva la actitud metódica fundamental a la que las ciencias naturales deben sus resultados, al todo de nuestra relación con la realidad. Y como techne nos exige contar con lo factible y hacer de eso el suelo que nos soporte. El primado de lo invisible sobre lo visible, el de lo recibido sobre el hacer, corre en sentido totalmente opuesto a esta orientación. Aquí radica la dificultad del salto por el que nos confiamos a lo invisible. Y con todo, la libertad de hacer y la de aceptar lo visible por la investigación metódica se hacen posibles en primer lugar por la fe cristiana, porque la fe cristiana los califica de provisionales, y por la jerarquía que así se inicia.


La razón de la fe

Quien reflexione sobre esto se dará cuenta de que la primera y la última palabra del credo . .creo. y .amén.. se entrelazan mutuamente, encierran todas las demás expresiones y constituyen el contexto de todo lo que se halla entre ellas. La resonancia de las palabras .creo. y .amén. muestra el sentido de todo el movimiento espiritual del que tratamos. Ya dijimos antes que la palabra .amen. pertenece a la misma raíz que la palabra .fe.. .Amén. dice, a su modo, lo que significa creer: permanecer firme y confiadamente en el fundamento que nos sostiene, no porque yo lo he hecho o lo he examinado, sino precisamente porque no lo he hecho ni lo he examinado. Expresa la entrega de sí mismo a lo que nosotros no podemos ni tenemos que hacer, la entrega de sí mismo al fundamento del mundo como inteligencia que me abre en primer lugar la libertad de hacer.

Esto no quiere decir que lo que aquí sucede sea un entregarse a lo irracional. Es, por el contrario, un acercarse al .logos., a la ratio, a la inteligencia, y así a la verdad misma, ya que el fundamento sobre el que se sostiene el hombre no puede ni debe ser a fin de cuentas sino la verdad. Llegamos así un punto en el que por lo menos sospechamos una última antítesis entre el saber de lo factible y la fe. El saber de lo factible, ya lo hemos visto, tiene que ser, porque él así lo ha querido, positivístico; tiene que limitarse al dato, a lo mesurable. La consecuencia es clara: no busca la verdad. Consigue sus propósitos mediante la renuncia al problema de la verdad misma y mediante la limitación a lo .determinado., a la .exactitud. del sistema cuyos planes hipotéticos deben conservarse en el experimento. El saber factible no investiga, digámoslo otra vez, cómo son las cosas en sí y para sí, sino la función que tienen para nosotros. El paso al saber factible se da cuando el ser ya no se considera en sí mismo, sino en función de nuestra obra. Esto supone que al desaparecer el problema de la verdad y al trasmutarse en el factum y faciendum se cambia totalmente el concepto de la verdad. En lugar de la verdad del ser en sí entra la utilidad de las cosas para nosotros, que se confirma en la exactitud de los resultados. Es incuestionable que sólo esta actitud se nos brinda como posibilidad de cálculo, mientras que la verdad del ser mismo escapa al saber como cálculo.

La palabra .amén. expresa la idea de confiar, fidelidad, firmeza, firme fundamento, permanecer, verdad. Pues bien, la actitud cristiana expresada con esa palabra significa que aquello en lo que el hombre permanece y que puede ser para él inteligencia, sólo puede ser la verdad misma. Sólo la verdad que es fundamento adecuado de la permanencia del hombre. Por eso el acto de fe cristiana incluye esencialmente la convicción de que el fundamento inteligente, el .logos. en el que nos mantenemos, en cuanto inteligencia es también verdad15. La inteligencia que no fuese verdad sería no inteligencia. La inseparabilidad de la inteligencia, del fundamento y de la verdad, expresada tanto en la palabra hebrea .amén. como en la griega .logos., supone toda una concepción del mundo. La inseparabilidad de la inteligencia, del fundamento y de la verdad, expresada con palabras para nosotros inimitables, muestra la red de coordenadas en las que la fe cristiana considera el mundo y se coloca ante él.

Esto supone también que la fe originalmente no es un montón de paradojas incomprensibles. Supone también que es un abuso alegar el misterio, como sucede no pocas veces, como pretexto para negar la compresión. Cuando la teología dice tales disparates y cuando quiere no sólo justificarse, sino canonizarse aludiendo al misterio, no se entiende lo que es la verdadera idea del .misterio.; el misterio no quiere destruir la comprensión, sino posibilitar la fe como comprensión. Con otras palabras decimos que la fe no es saber en el sentido del saber factible y de su forma de posibilidad de cálculo. Esto no puede hacerse, y la fe hará el ridículo si quiere establecerse en tales formas. Pero, por el contrario, también cabe decir que el saber factible y calculable se limita esencialmente a lo aparente y funcional y que no se abre el camino que busca la verdad, a la que ha renunciado por su propio método. La forma con la que el hombre entra en contacto con la verdad del ser no es la forma del saber, sino la del comprender: comprender la inteligencia a la que uno se ha entregado. Y podemos añadir que sólo en la permanencia se abre la comprensión, no fuera de ella. Una cosa no tiene lugar sin la otra, ya que comprender significa agarrar y entender la inteligencia que se ha recibido como fundamento, como inteligencia. Creo que este es el sentido de lo que llamamos comprender: entender la inteligencia sobre la que nos mantenemos, como inteligencia y como verdad; darnos cuenta de que el fundamento es inteligencia.

Si esto es así, la comprensión no supone una contradicción de la fe, sino que presenta su auténtico contenido. Ya que el saber lo funcional del mundo, cosa que nos brinda el pensamiento técnico-científico-natural, no aporta ninguna comprensión del mundo ni del ser. La comprensión nace de la fe. Por eso, una tarea primordial de la fe cristiana es la teología, discurso comprensible, lógico (rationale, racional-inteligible) de Dios. Aquí radica el derecho inamovible de lo griego en lo cristiano. Estoy plenamente convencido de no fue pura casualidad el que el mensaje cristiano, en su primera configuración, entrase en el mundo griego y que se mezclase así con el problema de la comprensión, de la verdad 16. La fe y la comprensión van tan juntas como la fe y la permanencia, porque permanecer y comprender son inseparables. La traducción griega del pasaje de Isaías sobre la fe y la permanencia incluye una dimensión imprescindible de lo bíblico, si no quiere caer en lo fanático y lo sectario.

Por otra parte, la comprensión supera cada día más nuestra concepción y llega al conocimiento de nuestro ser comprendidos.; nosotros no podemos comprenderla; tiene para nosotros sentido en cuanto nos comprende. En este sentido podemos hablar en rigor del misterio como fundamento que nos precede, que siempre nos supera, que nunca podemos alcanzar ni superar. Pero precisamente en el ser comprendidos por lo que no puede ser comprendido se realiza la responsabilidad de la comprensión, sin la que la fe sería cosa despreciable y quedaría destruida.


Creo en ti..

Todavía no hemos hablado del rango más fundamental de la fe cristiana: su carácter personal. La fe cristiana es mucho más que una opción en favor del fundamento espiritual del mundo. Su fórmula central reza así: .creo en tí., no .creo en algo.17. Es encuentro con el hombre Jesús; en tal encuentro siente la inteligencia como persona. En su vivir mediante el Padre, en la inmediación y fuerza de su unión suplicante y contemplativa con el Padre, es Jesús el testigo de Dios, por quien lo intangible se hace tangible, por quien lo lejano se hace cercano. Más aún, no es puro testigo al que creemos lo que ha visto en una existencia en la que se realiza el paso de la limitación a lo aparente a la profundidad de toda la verdad. No. Él mismo es la presencia de lo eterno en este mundo. En su vida, en la entrega sin reservas de su ser a los hombres, la inteligencia del mundo se hace actualidad, se nos brinda como amor que ama y que hace la vida digna de vivirse mediante el don incomprensible de un amor que no está amenazado por el ofuscamiento egoísta. La inteligencia del mundo es el tú, ese tú que no es problema abierto, sino fundamento de todo, fundamento que no necesita a su vez ningún otro fundamento.

La fe es, pues, encontrar un tú que me sostiene y que en la imposibilidad de realizar un movimiento humano da la promesa de un amor indestructible que no sólo solicita la eternidad, sino que la otorga. la fe cristiana vive de esto: de que no existe la pura inteligencia, sino la inteligencia que me conoce y me ama, de que puedo confiarme a ella con la seguridad de un niño que en el tú de su madre ve resueltos todos sus problemas. Por eso la fe, la confianza y el amor son, a fin de cuentas, un misma cosa, y todos los contenidos alrededor de los que gira la fe, no son sino concretizaciones del cambio radical, del .yo creo en tí., del descubrimiento de Dios en la faz de Jesús de Nazaret, hombre.

Como hemos visto anteriormente, esto no elimina la reflexión. Al que sus discípulos llamaban rabí de Nazaret, al más grande, a aquél de quien era mensajero, preguntó Juan Bautista en una hora oscura, angustiosa: ¿eres tú el profeta? ¿lo era realmente? El creyente vivirá siempre en esa oscuridad en la que le rodea, como prisión de la que no puede huir, la oposición del no creyente. La indiferencia del mundo que continúa como si nada hubiera sucedido, parece ser sólo una burla de sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos estas preguntas nos obliga la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor que quisiera conocer más y más a aquel a quien han dado su sí para amarle más y más. ¿Lo eres realmente? Todas las reflexiones de este libro están subordinadas a esta pregunta y giran en torno a la forma fundamental de la confesión: yo creo en tí, Jesús de Nazaret, como inteligencia (.Logos.) del mundo y de mi vida.

Introduccion al Cristianismo

J. Ratzinger

 

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Una respuesta

  1. En primer lugar pienso que se utilizan los términos “creencia” y “fe” de una forma totalmente inconveniente. Que el ateo no crea en dios no significa que no crea en nada. Los ateos tenemos creencias, nos basamos en hechos presentes para predecir el futuro y en hechos pasados también. De hecho hay una ciencia para ello llamada Probabilidad. El método científico utiliza hipótesis -creencias, no “fe”- para poder elaborar una teoría. El término fe tiene una innegable connotación religiosa que para el ateo no tiene cabida. Y las connotaciones existen en el lenguaje y no creo que deban ser obviadas.

    Que en el artículo de ese señor haya errores seguro que se ha visto como una oportunidad única para sacarle provecho partidista a favor del catolicismo. Creo que la refutación solo está repitiendo lo mismo una y otra vez y muchas partes realmente se hacen innecesarias.

    También es normal que los ateos duden de la Biblia por varias razones:

    1) Está demostrado que es el libro peor traducido de la historia. Así encontramos tergiversaciones como el hecho de que María fuera “virgen”. Literalmente lo que decía era “pura”, es decir, que aún no le había venido la menstruación. Eso no significa que María no mantuviera relaciones sexuales con José o que no las mantuviera después del nacimiento de Jesús. La estampa de “eterna virgen” que se nos presenta, es totalmente falsa. Sobretodo porque en aquella época ser una mujer virgen y casada no solo era mal visto, sino que era motivo de castigo público.

    2) Los testimonios en los que se basa la fe cristiana tienen una antigüedad considerable en cuanto al período en el que vivió Jesucristo. Esto lleva al escepticismo porque a mayor lejanía en el tiempo, mayores errores se cometen en la redacción. Si han pasado 100 años, ¿cómo darlo por válido solo porque son “testimonios”? Está demostrado que la memoria humana se deteriora con el paso del tiempo, eliminando, olvidando y agregando información que no se corresponde con la realidad. Por eso esos textos son dudosos.

    3) Y más dudosos todavía si han sido seleccionados por la Iglesia católica. ¿Bajo qué criterio? ¿Por qué esos sí y otros no? No creo que la selección hecha por la Iglesia muestre ninguna base científica, la verdad. Por otro lado, ¿qué lleva a la Iglesia católica a decir qué textos dicen la verdad y cuáles no? ¿Qué personas que eligieron esos textos habían convivido realmente con Jesús? Nadie. Por lo tanto, ¿no es para desconfiar? Sobretodo porque gracias a ellos se montó un organismo mundial movido por dinero público que no solo encubre casos de abusos sexuales a menores, sino que además condena actitudes del ser humano totalmente inherentes a su naturaleza como la de tener relaciones sexuales consentidas con otra persona adulta.

    4) La Biblia dice atrocidades. En el antiguo testamento vemos como lícito el adulterio, el asesinato, la guerra… Y en el nuevo testamento vemos como en ciertas epístolas se habla de la mujer como si fuera un objeto, un mero accesorio puesto por dios para el varón. ¿Qué hacemos con esas partes? ¿Las admitimos también como buenas o las obviamos? ¿Hay que entender la Biblia a trozos, entonces? ¿Y por qué no se reedita con los pasajes que realmente no son dañinos? Pero claro, ¿quién decide eso? Antes, era bien visto que la mujer fuera un objeto. Gracias a la llegada del feminismo, ya no es así. Se dio por bueno en su momento, pero ahora es ridículo seguir a rajatabla unos textos que dicen barbaridades. Pero lo más mosqueante es… si esas partes efectivamente deben ser entendidas en su contexto y no ir más allá… ¿por qué las mujeres no pueden ser papisas, si está demostrado que somos intelectualmente iguales a los hombres, además de tener otras capacidades que ellos no tienen? ¿Solo porque Jesús escogió 12 apóstoles que eran hombres? ¿No defendió también a las mujeres, no estaba cerca de una tal María Magdalena?¿Tal vez, debido a que estaba mal visto, no eligió a ninguna mujer apóstol? ¿No son papisas porque Eva demostró que era “mala”? ¿Pero no está ya muy claro que lo del Génesis es solo una metáfora?

    5) Si la Biblia dice atrocidades y encima debe ser entendida como le convenga a la Iglesia en su momento, pues no. Que le den a la Biblia, sinceramente. Y sobretodo, a la Iglesia.

    Yo, como atea, creo en el amor, en la vida y en la muerte. No entiendo que la muerte sea un motivo de desesperanza, entenderla así me parece algo muy infantil. Precisamente entendemos y valoramos la vida porque sabemos lo que significa la muerte. Y es este sentido vitalista que tenemos los ateos lo que nos lleva a aprovechar la vida, sin esperar que haya otra vida mejor más allá. Este sentido vitalista de la existencia jamás podrá tenerlo ninguna religión que proclama una vida mejor más allá de la terrenal.

    No se trata de resignación, sino de aceptación. Y eso es lo que nos da fuerza para vivir.

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