El Hogar

Las tentaciones quieren desviarnos de nuestro fin eterno. Por eso debemos sacrificar todo con tal de alcanzar la vida eterna: tu ojo, tu mano… La vida eterna no es el premio ganado de la lotería, que nos cae en suerte, sino que debemos estar a la escucha de Dios para encontrar el camino…

El pensamiento de la vida eterna nos detendrá de caer en pecado, en la degradación, en la bajeza.

¿Qué es lo que comunica fuerza para cumplir el deber, ser fiel, ser bueno y honesto, puro y veraz? El saber que hay una vida eterna. ¿Y que es la vida eterna si no el regreso a nuestro verdadero hogar? ¿Que es la melancolia si no el recuerdo difuso del abrazo del Padre, del cobijo de las estrellas, de lo calido del Amor?

Nuestra casa, nuestra familia, se convierte en nuestro verdadero hogar, cuando, sencillamente, vivimos nuestra propia vida; pero una vida entendida como escuela, como historia, como memoria personal e intransferible que se desarrolla a través de nuestras razones íntimas para vivir y ser conscientes de ello, que se entrega al amor a Nuestro Señor, sabiendo que todo lo que tenemos y somos es gracias a EL.

Nuestra casa y nuestra familia aqui, son el recuerdo y a la vez el futuro de lo que nos espera, de los que esperamos, … dice Pieter Van Der Meer De Walcheren:“Sin embargo, dice la pobre alma entre sollozos, yo he nacido en algún lugar y quisiera encontrar la Casa de mi Padre.”

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