Otra gran mentira

Sí. Gran Mentira: Libre arbitrio = libertad

Desde la filosofía:
El libre arbitrio, es decir, capacidad del hombre de elegir, es inherente a la voluntad como tendencia natural. El objeto de esta inclinación es el bien total, respecto del cual la voluntad no puede, por tanto, dejar de sentir su necesidad. Pero de ese objeto la voluntad no hace, aquí y ahora, experiencia inmediata. De aquí nace la posibilidad de la libertad. Ésta, por tanto, estriba en la desproporción que se da entre la amplitud trascendental del objeto de la voluntad y la finitud de los bienes particulares, que constituyen los objetos de la presente experiencia del hombre.

El horizonte, en efecto de las posibilidades primordiales del hombre es infinito; pero las posibilidades concretas que la presente situación histórica le ofrece son, de hecho, limitadas y parciales.

Por otra parte, colocada ante estos bienes parciales, la voluntad tiene que romper la indeterminación y determinarse por sí sola. La libertad es precisamente este poder de autodeterminación, que se funda en el dinamismo fundamental que la orienta hacia el sumo bien.
La libertad no es el libre arbitrio, sino que éste es condición para la libertad: Porque la libertad es precisamente la auto-determinación de la “voluntad o libre arbitrio” hacia el Bien. Por eso Dios en su total autodeterminismo, es infinitamente libre.

Desde la Escritura:

**Para San Pablo estamos llamados a la libertad en Cristo Jesús (Gál 5, 13); el santo es libre, mientras el pecador es un esclavo –por mucho libre arbitrio que tenga-; la conversión a Dios en Cristo es alcanzar la libertad, pues Cristo nos salva de la esclavitud del pecado (Gál 5, 1; 5, 13; 2 Cor 3, 17); pertenecer a él significa ser libres (1 Cor 3, 22-23).

De la misma manera, para san Juan la única esclavitud verdadera es la del pecado (Jn 8, 34); la libertad, por el contrario, deriva de la adhesión a Cristo y de la liberación del pecado por medio de él (Jn 8, 32.36); quien obra la verdad viene a la luz (Jn 3, 21).

De todo esto podemos comprender estas MENTIRAS:

1º. Hay que “respetar” a las personas
2º. Hay que “respetar” la libertad de la persona
3º. Cada uno es “libre” para hacer lo que quiera
4º. No atropellemos con el Evangelio y con Cristo a los demás. Son libres para elegir

Sí. Gran Mentira: Libre arbitrio = libertad

Libre albedrío es la capacidad de elección, por sí misma no es libertad, sino capacidad de ser libre, capacidad de amar. Lo que nos hace libres es la autodeterminación. El problema se encuentra en proclamar la indeterminación como libertad, o también contemplar la autodeterminación separada de la Verdad, de la ley natural o la ley eterna. No hemos de olvidar que somos seres dependientes, no autosuficientes ni independientes… es la Verdad y su aceptación la que nos hace libres.

¿Ejemplos?

*Cuando alguien ante las posibilidades de elección queda insensible e indiferente… y no se decide nunca por nada… entonces es esclavo de su indeterminación. Identifica libre albedrío con pseudo-libertad.

*Cuando alguien ante las posibilidades de elección opta por el mal o el pecado. Entonces es esclavo de su pecado. Nuestra libertad no es “de” sólamente, sino “para”… soy libre para amar, no soy libre para nada más. Nadie es libre “para” pecar, sino “para” amar. Y precisamente porque no estoy “determinado” me es posible AMAR.

*Cuando alguien pudiendo optar por el pecado, opta por la Santidad o la perfección guiado siempre por una Verdad objetiva o la ley divina. Entonces pasa de la indeterminación (libre albedrío) a la autodeterminación (libertad).

San Agustín enseña aquel famoso aforismo: “Ama y haz lo que quieras”, tan mal interpretado por muchos … pues la “libertad es caridad”, y Santo Tomás apostilla que “la perfecta caridad proviene de la libertad” la raíz de esta relación está en la insuprimible relación de la libertad al bien, que sólo en el amor alcanza su plena realización.

No es libertad indiferencia hacia todos los bienes, o todas las posibilidades (libre albedrío en sí mismo), sino que soy libre cuando alcanzo el bien, el amor, la perfección, si no es así me esclavizo.

Donde no hay amor de Dios, se produce un vacío de individual y responsable ejercicio de la propia libertad: allí -no obstante las apariencias- todo es coacción.

El indeciso, el irresoluto (libre albedrío absoluto), es como materia plástica a merced de las circunstancias; cualquiera lo moldea a su antojo y, antes que nada, las pasiones y las peores tendencias de la naturaleza herida por el pecado.

Como dice Santo Tomás de Aquino: “Es necesario recuperar el amor no sólo para la libertad, sino también para la ley”.

La libertad no se fundamenta en que la voluntad posea la facultad de permanecer indiferente ante los bienes que se le ofrecen (libre albedrío no es ni libertad ni fundamento de la libertad, sino “potencia, capacidad o voluntad”.

La voluntad se interesa por todos estos bienes que se le aparecen como tales, porque tiene el sentido natural del bien; pero permanece libre a causa de su secreto deseo de un Bien que sobrepasa todo lo que es parcial y limitado. Es libre, no porque pueda permanecer siempre insensible, sino porque, pudiendo ser movida por todos los bienes, puede pasar por encima de ellos gracias a la atracción de un Bien superior.

Sacerdote José March

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