La adoración.. de los 3 mendigos.

LA ADORACIÓN DE LOS TRES MENDIGOS.

Los reyes magos apenas salían del pesebre de Belén, donde habían ofrecido al niño Dios oro, incienso y mirra; se fueron por otro camino al regresar a su país, como lo había pedido el Angel. Entonces se presentaron tres personas… Extraños, solos sin cortejo, no había parecer en ellos, ni hermosura: enfermos, fatigados, cubiertos de tanto barro y polvo que nadie podía decir de qué raza y país eran.

El primero tenía harapos, parecía sediento y hambriento, la mirada cansada por las privaciones.

El segundo caminaba torcido, trayendo cadenas pesadas en sus pies y en sus brazos. Llevaba en su cuerpo heridas profundas y marcas de su cárcel.

El último tenía el un cabello largo y sucio, ojos desfallecidos, buscando alivio.

Los vecinos del pesebre habían visto varios visitantes, pero estos les asustaban. En verdad, cada uno se sentía pobre y miserable, pero estos extranjeros mucho más. ¡¡Nos dan miedo!!…¡¡Que no entren y se presenten al niño!! No!! Hay que impedir eso!!… Y se postraron delante de la puerta como para protegerla. Además. No llevaban consigo ningún regalo. Tal vez querían mendigar o quien sabe, robar!!! Todos habían oído hablar del oro, y se sabe que el oro atrae ladrones…¡¡Cuidado!!

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El pescador y hombre rico

Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

-¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.

-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el apacible pescador.

-¿Por qué no pescas más de lo que necesitas?- insistió el industrial.

-¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador.

-Ganarías más dinero –fue la respuesta –y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

-¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador.

-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el hombre emprendedor.

-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.

León Tolstoi

La Bella mujer

El otro día vinieron a entrevistarme unos estudiantes de periodismo para no sé qué revista juvenil, y me preguntaron: «Y tú -me trataban de “tú”; me gustó-, ¿no te cansas nunca de dar alientos a los demás?»

Les dije que sí, que me cansaba por lo menos tres veces cada día. Lo que ocurría es que también por lo menos cinco veces al día sentía la necesidad de no convertir en estéril mi vida y aún no había encontrado otra tarea mejor que esa.

Al fin me parece que en la vida no hay más que un problema: vives para ti mismo o vives para ser útil. Vivir para ser útil es caro, hermoso y fecundo.

Caro, desde luego. Todos somos egoístas. Al fin y al cabo, ¿qué queremos todos sino ser queridos? Por mucho que nos disfracemos, nuestra alma lo único que hace es mendigar amor. Sin él vivimos como despellejados. Y se vive mal sin piel.

Por eso el mundo no se divide en egoístas y generosos, sino en egoístas que se rebozan en su propio egoísmo y en otros egoístas que luchan denodadamente por salir de sí mismos, aun sabiendo que pagarán caro el precio de preferir amar a ser sólo amados.

Recuerdo haber escrito hace años un extraño poema en el que me imaginaba que, por un día, Cristo se dedicaba a hacer los milagros que a El le gustaban y no los puramente prácticos que la gente le pedía. Y que, en un camino de Palestina, una muchacha hermosísima se presentaba ante él planteándole la más dolorosa de las curaciones: ella era tan bella, que todos la querían, pero ella no quería a nadie.

Deseada por todos, arrastraba una belleza inútil e infecunda. Y le pedía a Cristo el mayor de los milagros: que la concediera el don de amar. Cristo, entonces, la miraba con emoción y compasión y le preguntaba: «¿Sabes que si amas tendrás que vivir cuesta arriba?»

La muchacha respondía: «Lo sé, Señor, pero lo prefiero a este goza muerto, a esta felicidad inútil.» Ahora Cristo le sonreía y le decía: «Ea, levántate y ama, muchacha. Entra en el mundo terrible de los que han preferido amar a ser amados.» Y la muchacha se alejaba con el alma multiplicada, dispuesta a nadar felizmente a contracorriente de la vida.

La fábula seguramente es disparatada, pero verdaderísima. Porque -los recientes enamorados lo saben- amar a la corta es dulcísimo; a la larga, cansado; más a la larga, maravilloso.

¿Cansado por qué? Cansado porque siempre nos sale entre las costillas el viejo egoísta que somos y nos grita tres veces cada día que nadie va a agradecernos nuestro amor -es mentira, pero el viejo egoísta nos lo dice-; porque saca además aquel viejo argumento del ¿y a ti quién te consuela? Un falso planteamiento: porque el problema no es si nuestro amor nos reporta consuelo, sino si el mundo ha mejorado algo gracias a nuestro amor.

Martìn Descalzo; Razones para el amor

Una pequeña historia

Cuentan que el viejo sufí Bayacid decía a sus discípulos: «Cuando yo era joven, era revolucionario, y mi oración consistía en decirle a Dios: “Dame fuerzas para cambiar el mundo.” Pero más tarde, a medida que me fui haciendo adulto, me di cuenta de que no había cambiado ni una sola alma. Entonces mi oración empezó a ser: ” Señor, dame la gracia de transformar a los que estén en contacto conmigo, aunque sólo sea a mi familia.” Y, ahora, que soy viejo, empiezo a entender lo estúpido que he sido. Y mi única oración es ésta: ” Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo.” Y pienso que si yo hubiera orado así desde el principio, no habría malgastado mi vida.»

El Dalai Lama y el Monje

El Dalai Lama pregunto una vez a un monje benedictino que vivía en una ermita: ¿en que medita usted en su soledad?, el monje le dijo: solo medito en el amor, en el amor y en el amor, en ninguna otra cosa. El Dalai Lama inmediatamente dijo, este hombre enteramente es un santo.

La Gracia

sigamos_la_cruz.jpg“Un día vino a verme un anciano ruso, Nicolas Rajewski. Procedía de una vieja familia aristócrata. Después de la revolución de 1917, tuvo que emigrar a Francia, en condiciones dramáticas, y se enroló en la Legión Extranjera, en la que llegó a ser oficial. La historia que contó tuvo lugar en la Legión. Ésta fue la historia: Tenía bajo mis órdenes un alemán muy “bruto” -según su propia expresión-, muy sucio y muy antipático. En uno de los combates fue herido gravemente y se avisó rápidamente al oficial, que era yo mismo. Fui a verle, aunque debo confesar que con cierta aprehensión, ya que las relaciones con él no habían sido cordiales. Ante mi sorpresa, el herido me hizo esta pregunta: ¿cree que Dios podrá darme algo de Él mismo? Yo, que no era experto en temas religiosos, me quedé atónito y le pregunté: ¿Qué significa eso para ti? ¿Qué quieres decir con eso? El alemán, gravemente herido, me dijo: Si muero ahora y aparezco ante Dios con mi corazón sucio y pecador, todos los santos me señalarán con el dedo, sentiré vergüenza y, ciertamente, no podré entrar en el cielo. Pero si Dios me da un poco de sí mismo, entonces los santos no podrán decir nada contra mí. El oficial, un poco aturdido, dijo: Seguro que Dios te dará un poco de sí mismo. Y el soldado murió”. Cardenal Christoph Schömborn en su libro Suivre Jésus au Jour le Jour

A mi modo de ver, es un relato precioso, un relato en el que se descubre el profundo deseo del alemán herido de muerte, en el que se descubre la profunda petición del soldado alemán: Señor, dame algo de ti mismo. Y Dios, que es amor, no puede darle otra cosa que amor, que misericordia y perdón. El soldado herido decía: Si Dios me da algo de sí mismo… Eso es lo que deseaba con todas sus fuerzas, eso es lo que suplicaba a Dios desde el fondo de su corazón. Pedía un poco del “sí mismo” de Dios, un poco de su misericordia, de su amor. Eso es, en definitiva, la gracia.

¿Podemos estar seguros de alcanzar la gracia de Dios? ¿Podemos estar seguros de poder vivir, en esta tierra, de la misericordia de Dios?

Cuando los jueces que juzgaban a santa Juana de Arco le preguntaron, con intención de cogerla en una herejía, si estaba segura de estar en gracia de Dios, ella, analfabeta de nacimiento, respondió con estas admirables palabras: Si no lo estoy, que Dios me ponga en ella; si ya lo estoy, que Él me guarde en su gracia. Esta joven de 21 años supo dar la respuesta correcta, indicándonos que podemos y debemos esperar todo de Dios, El Dios que nos dio a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará todo con Él?, nos asegura san Pablo (Rm 8,32). Todo es don suyo, todo viene de su bondadosa mano. Nuestra tarea es esperar con infinita confianza la gracia, la misericordia de Dios, Padre de todos.

Ojalá sepamos vivir confiando siempre en la misericordia de Dios, ya que Él la otorga a quienes se abandonan a su corazón de Padre. Estoy delante de Dios con las manos vacías y no te pido, Señor, que cuentes mis obras sino que me revistas de tu salvación. Así se expresaba en su oración, tan sencillamente, tan profundamente, Santa Teresita del Niño Jesús.

La santa Iglesia de nuestro tiempo, peregrina aquí, en La Rioja, ha vuelto a cantar, un año más, en la Vigilia del Sábado Santo: Feliz la culpa que mereció tal Redentor… Sí, el pecado es un misterio iluminado, una herida curada por la Pascua, por la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, nuestra esperanza y la definitiva alegría del mundo.

Con mi afecto y bendición,
+ Juan José Omella Omella

Unos chicos de ‘barriada’

Me acuerdo ahora de aquella historia contada por Urteaga. Nos habla de dos pilluelos -dos chiquillos de “barriada”- harapientos, uno de ellos de cinco años y el otro de diez. Los vemos hambrientos, pidiendo comida de puerta en puerta. Por fin, después de varias tentativas, consiguen algo de alimento. El mayor sale de una casa trayendo en las manos, con aire solemne, una vasija con leche. Continue reading

La Verdadera Historia de Santa Claus

San Nicolás de Bari nació en el año 310 después de Cristo, en un tiempo de persecución, donde la enseñanza de la doctrina de Jesús suponía estar en Contra del Imperio Romano. Por lo alejado de la época es difícil saber con exactitud su nacionalidad Países como Rusia, Turquía y en general medio Oriente se atribuyen este privilegio. Los padres de Nicolás que eran gente adinerada habían inculcado en su hijo el espíritu de generosidad entre otras virtudes, de modo que en una ocasión cambió a su caballo por un esclavo en una subasta para regalarle su libertad, lo que provocaba la burla entre los paganos y falta de respeto entre los Cristianos, todas las caridades las hacía en nombre de Jesús y con su ejemplo muchos se convertían a Cristo. Siendo aún muy Joven mueren sus padres y comienza a dar a manos llenas entre los mas necesitados; al llamarle la atención su administrador, San Nicolás, responde que si sólo ha dado la tercera parte de su herencia se preocuparía por dales más. Continue reading

La Oración

Máximo, un santo griego del siglo IV, oyó un día la invitación de Pablo a orar sin cesar. Generoso como era, trató de responder marchando al desierto para practicar esa invitación. Era hombre sencillo y no conocía más que el Padre Nuestro y alguna plegaria más. Y empezó a recitar esas oraciones que conocía de memoria. Al hacer esto, sintió que le invadía una gran alegría. Se sentía feliz estando solo y dedicándose por entero a Dios, no viviendo más que para Él. Pero, poco a poco, el día fue declinando y apareció la noche. Y empezó, en plena oscuridad, a oír unos ruidos que le dejaban muy inquieto y aturdido: crujidos de ramas, animales que peleaban entre sí y que rugían…Y empezó a sentirse terriblemente solo e indefenso. Y cayó en la cuenta de que, sin la ayuda de Dios, no podría pasar la noche solo y en paz. Dejó de lado las oraciones que conocía de memoria y empezó a gritar desde el fondo de su corazón: “Señor Jesús, hijo de Dios de Vivo, ten piedad de mí”. Y así pasó toda la noche, ya que los ruidos de los animales y de la naturaleza no le dejaban dormir. Al amanecer, a la salida del sol, se dijo: Ahora voy a rezar. Pero sintió que tenía hambre. Trató de comer unas cuantas bayas (frutos carnosos con muchas semillas envueltas en pulpa) pero, al ir a cogerlas, pensó que a lo mejor escondían algunos pinchos y podrían hacerle daño. De nuevo rezó con fuerza: “Señor Jesús, socórreme. Señor Jesús, protégeme, ayúdame”.

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Un Regalo…

El era un profesor comprometido y estricto,
conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

Al terminar la clase de fin de curso,
mientras el maestro organizaba unos documentos encima
de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos
y en forma desafiante le dijo:

-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase,
es que no tendré que escuchar más sus tonterías y
podré descansar de ver su cara aburrida.

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La Paz

Paz perfecta

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero sólamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul, con tenues nubes blancas. Quienes miraron esta pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso, del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico. Pero cuando el rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada una grieta en la roca. En esta grieta se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido… ¡¡Paz perfecta!! ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El rey escogió la segunda. ¿Sabes por que? Porque, explicaba el rey, Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

El Alpinista

EL ALPINISTA

Desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, decididó a llegar a la cima, le obscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada, todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires… caía a una velocidad vertigínosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo… y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: “Ayúdame Dios mío…” De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: “¿Qué quieres que haga?” “Sálvame Dios mio” “¿Realmente crees que te pueda salvar?” “Por supuesto Señor” “Entonces, suelta la cuerda que te sostiene…”

Hubo un momento de silencio y quietud.

El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó…

Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza con las manos a una cuerda… A dos metros del suelo… ¿Qué tan confiado estás de tu cuerda?
¿La soltarías?.

Navidad… (Natividad de Jesús)

EL SUEÑO DE LA VIRGEN MARÍA

José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de nuestro Hijo.

La familia se había estado preparando por semanas decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parece que toda la ciudad estaba en en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para nuestro Hijo.

Envolvieron los regalos en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los pusieron bajo un árbol. Si, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. También decoraron el árbol; las ramas estaban llenas de bolas de colores y ornamentos brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso.

Por fin, el día del cumpleaños de nuestro Hijo llegó. Todos reían y parecían estar muy felices con los regalos que daban y recibían. Pero fíjate José, no le dieron nada a nuestro Hijo. Yo creo que ni siquiera lo conocían. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro, José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta de cumpleaños.

Todo estaba precioso, José y todo el mundo estaba tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto de los regalos. Me daban ganas de llorar que esa familia no conocía a Jesús. ¡Qué tristeza tan grande para Jesús – no ser invitado a Su propia fiesta!

Estoy tan contenta de que todo era un sueño, José. ¡Qué terrible si ese sueño fuera realidad!

Fuente: ACI prensa (Portal Católico de noticias)

El Triple Filtro de Sócrates

EL TRIPLE FILTRO DE SÓCRATES

En Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo: ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo? Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
¿Triple filtro?
Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es la verdad.

¿Estás absolutamente seguo de que lo que vas a decirme es cierto?
No -dijo el hombre-, realmente solo esuché eso y…
Bien -dijo Sócrates-, entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro:

Es el filtro de la bondad.

¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
No, por el contrario…
Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro:

El de la utilidad.

¿Me serviría de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
No, la verdad que no.
Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para que querría saberlo?

Algunas historias de Florecillas…

Capítulo II
Cómo messer Bernardo,
primer compañero de San Francisco,
se convirtió a penitencia

El primer compañero de San Francisco fue el hermano Bernardo de Asís, cuya conversión fue de la siguiente manera: San Francisco vestía todavía de seglar, si bien había ya roto con el mundo, y se presentaba con un aspecto despreciable y macilento por la penitencia; tanto que muchos lo tenían por fatuo y lo escarnecían como loco; sus propios parientes y los extraños lo ahuyentaban tirándole piedras y barro; pero él soportaba pacientemente toda clase de injurias y burlas, como si fuera sordo y mudo. Messer Bernardo de Asís, que era de los más nobles, ricos y sabios de la ciudad, fue poniendo atención en aquel extremo desprecio del mundo y en la gran paciencia de San Francisco ante las injurias, y, viendo que, al cabo de dos años de soportar escarnios y desprecios de toda clase de personas, aparecía cada día más constante y paciente, comenzó a pensar y decirse a sí mismo:

– Imposible que este Francisco no tenga grande gracia de Dios.

Y así, una noche lo convidó a cenar y a dormir en su casa. Y San Francisco aceptó; cenó y durmió aquella noche en casa de él.

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Penúltimo Capítulo de Leyenda…

Capítulo XVII
Muerte sacratísima del bienaventurado Francisco
y cómo dos años antes había recibido
las llagas de nuestro Señor Jesucristo

68. A los veinte años de haberse unido totalmente a Cristo en el seguimiento de la vida y huellas de los apóstoles (10), el varón apostólico Francisco voló felicísimamente a Cristo, y, después de incontables trabajos, alcanzó el descanso eterno y fue presentado dignamente a la presencia del Señor el día 4 de octubre, domingo, del año de la encarnación 1226.

Uno de sus discípulos, célebre por su santidad, vio el alma del Santo que, como si fuera una estrella del tamaño de la luna, resplandeciente con claridades de sol y sostenida por una nubecita blanca entre aguas inmensas, ascendía derecha al cielo. Continue reading

Los 5 primeros capítulos de la Leyenda de los 3 C.

Capítulo I
Nacimiento de San Francisco.
Su vanidad, elegancia y prodigalidad
y cómo pasó a ser espléndido y caritativo con los pobres

2. Francisco nació en la ciudad de Asís, sita en los confines del valle de Espoleto. Como hubiese nacido en ausencia de su padre, su madre le puso el nombre de Juan (2); pero su padre, de regreso de Francia, le llamó luego Francisco. Siendo ya adulto y dotado de sutil ingenio, ejerció el oficio de su padre, o sea, el comercio, pero de forma muy diferente: fue mucho más alegre y generoso que él, dado a juegos y cantares, de ronda noche y día por las calles de Asís con un grupo de compañeros; era tan pródigo en gastar, que cuanto podía tener y ganar lo empleaba en comilonas y otras cosas.

Por eso, sus padres le reprendían muchas veces por los despilfarros que hacía con su persona y con sus compañeros, pues más que hijo suyo, parecía el de un gran príncipe. Mas como sus padres eran muy ricos y le tenían mucho cariño, no querían disgustarlo y le consentían tales demasías. Cuando las vecinas comentaban la prodigalidad de Francisco, su madre replicaba: «¿Qué pensáis de mi hijo? Aún será un hijo de Dios por su gracia».

Francisco, más que generoso, era en todo esto derrochador; se excedía también de formas diversas en lo tocante a vestidos, escogiendo telas mucho más caras de lo que convenían a su condición. Y en punto a elegancia era tan dado a la vanidad, que en ocasiones mandaba coser retazos de telas preciosas en vestidos de paño vilísimo. Continue reading

El Platero…

Y Cuenta la historia…:

Hace ya tiempo un grupo de señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia.

Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo que decía: “Él purificará… y los refinará como se hace con la plata” (Mal. 3,3).

Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás lo que él dijera sobre el tema; sin decir el objeto de su diligencia, pidió al platero que le dijera sobre el proceso de refinar la plata. Después que el platero describiera el proceso, ella le preguntó: “Señor, ¿usted se sienta mientras que está en el proceso de la refinación?”

- “Oh, sí señora”, contestó el platero; “debo sentarme con el ojo fijo constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se excede en el grado más leve, la plata será dañada”.

La señora inmediatamente vio la belleza y el consuelo de la expresión: “Él purificará… y los refinará como se hace con la plata”

Dios ve necesario poner a sus hijos en un horno, su ojo es constantemente atento en el trabajo de la purificación, su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejará ser probados más allá de lo que podemos sobrellevar.

La señora hizo una pregunta final: “¿Cuándo sabe que el proceso está completo?”

- “Pues es muy sencillo”, contestó el platero, “Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, ahí se acaba el proceso de refinación”.


El Sacerdote y el Surfista Ateo

Hace poco, en una playa de México, por la riviera Maya, un viejo sacerdote estaba sentado en la arena de la playa, mirando a través del rojizo cielo y el inmenso mar, mientras el sol se escondía. El Sacerdote disfrutaba la belleza de la creación de Dios mientras un joven con una tabla de surf iba pasando por ahí. Este se detuvo enfrente del sacerdote y le dijo.

“¿Hey viejo, es usted un sacerdote?”

“¿Acaso la Biblia entre mis manos me delato?” sonríe diciendo el viejo.

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