Carta de Dios

El párroco de mi pueblo era un buenazo de hombre. Además tenía un soberano encanto para los niños: nunca se enfadaba como los otros adultos porque quisiéramos tomarle el pelo, aunque muchas veces devolvía la palota sabia y serenamente.

Un día un chaval malicioso le dijo: Mosén, mi padre dice que cuando no puede dormir, ¡lee la Biblia!.

Yo ya era lo suficientemente crecidito para decir por mis adentros que jamás había visto leer a su padre nada, ni siquiera el periódico. El cura había ya superado estos venenos de adolescencia y le respondió: Pues yo para mirar las montañas, he de ponerme las gafas. Y para ver y apostar por la gente, para permanecer despierto, necesito leer la Biblia.

Como impetuoso adolescente quise averiguar por mí mismo quién de los dos tenía razón; confiando que sabía razonablemente bien la Historia sagrada, abrí el Antiguo Testamento por dónde me salió, y aquello parecía hebreo a medio traducir; no entedí nada, pero arremetí con dos páginas enteras, hasta que me cansé y abrí otro lugar, exactamente con el mismo resultado.

Fui al párroco todo decidido y le confesé que a mí me pasaría como al padre de mi amigo, porque no entendía nada. El se puso a reir y me preguntó: ¿sabes lo que es una carta de amor?. Quedé visiblemente cortado. Era lo último que se me habría ocurrido imaginar que me pudiera preguntar el párroco.

El, sonriente y un poco pícaro añadió:
-¿que te escribes ya con alguien?.
-¡no, no! protesté yo.
Y, acurrucado como perrita atrapada en delito, añadí:
-es que hace unos días con mi hermano nos reímos de la hermana mayor, porque lloraba al leer la carta de su novio…

Eso, eso, cuando al leer un ratito la Biblia, necesites llorar, empiezas a entender lo que te dice Dios.

[Si lees una carta de Amor de otra persona, puedes encontrar insulso, aburrido o sin sentido lo que para los enamorados es puro encanto y gracia porque son diversas maneras de decirse ¡te quiero!…]

Todas las diversas historias de la Biblia, no hacen más que describirnos de otras tantas maneras el único fuego que arde en el Corazón de Dios: ¡Te quiero!

Y el Nuevo Testamento añade: ¡Te quiero hasta la muerte!

Qué Dios tan aventurero que tenemos.
Jordi

eltestigofiel. abril,2006

http://www.eltestigofiel.org/blogs/index.php?blog=27&title=elen_01&more=1&c=1&tb=1&pb=1

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